reseña de la novela El crimen del lago de Qiu Xiaolong

Reseña de la novela ‘El crimen del lago’, de Qiu Xiaolong

El inspector jefe Chen Cao, de la comisaría de Shanghai, está pasando unos días de vacaciones en el Centro Recreativo para Cuadros del Partido Comunista de China situado junto al lago Tai, en la localidad de Wuxi. Pese a no ser alto cargo, el camarada Zhao, ya jubilado del Comité de Disciplina del Partido, le ha cedido su casa vacacional por no poder ir. Pero lo que iban a ser unas vacaciones relajadas no lo son, ya que cuando llega, se entera del asesinato del Liu Deming, director general de la Empresa Química Número Uno de Wuxi, situada a orillas del mismo lago.

El crimen del lago (Tusquets Editores, 2013) es la séptima novela de Qiu Xiaolong protagonizada por el inspector jefe Chen Cao. En esta ocasión, mientras el subinspector Yu no tiene ningún caso importante en Shanghai (está a una hora de Wuxi gracias a un tren de alta velocidad), Chen, de manera extraoficial y en conexión secreta con el joven inspector Huang Kang de la comisaría de Wuxi, se involucrará en el caso. Pero lo hará no sólo porque no es capaz de dejar de ser policía -en esta novela no hay rastro de su paso por la universidad como en Seda roja-, sino por la atracción que siente por la joven Shanshan.

Nada más llegar a Wuxi, el inspector va a comer a un pequeño negocio y allí conoce a Shanshan, una activista medioambiental que denuncia la mala salubridad del agua del lago Tai debido a los vertidos tóxicos de la Empresa Química Número Uno de Wuxi -donde ella misma trabaja-, una realidad que, como le dice al inspector, sucede en todo el país. Al saberlo, en coincidencia con la muerte de Liu Demiang y por unas llamadas amenazantes que recibe la chica, Chen Cao comenzará a investigar. Pero para ganarse la confianza de ella, con la que tendrá alguna cita, no le dirá que es inspector: se hará pasar simplemente por un escritor que está de vacaciones, aunque con contactos en el Partido Comunista, razón de su alojamiento.

De esta manera, la novela El crimen del lago de Qiu Xiaolong entra en una dinámica completamente nueva, con un argumento muy diferente al del resto de novelas -como Muerte de una heroína roja, con la que inicia la serie policial del inspector Chen Cao-: los problemas medioambientales y de contaminación que provoca el socialismo chino, la adaptación al mercado capitalista del régimen comunista auspiciado por el primer ministro Deng Xiaoping y que prosigue tras su muerte en 1989. Si bien los nuevos ricos apodados «bolsillos llenos», los problemas de investigar policialmente cuando la investigación va en contra de los intereses del Partido, las diferencias entre ricos y pobres y las continuas menciones poéticas siguen como siempre.

Sin embargo, Qiu Xiaolong aborda ahora el tema de la contaminación ambiental sólo por los intereses económicos de los empresarios, añadiendo el tema de las empresas públicas chinas lideradas por altos cargos del Partido Comunista que van a cotizar en la Bolsa mediante Ofertas Públicas de Venta (OPV). Ese es precisamente el paso que Liu Deming, director general de la Empresa Química Número Uno de Wuxi, iba a dar, para hacerse enormemente rico con sus acciones, cuando fue asesinado. Así que, la economía y el medio ambiente se convierten en pilares fundamentales de la trama de la novela.

Por ella pasarán diversos personajes, como sucede en toda investigación policial. En el caso de El crimen del lago de Qiu Xiaolong, lo serán Jiang, un activista ambiental enfrentado con Deming; la señora Liu, esposa del directivo, que viaja mucho a Shanghai para jugar al mahjong con sus amigas; la pequeña secretaria de Liu, llamada Mi, una veinteañera atractiva; o Fu, que se convierte en director general tras el asesinato. Y, como en novelas previas, los intereses de Seguridad Interna (una policía de alto nivel que interviene casos policiales con posibles repercusiones políticas) y los intereses de Chen Cao no coinciden.

El poco ortodoxo inspector jefe Chen Cao, ayudado por el subinspector Yu y su esposa Peiqin desde Shanghai, está desde hace años en el punto de mira de Seguridad Interna, de hecho. Y no por ser solo poeta, sino porque su interés por la literatura occidental (es traductor de novelas policiales y de suspense, uno de los motivos de la idolatría que siente el joven inspector Huang, que ve a Chen como a Sherlock Holmes) le acerca a los gustos de la decadencia burguesa, muy castigados en el pasado. Un pasado de la Revolución Cultural que aflora mucho en todas las novelas -en cualquiera, como en El Caso Mao-, pero no tanto en esta. Ya en reseñas anteriores he comentado que las continuas alusiones pueden valorarse como repetitivas, comprensibles en cierto modo por la experiencia vital de Qiu Xiaolong.

Las novelas de Qiu Xialong de la serie policial de Chen Cao, como El crimen del lago, tienen una alta carga de crítica política, muy centrada en aspectos como la hipocresía, la riqueza de los altos cargo y los Hijos de Cuadros Superiores (HCS), las consecuencias de la Revolución Cultural -no hay persona de sus novelas que no la hayan sufrido, en primera persona o sus antepasados- o las diferencias económicas con el pasado de los cuencos de hierro -tiempos en los que todos cobraban lo mismo y un trabajo garantizaba unos ingresos para vivir-.

Pero en esta novela de la que trata la reseña, el late motiv cambia de manera radical a la contaminación ambiental propiciada por la economía capitalista del socialismo chino. Hasta el punto de que hay un alegato de los protagonistas a favor de la economía sostenible. Se mantiene, eso sí, teniendo en cuenta que una traducción -la traductora de esta novela vuelve a ser Victoria Ordóñez Diví y se nota mayor coherencia en la traducción que en las anteriores de Almuzara Libros, con diferentes traducciones en nombres propios de personajes o lugares-, el estilo narrativo muy correcto y cuidado, en tercera persona. Con una trama en la que más o menos se puede ver la verdad si el lector es inteligente y habituado a leer novelas policiales.

El inspector jefe Chen Cao investigará el caso del asesinato de Liu Deming lo más cerca posible sin revelar su identidad a Shanshan, que sí sabe que Chen tiene contactos muy importantes, no sólo en la policía de Wuxi y eso les creará disputas. Pero al final confiará en él porque es un hombre serio, capaz y preocupado por ella. Además de un muy buen poeta, ya que en la novela no sólo hay menciones a poemas o cuentos chinos antiguos, sino que hay un poema del propio Qiu Xiaolong que hace que sea Chen Cao quien lo escriba: un poema que mezcla el amor con la política, el más ambicioso del inspector jefe en el que Xiaolong trabajó durante años. Es imposible no pensar en Chen Cao como el alter ego de Qiu Xiaolong al seguir avanzando en la lectura de la saga -aquí se puede leer una reseña de la novela Cuando el rojo es negro, por ejemplo-.

En lo que respecta al caso policial, El crimen del lago de Qiu Xiaolong tiene una doble vertiente o trama como el propio título del libro indica: por un lado, el asesinato de Liu Deming, cuya resolución será lenta, como en cualquier novela policial o negra que se precie. Y, por otro, el crimen contra la naturaleza que exaspera a Jiang, a Shanshan y también al propio Chen Cao, obligado a ser inspector de policía por el Partido Comunista Chino, pero con estudios universitarios literarios, con alma de poeta, sensible, enamoradizo, pero tímido, como se ha destacado en reseñas de los libros anteriores en esta misma web.

En definitiva, la novela El crimen del lago de Qiu Xiaolong, séptima novela de la serie policial del inspector jefe Chen Cao, añade tramas nuevas relacionadas con la contaminación ambiental, la economía salvaje y el activismo en defensa del medio ambiente, alejándola de los temas algo repetitivos de las anteriores. Pero mantiene puntos en común sobre el trabajo policial, las relaciones personales y policiales entre Chen Cao y Yu o la industria del sexo, que florece en forma de chicas del karaoke, masajistas, peluqueras o pequeñas secretarias -como lo es Nube Blanca, xiaomi de Chen Cao en libros anteriores, pero sin sexo-. Por eso, considero que es una novela muy buena, interesante y que despierta un interés diferente por tocar teclas distintas del piano, con una música que suena diferente al resto de la saga.

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