Reseña de la novela El enigma de China de Qiu Xiaolong

Reseña de la novela ‘El enigma de China’, de Qiu Xiaolong

El inspector jefe Chen Cao, de la Brigada de Casos Especiales de la Comisaría de Shanghai, donde también es Vicesecretario del Partido, está escuchando una conferencia en la Asociación de Escritores Chinos que trata sobre el enigma de China, sobre la mezcla política y económica del llamado socialismo de características chinas. Al salir, tras conocer a una periodista responsable de la sección de finanzas del diario Wenhui llamada Lianping, que trabaja ahora en la sección cultural sustituyendo una baja por matermindad, el secretario del Partido Li le llama por teléfono: debe ser asesor policial en la investigación de la muerte de Zhou Keng, director del Comité para el Desarrollo Urbanístico de Shanghai.

El enigma de China (Tusquets Editores, 2014) es la octava novela de Qiu Xiaolong de la saga del inspector jefe Chen Cao. Una novela policial en la que, además de la trama policial y política habitual en el resto de libros de Xiaolong, en los que los intereses del Partido, ahora en una etapa en la que debe primar la armonía en el país -nueva política que se inicia en la novela El caso Mao-, están por encima de todo, al autor de Shanghai adentra al lector en nuevos prismas sobre la sociedad, la economía y la política de China. Y en una psicología de Chen Cao más evolucionada con el paso de los años que transcurren en la saga, desde la mayor timidez de los inicios hasta su trato más cortante y directo con las camareras de los diferentes reservados de restaurantes por los que transcurren las últimas novelas de la saga de las que he ido publicando una reseña en los últimos meses.

Ahora, en la novela El enigma de China, Qiu Xiaolong nos sitúa en el año 2011 -en el que se inaugura una estatua de bronce de Confucio en la Plaza de Tiananmen, cerca de la de Mao Zedong- y en unos nuevos tiempos ya iniciados en anteriores novelas de la saga. El inspector jefe Chen Cao supera los 50 años -aunque su edad no se concreta en ningún momento-, han pasado unos 20 años desde su primer caso en la novela Muerte de una heroína roja y el policía deja el poder de la investigación al subinspector Wei, de la Brigada de Homicidios de la Policía de Shanghai. Él será la conexión principal de Chen Cao para averiguar por qué y cómo murió Zhou Keng durante un proceso de detención shuanggi por parte de las autoridades en el Hotel Villa Moller de Shanghai.

Keng ha sido hallado muerto en su habitación, ahorcado, y en su cuerpo se encuentran restos de somníferos, que toma para dormir -el estresante nivel de vida de empresarios y altos cargos políticos llevó también a tomar somníferos a la víctima de la novela El crimen del lago, la séptima de la saga-. Y como en esa misma novela, ahora Xiaolong se adentra en la novela El enigma de China en nuevos puntos de vista: sigue, eso sí, con la corrupción en el desarrollo urbanístico, pero ahora desde el punto de vista de la libertad de expresión y el periodismo ciudadano. Ya que la caída en picado de Keng, quien tiene una pequeña secretaria llamada Fang Fang, es una fotografía en la que se le ve con una cajetilla de tabaco Majestad Suprema 95, una marca muy cara.

Los llamados ciudadanos de la red, a través de blogs en Internet fuera de las directices de los periódicos gubernamentales como Wenhui o El Diario del Pueblo, realizan búsquedas de carne humana: ataques contra empresarios y cargos comunistas corruptos que se enriquecen con todo tipo de delitos mientras la gran parte de la población china es pobre. Y en ese mundo de los cibercafés, el microblogging y los blogs se adentrará Chen Cao a través de la joven periodista Liangping, con la que pronto conectará, de manera parecida a la que lo hizo anteriormente con Wang Feng (antigua periodista de Wenhui que se fue a Japón, porque estaba casada y allí vivía su marido tras abandonarla, una de las protagonistas de la pirmera novela, Muerte de una heroína roja) o con Shanshan, una joven activista medioambiental.

Junto con la US Marshall Catherine Rohn y la pequeña secretaria Nube Blanca, son las mujeres que pasan por la vida de Cao, sin llegar a fructificar ninguna relación. Este es uno de los grandes temas recurrentes en la vida personal del inspector jefe Chen Cao en toda la saga policial y también en esta novela El enigma de China: la preocupación de su madre, una mujer ya muy anciana aunque de mente despierta, y de Peiqin, la mujer del subinspector Yu -ambos apenas aparecen de manera tangencial en este libro-, debido a que su hijo no sienta la cabeza y no le da descendencia. Pero es que, a pesar de no dejar de ser nunca un poeta y un profundo conocedor de la poesía china, Chen Cao no deja de ser policía.

Y hay una especie de cliché en las novelas policiales acerca de que los policías no son capaces de tener relaciones de pareja, como le sucede al inspector jefe. Como Wang Feng, Lianping es joven, inteligente, perspicaz y con mucho futuro: pero ella es más cínica y lanza dardos contra el régimen chino, con el que Chen Cao no se termina de identificar del todo. Además, desde la primera vez que lo conoce, sabedor de su fama literaria, Lianping le pide al inspector jefe que escriba unos poemas para publicarlos en Wenhui.

A su edad, desencantado de su trabajo, pero con firmes creencias en ser honesto, el protagonista de la saga se ve concluyendo pronto su carerra policial: en un genial juego de palabras, no se ve como un cuado superior dentro del cuadro o sistema del régimen, algo que valora al ver en Madrid el cuadro El enigma de Hitler pintado pro Salvador Dalí. Pero no puede dejar ser de inspector sin resolver el caso, por muchos impedimientos y guerras internas políticas haya en la Ciudad Prohibida por parte de los diferentes Cuadros Superiores o aspirantes a serlo. Sobre todo tras la extraña muerte del subinsepctor Wei mientras investiga el caso, seguro de que, aunque el Partido quiera defender esta idea, Zhou Keng no se suicidó.

De manera que la novela El enigma de China de Qiu Xiaolong prosigue temas ya aparecidos en sus anteriores libros de la saga policial de Chen Cao, pero como en El crimen del lago, ofrece nuevas perspectivas acorde con la evolución política, económica y social de China a comienzos del siglo XXI. En comparación con finales del siglo XX, cuando empieza la saga, ahora el sexo no es un tema tan tabú -las pequeñas secretarias o xiaomi, mujeres jóvenes y atractivas que se acuestan con cargos del partido mientras trabajan como sus secretarias para guardar un poco las apariencias, es muestra de ello-. Además de que el desarrollo económico sigue su curso, con una especulación inmobiliaria y corrupción fuera de control.

Este es el contexto, tan diferente al de novelas como El caso de las dos ciudades, por ejemplo, y sobre todo con la primera, Muerte de una heroína roja. Pero manteniendo puntos en común, como la gran importancia narrativa, e incluso política, que tiene la gastronomía de Shanghai y China -Chen Cao es un sibarita, su fama no es solo policial ni por sus labores poéticas y como traductor, también es conocido por su amor por la buena cocina-. Así, es perfectamente capaz de diferenciar la diferencia de calidad de la comida de Shanghai, como la que con tanto esfuerzo le cocina Peiqin cuando le invitan a comer, con la de Shaoxing, ciudad donde nació Zhou Keng y a la que fue varias veces poco antes de morir, razón por la que el inspector jefe la visita en sus pesquisas. Además de por tener ciertas amistades con Bolsillos Llenos -nuevos ricos con el desarrollo económico del país- como Gu Haiguang.

Ese es uno de los temas centrales de toda la serie policial de Chen Cao escrita por Xiaolong, también en El enigma de China: la mezcla perfecta entre la vida profesional y personal del inspector jefe, un hombre que vemos maniatado en la mayoría de las ocasiones, preso de un destino que él no eligió: al ser universitario, el régimen comunista eligió para él la profesión de inspector de policía, amado y odiado, primero con visos de incluso suceder a Li como camarada Secretario del Partido en la comisaría de Shanghai, pero también en el punto de mira del régimen por ser demasiado molesto y concienzudo en su labor policial.

Con el mismo estilo de siempre -las últimas traducciones de Victoria Ordóñez Diví en las novelas publicadas por Tusquets Editores dan más coherencia al relato que los diferentes traductores iniciales en Almuzara-, el autor de Shanghai muestra una evolución muy sólida y soberbia de la personalidad de Chen Cao, que evoluciona de manera diferente a China. Cao, un poeta romántico, repite con Lianping casi con exactitud su relación con Shanshan en la novela anterior: los paseos por parques, sus alusiones poemas, un romanticismo en gran parte detenido por su labor policial…

Porque la novela El enigma de China, además de ser un excelente relato policial en el que Cao parece un Don Quijote enfrentándose a molinos mucho más poderosos que él -Seguridad Interna, los altos cargos del Partido, el propio camarada Secretario del Partido Li, del que se ha distanciado muchísimo y su relación se ha enfriado del todo a lo largo de la saga-, es una novela crítica con el comunismo chino. Si en la anterior novela introducía el tema de la sostenibilidad ambiental, en peligro por la contaminación al servicio del desarrollo del capitalismo en China, el llamado socialismo con características chinas, en esta trata el tema del control de Internet, el control de los medios de comunicación por parte del Partido Comunista.

Además de la corrupción política, la que practica Zhou Keng y otros cargos del partido, unidos como cangrejos los unos a los otros, en uno de esos paralelismos entre gastronomía y política que Xiaolong trata en otras novelas de la saga y en esta también. Por eso, el gran valor que tiene El enigma de China, que sigue recordando cómo en la actualidad muchos chinos son descendientes de víctimas de la Revolución Cultural, que con el paso del tiempo fue definido como un error bientencionado de Mao Zedong.

Y porque se trata de una novela redonda, con una trama genial, un estilo bordado a base de décadas de buena literatura y, afortunadamente, en la senda de no ser tan repetitiva -lo es en algunos puntos ya mencionados como los poemas chinos a los que se refiere Chen Cao, su soltería o las consecuencias de la Revolución Cultural- como casi toda la saga, menos a partir de El Cao Mao.

En la novela El enigma de China, Qiu Xiaolong nos vuelve a mostrar la capacidad del inspector jefe Chen Cao de llegar hasta el fondo de la verdad, aunque no guste a todos sus superiores. Porque como decía su padre -dado el paralelismo entre Cao y Qiu Xiaolong, cabe imaginar si el padre del escritor también lo decía-, «hay cosas que un hombre hará y cosas que un hombre no hará». Esta frase, con algunas variantes en novelas anteriores, es el resumen de la vida de Cao: investigar la verdad es algo que siempre hará y parece que rendirse es algo que nunca hará.

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