Reseña de la novela El enigma de China de Qiu Xiaolong

Reseña de la novela ‘El enigma de China’, de Qiu Xiaolong

El inspector jefe Chen Cao, de la Brigada de Casos Especiales de la Comisaría de Shanghai, donde también es Vicesecretario del Partido, está escuchando una conferencia en la Asociación de Escritores Chinos que trata sobre el enigma de China, sobre la mezcla política y económica del llamado socialismo de características chinas. Al salir, tras conocer a una periodista responsable de la sección de finanzas del diario Wenhui llamada Lianping, que trabaja ahora en la sección cultural sustituyendo una baja por matermindad, el secretario del Partido Li le llama por teléfono: debe ser asesor policial en la investigación de la muerte de Zhou Keng, director del Comité para el Desarrollo Urbanístico de Shanghai.

El enigma de China (Tusquets Editores, 2014) es la octava novela de Qiu Xiaolong de la saga del inspector jefe Chen Cao. Una novela policial en la que, además de la trama policial y política habitual en el resto de libros de Xiaolong, en los que los intereses del Partido, ahora en una etapa en la que debe primar la armonía en el país -nueva política que se inicia en la novela El caso Mao-, están por encima de todo, al autor de Shanghai adentra al lector en nuevos prismas sobre la sociedad, la economía y la política de China. Y en una psicología de Chen Cao más evolucionada con el paso de los años que transcurren en la saga, desde la mayor timidez de los inicios hasta su trato más cortante y directo con las camareras de los diferentes reservados de restaurantes por los que transcurren las últimas novelas de la saga de las que he ido publicando una reseña en los últimos meses.

Ahora, en la novela El enigma de China, Qiu Xiaolong nos sitúa en el año 2011 -en el que se inaugura una estatua de bronce de Confucio en la Plaza de Tiananmen, cerca de la de Mao Zedong- y en unos nuevos tiempos ya iniciados en anteriores novelas de la saga. El inspector jefe Chen Cao supera los 50 años -aunque su edad no se concreta en ningún momento-, han pasado unos 20 años desde su primer caso en la novela Muerte de una heroína roja y el policía deja el poder de la investigación al subinspector Wei, de la Brigada de Homicidios de la Policía de Shanghai. Él será la conexión principal de Chen Cao para averiguar por qué y cómo murió Zhou Keng durante un proceso de detención shuanggi por parte de las autoridades en el Hotel Villa Moller de Shanghai.

Keng ha sido hallado muerto en su habitación, ahorcado, y en su cuerpo se encuentran restos de somníferos, que toma para dormir -el estresante nivel de vida de empresarios y altos cargos políticos llevó también a tomar somníferos a la víctima de la novela El crimen del lago, la séptima de la saga-. Y como en esa misma novela, ahora Xiaolong se adentra en la novela El enigma de China en nuevos puntos de vista: sigue, eso sí, con la corrupción en el desarrollo urbanístico, pero ahora desde el punto de vista de la libertad de expresión y el periodismo ciudadano. Ya que la caída en picado de Keng, quien tiene una pequeña secretaria llamada Fang Fang, es una fotografía en la que se le ve con una cajetilla de tabaco Majestad Suprema 95, una marca muy cara.

Los llamados ciudadanos de la red, a través de blogs en Internet fuera de las directices de los periódicos gubernamentales como Wenhui o El Diario del Pueblo, realizan búsquedas de carne humana: ataques contra empresarios y cargos comunistas corruptos que se enriquecen con todo tipo de delitos mientras la gran parte de la población china es pobre. Y en ese mundo de los cibercafés, el microblogging y los blogs se adentrará Chen Cao a través de la joven periodista Liangping, con la que pronto conectará, de manera parecida a la que lo hizo anteriormente con Wang Feng (antigua periodista de Wenhui que se fue a Japón, porque estaba casada y allí vivía su marido tras abandonarla, una de las protagonistas de la pirmera novela, Muerte de una heroína roja) o con Shanshan, una joven activista medioambiental.

Junto con la US Marshall Catherine Rohn y la pequeña secretaria Nube Blanca, son las mujeres que pasan por la vida de Cao, sin llegar a fructificar ninguna relación. Este es uno de los grandes temas recurrentes en la vida personal del inspector jefe Chen Cao en toda la saga policial y también en esta novela El enigma de China: la preocupación de su madre, una mujer ya muy anciana aunque de mente despierta, y de Peiqin, la mujer del subinspector Yu -ambos apenas aparecen de manera tangencial en este libro-, debido a que su hijo no sienta la cabeza y no le da descendencia. Pero es que, a pesar de no dejar de ser nunca un poeta y un profundo conocedor de la poesía china, Chen Cao no deja de ser policía.

Y hay una especie de cliché en las novelas policiales acerca de que los policías no son capaces de tener relaciones de pareja, como le sucede al inspector jefe. Como Wang Feng, Lianping es joven, inteligente, perspicaz y con mucho futuro: pero ella es más cínica y lanza dardos contra el régimen chino, con el que Chen Cao no se termina de identificar del todo. Además, desde la primera vez que lo conoce, sabedor de su fama literaria, Lianping le pide al inspector jefe que escriba unos poemas para publicarlos en Wenhui.

A su edad, desencantado de su trabajo, pero con firmes creencias en ser honesto, el protagonista de la saga se ve concluyendo pronto su carerra policial: en un genial juego de palabras, no se ve como un cuado superior dentro del cuadro o sistema del régimen, algo que valora al ver en Madrid el cuadro El enigma de Hitler pintado pro Salvador Dalí. Pero no puede dejar ser de inspector sin resolver el caso, por muchos impedimientos y guerras internas políticas haya en la Ciudad Prohibida por parte de los diferentes Cuadros Superiores o aspirantes a serlo. Sobre todo tras la extraña muerte del subinsepctor Wei mientras investiga el caso, seguro de que, aunque el Partido quiera defender esta idea, Zhou Keng no se suicidó.

De manera que la novela El enigma de China de Qiu Xiaolong prosigue temas ya aparecidos en sus anteriores libros de la saga policial de Chen Cao, pero como en El crimen del lago, ofrece nuevas perspectivas acorde con la evolución política, económica y social de China a comienzos del siglo XXI. En comparación con finales del siglo XX, cuando empieza la saga, ahora el sexo no es un tema tan tabú -las pequeñas secretarias o xiaomi, mujeres jóvenes y atractivas que se acuestan con cargos del partido mientras trabajan como sus secretarias para guardar un poco las apariencias, es muestra de ello-. Además de que el desarrollo económico sigue su curso, con una especulación inmobiliaria y corrupción fuera de control.

Este es el contexto, tan diferente al de novelas como El caso de las dos ciudades, por ejemplo, y sobre todo con la primera, Muerte de una heroína roja. Pero manteniendo puntos en común, como la gran importancia narrativa, e incluso política, que tiene la gastronomía de Shanghai y China -Chen Cao es un sibarita, su fama no es solo policial ni por sus labores poéticas y como traductor, también es conocido por su amor por la buena cocina-. Así, es perfectamente capaz de diferenciar la diferencia de calidad de la comida de Shanghai, como la que con tanto esfuerzo le cocina Peiqin cuando le invitan a comer, con la de Shaoxing, ciudad donde nació Zhou Keng y a la que fue varias veces poco antes de morir, razón por la que el inspector jefe la visita en sus pesquisas. Además de por tener ciertas amistades con Bolsillos Llenos -nuevos ricos con el desarrollo económico del país- como Gu Haiguang.

Ese es uno de los temas centrales de toda la serie policial de Chen Cao escrita por Xiaolong, también en El enigma de China: la mezcla perfecta entre la vida profesional y personal del inspector jefe, un hombre que vemos maniatado en la mayoría de las ocasiones, preso de un destino que él no eligió: al ser universitario, el régimen comunista eligió para él la profesión de inspector de policía, amado y odiado, primero con visos de incluso suceder a Li como camarada Secretario del Partido en la comisaría de Shanghai, pero también en el punto de mira del régimen por ser demasiado molesto y concienzudo en su labor policial.

Con el mismo estilo de siempre -las últimas traducciones de Victoria Ordóñez Diví en las novelas publicadas por Tusquets Editores dan más coherencia al relato que los diferentes traductores iniciales en Almuzara-, el autor de Shanghai muestra una evolución muy sólida y soberbia de la personalidad de Chen Cao, que evoluciona de manera diferente a China. Cao, un poeta romántico, repite con Lianping casi con exactitud su relación con Shanshan en la novela anterior: los paseos por parques, sus alusiones poemas, un romanticismo en gran parte detenido por su labor policial…

Porque la novela El enigma de China, además de ser un excelente relato policial en el que Cao parece un Don Quijote enfrentándose a molinos mucho más poderosos que él -Seguridad Interna, los altos cargos del Partido, el propio camarada Secretario del Partido Li, del que se ha distanciado muchísimo y su relación se ha enfriado del todo a lo largo de la saga-, es una novela crítica con el comunismo chino. Si en la anterior novela introducía el tema de la sostenibilidad ambiental, en peligro por la contaminación al servicio del desarrollo del capitalismo en China, el llamado socialismo con características chinas, en esta trata el tema del control de Internet, el control de los medios de comunicación por parte del Partido Comunista.

Además de la corrupción política, la que practica Zhou Keng y otros cargos del partido, unidos como cangrejos los unos a los otros, en uno de esos paralelismos entre gastronomía y política que Xiaolong trata en otras novelas de la saga y en esta también. Por eso, el gran valor que tiene El enigma de China, que sigue recordando cómo en la actualidad muchos chinos son descendientes de víctimas de la Revolución Cultural, que con el paso del tiempo fue definido como un error bientencionado de Mao Zedong.

Y porque se trata de una novela redonda, con una trama genial, un estilo bordado a base de décadas de buena literatura y, afortunadamente, en la senda de no ser tan repetitiva -lo es en algunos puntos ya mencionados como los poemas chinos a los que se refiere Chen Cao, su soltería o las consecuencias de la Revolución Cultural- como casi toda la saga, menos a partir de El Cao Mao.

En la novela El enigma de China, Qiu Xiaolong nos vuelve a mostrar la capacidad del inspector jefe Chen Cao de llegar hasta el fondo de la verdad, aunque no guste a todos sus superiores. Porque como decía su padre -dado el paralelismo entre Cao y Qiu Xiaolong, cabe imaginar si el padre del escritor también lo decía-, «hay cosas que un hombre hará y cosas que un hombre no hará». Esta frase, con algunas variantes en novelas anteriores, es el resumen de la vida de Cao: investigar la verdad es algo que siempre hará y parece que rendirse es algo que nunca hará.

reseña de la novela El crimen del lago de Qiu Xiaolong

Reseña de la novela ‘El crimen del lago’, de Qiu Xiaolong

El inspector jefe Chen Cao, de la comisaría de Shanghai, está pasando unos días de vacaciones en el Centro Recreativo para Cuadros del Partido Comunista de China situado junto al lago Tai, en la localidad de Wuxi. Pese a no ser alto cargo, el camarada Zhao, ya jubilado del Comité de Disciplina del Partido, le ha cedido su casa vacacional por no poder ir. Pero lo que iban a ser unas vacaciones relajadas no lo son, ya que cuando llega, se entera del asesinato del Liu Deming, director general de la Empresa Química Número Uno de Wuxi, situada a orillas del mismo lago.

El crimen del lago (Tusquets Editores, 2013) es la séptima novela de Qiu Xiaolong protagonizada por el inspector jefe Chen Cao. En esta ocasión, mientras el subinspector Yu no tiene ningún caso importante en Shanghai (está a una hora de Wuxi gracias a un tren de alta velocidad), Chen, de manera extraoficial y en conexión secreta con el joven inspector Huang Kang de la comisaría de Wuxi, se involucrará en el caso. Pero lo hará no sólo porque no es capaz de dejar de ser policía -en esta novela no hay rastro de su paso por la universidad como en Seda roja-, sino por la atracción que siente por la joven Shanshan.

Nada más llegar a Wuxi, el inspector va a comer a un pequeño negocio y allí conoce a Shanshan, una activista medioambiental que denuncia la mala salubridad del agua del lago Tai debido a los vertidos tóxicos de la Empresa Química Número Uno de Wuxi -donde ella misma trabaja-, una realidad que, como le dice al inspector, sucede en todo el país. Al saberlo, en coincidencia con la muerte de Liu Demiang y por unas llamadas amenazantes que recibe la chica, Chen Cao comenzará a investigar. Pero para ganarse la confianza de ella, con la que tendrá alguna cita, no le dirá que es inspector: se hará pasar simplemente por un escritor que está de vacaciones, aunque con contactos en el Partido Comunista, razón de su alojamiento.

De esta manera, la novela El crimen del lago de Qiu Xiaolong entra en una dinámica completamente nueva, con un argumento muy diferente al del resto de novelas -como Muerte de una heroína roja, con la que inicia la serie policial del inspector Chen Cao-: los problemas medioambientales y de contaminación que provoca el socialismo chino, la adaptación al mercado capitalista del régimen comunista auspiciado por el primer ministro Deng Xiaoping y que prosigue tras su muerte en 1989. Si bien los nuevos ricos apodados «bolsillos llenos», los problemas de investigar policialmente cuando la investigación va en contra de los intereses del Partido, las diferencias entre ricos y pobres y las continuas menciones poéticas siguen como siempre.

Sin embargo, Qiu Xiaolong aborda ahora el tema de la contaminación ambiental sólo por los intereses económicos de los empresarios, añadiendo el tema de las empresas públicas chinas lideradas por altos cargos del Partido Comunista que van a cotizar en la Bolsa mediante Ofertas Públicas de Venta (OPV). Ese es precisamente el paso que Liu Deming, director general de la Empresa Química Número Uno de Wuxi, iba a dar, para hacerse enormemente rico con sus acciones, cuando fue asesinado. Así que, la economía y el medio ambiente se convierten en pilares fundamentales de la trama de la novela.

Por ella pasarán diversos personajes, como sucede en toda investigación policial. En el caso de El crimen del lago de Qiu Xiaolong, lo serán Jiang, un activista ambiental enfrentado con Deming; la señora Liu, esposa del directivo, que viaja mucho a Shanghai para jugar al mahjong con sus amigas; la pequeña secretaria de Liu, llamada Mi, una veinteañera atractiva; o Fu, que se convierte en director general tras el asesinato. Y, como en novelas previas, los intereses de Seguridad Interna (una policía de alto nivel que interviene casos policiales con posibles repercusiones políticas) y los intereses de Chen Cao no coinciden.

El poco ortodoxo inspector jefe Chen Cao, ayudado por el subinspector Yu y su esposa Peiqin desde Shanghai, está desde hace años en el punto de mira de Seguridad Interna, de hecho. Y no por ser solo poeta, sino porque su interés por la literatura occidental (es traductor de novelas policiales y de suspense, uno de los motivos de la idolatría que siente el joven inspector Huang, que ve a Chen como a Sherlock Holmes) le acerca a los gustos de la decadencia burguesa, muy castigados en el pasado. Un pasado de la Revolución Cultural que aflora mucho en todas las novelas -en cualquiera, como en El Caso Mao-, pero no tanto en esta. Ya en reseñas anteriores he comentado que las continuas alusiones pueden valorarse como repetitivas, comprensibles en cierto modo por la experiencia vital de Qiu Xiaolong.

Las novelas de Qiu Xialong de la serie policial de Chen Cao, como El crimen del lago, tienen una alta carga de crítica política, muy centrada en aspectos como la hipocresía, la riqueza de los altos cargo y los Hijos de Cuadros Superiores (HCS), las consecuencias de la Revolución Cultural -no hay persona de sus novelas que no la hayan sufrido, en primera persona o sus antepasados- o las diferencias económicas con el pasado de los cuencos de hierro -tiempos en los que todos cobraban lo mismo y un trabajo garantizaba unos ingresos para vivir-.

Pero en esta novela de la que trata la reseña, el late motiv cambia de manera radical a la contaminación ambiental propiciada por la economía capitalista del socialismo chino. Hasta el punto de que hay un alegato de los protagonistas a favor de la economía sostenible. Se mantiene, eso sí, teniendo en cuenta que una traducción -la traductora de esta novela vuelve a ser Victoria Ordóñez Diví y se nota mayor coherencia en la traducción que en las anteriores de Almuzara Libros, con diferentes traducciones en nombres propios de personajes o lugares-, el estilo narrativo muy correcto y cuidado, en tercera persona. Con una trama en la que más o menos se puede ver la verdad si el lector es inteligente y habituado a leer novelas policiales.

El inspector jefe Chen Cao investigará el caso del asesinato de Liu Deming lo más cerca posible sin revelar su identidad a Shanshan, que sí sabe que Chen tiene contactos muy importantes, no sólo en la policía de Wuxi y eso les creará disputas. Pero al final confiará en él porque es un hombre serio, capaz y preocupado por ella. Además de un muy buen poeta, ya que en la novela no sólo hay menciones a poemas o cuentos chinos antiguos, sino que hay un poema del propio Qiu Xiaolong que hace que sea Chen Cao quien lo escriba: un poema que mezcla el amor con la política, el más ambicioso del inspector jefe en el que Xiaolong trabajó durante años. Es imposible no pensar en Chen Cao como el alter ego de Qiu Xiaolong al seguir avanzando en la lectura de la saga -aquí se puede leer una reseña de la novela Cuando el rojo es negro, por ejemplo-.

En lo que respecta al caso policial, El crimen del lago de Qiu Xiaolong tiene una doble vertiente o trama como el propio título del libro indica: por un lado, el asesinato de Liu Deming, cuya resolución será lenta, como en cualquier novela policial o negra que se precie. Y, por otro, el crimen contra la naturaleza que exaspera a Jiang, a Shanshan y también al propio Chen Cao, obligado a ser inspector de policía por el Partido Comunista Chino, pero con estudios universitarios literarios, con alma de poeta, sensible, enamoradizo, pero tímido, como se ha destacado en reseñas de los libros anteriores en esta misma web.

En definitiva, la novela El crimen del lago de Qiu Xiaolong, séptima novela de la serie policial del inspector jefe Chen Cao, añade tramas nuevas relacionadas con la contaminación ambiental, la economía salvaje y el activismo en defensa del medio ambiente, alejándola de los temas algo repetitivos de las anteriores. Pero mantiene puntos en común sobre el trabajo policial, las relaciones personales y policiales entre Chen Cao y Yu o la industria del sexo, que florece en forma de chicas del karaoke, masajistas, peluqueras o pequeñas secretarias -como lo es Nube Blanca, xiaomi de Chen Cao en libros anteriores, pero sin sexo-. Por eso, considero que es una novela muy buena, interesante y que despierta un interés diferente por tocar teclas distintas del piano, con una música que suena diferente al resto de la saga.

Reseña de la novela Seda roja de Qiu Xiaolong

Reseña de la novela ‘Seda roja’, de Qiu Xiaolong

El viejo capataz Huang, un antiguo trabajador modelo, ha salido muy temprano para hacer ejercicio. Pese a su edad, cree que es de las personas que más madruga en Shanghai. Pero esa mañana no será una más, ya que descubre, frente el Instituto de Música, el cadáver de una mujer vestida con un vestido mandarín rojo antiguo, un qipao. Al verlo, sale corriendo y gritando: el asesino que deja a las víctimas vestidas con ese vestido ha vuelto a actuar en un país en el que el comunismo de la era de Mao Zedong, la de los cuencos de hierro (trabajo para toda la vida en la que todos cobran igual) ha dado paso a una visión económica del capitalismo adecuado al llamado socialismo chino.

Seda roja (Ediciones Tusquets, 2010) es la quinta novela de la serie policial del inspector jefe Chen Cao escrita por Qiu Xiaolong. En esta ocasión, el Chen Cao y el subinspector Yu Guangming, al cargo de la bridada de Casos Especiales de la comisaría de Shanghai mientras el inspector está realizando unos estudios universitarios, investigarán quién es el asesino en serie que está cometiendo los crímenes. Con la dificultad de desentrañar sus motivos para dejar los cadáveres donde lo hace y, más importante, por qué los viste de esa forma, pero sin señales de violencia sexual de ningún tipo.

Yu, junto al inspector Liao de la brigada de homicidios -con una rivalidad entre ambos departamentos- y con la continua presión política del camarada Secretario del Partido Li, será quien lidere la investigación de manera oficial. Con elementos claros, como los nervios de Li al ver que hay un asesino que reta al Gobierno dejando los cadáveres en sitios públicos (el Instituto de Música, el Parque del Bund…), pero sin llamarlo asesino en serie por cuestiones políticas, lo que es algo totalmente inaceptable y debe parar inmediatamente antes de que siga matando.

En esta novela, Qiu Xiaolong sigue con los temas habituales de toda la saga -podemos valorar hasta qué punto es demasiado repetitivo y cansino estas referencias, una y otra vez-, pero incluye matices nuevos muy importantes. Por ejemplo, continúa el odio social hacia los nuevos ricos llamados «bolsillos llenos», que incluyen tanto a empresarios como a altos cargos del partido que son corruptos; se verán las diferencias económicas y sociales de la época de la dictadura del proletariado y la Revolución Cultural con la política de mediados de 1990 llevada a cabo por Deng Xiaoping, en la que da igual que el gato sea blanco o negro, mientras cace ratones. Y la Revolución Cultural mencionada sigue haciendo sangrar viejas heridas en toda la sociedad china, en la que los antiguos vigilantes de las brigadas vecinales han perdido mucho poder o todo, pero siguen siendo fuente de información para conocer el entorno de las víctimas.

Sin embargo, además de las continuas referencias poéticas y confucianas, la novela Seda roja introduce en la saga del inspector jefe Chen Cao elementos nuevos. Con una traducción al español por parte de Victoria Ordóñez Diví, vemos la clara evolución en la vida sexual de los ciudadanos en China. Ahora, es vox populi que en locales como baños o karaokes, las jóvenes se prostituyen como parte oculta del negocio, pero se hace la vista gorda. Una situación muy diferente a la de 1991, año en el que se ambienta Muerte de una heroína roja, cuando el sexo era un tema mucho más tabú.

Y todos estos elementos (la Revolución Cultural, la corrupción política y el sexo) serán parte fundamental de la trama de Seda roja. Con Chen Cao casi fuera de juego, con tanto estrés que sufre desmayos y por eso el empresario Gu Haiguang le paga unos días de vacaciones en un hotel alejado de Shanghai, el subinspector Yu será el líder del caso a ojos de la comisaría. Con cierta ayuda de su mujer, Peiqin, debido a que las jóvenes asesinadas solo visten un qipao rojo, un vestido mandarín que tradicionalmente, décadas atrás, se relacionaba con la burguesía decadente, en contra de los ideales del comunismo chino. Ella tendrá su parte, su papel, de manera paralela y anónima.

La trama de la novela Seda roja de Qiu Xiaolong de los asesinatos tendrá un fuerte trasfondo psicológico, algo importante debido a que en China no se habla de problemas mentales, las enfermedades psiquiátricas no existen. Y ese argumento se mezclará con las investigaciones literarias de Chen Cao, que trata de escribir un trabajo para la universidad sobre la demonización de las mujeres en la literatura china y las contradicciones de las relaciones amorosas. En esta quinta novela de la saga, veremos cómo de nuevo la literatura ayuda a Chen Cao de maneras que el subinspector Yu no es capaz de entender, como sí lo haría su mujer Peiqin, que al contrario que en novelas como El caso de las dos ciudades, tendrá menos trato directo con el inspector jefe y poeta.

Si en el resto de novelas de la saga (como Cuando el rojo es negro, que trata la evolución política de China con la diferencia de colores de las personas según sea su actividad económica y política), además, había una modalidad coral de personajes, en este caso se repite, con intervenciones de las comunidades vecinales, de protagonistas secundarios como Nube Blanca (la pequeña secretaria o xiaomi del inspector jefe Chen Cao), el Viejo Cazador (padre de Yu) o el Chino de Ultramar Lu, propietario del restaurante El Suburbio de Moscú. Todos ellos pondrán su grano de arena para saber quién es el asesino en serie, el primero que sucede en Shanghai.

Un caso que se mezclará, además de con las investigaciones literarias del inspector jefe, con un caso que le proponen: investigar a Jia Ming, un abogado que lucha por destapar un caso de corrupción urbanística contra el camarada Peng en un juicio que se va a celebrar ponto. Esto se produce en un momento en el que China quiere dejar atrás los tiempos en los que decenas de familias vivían juntas en casas shikumen -como le sucedía Yu y Peiqin, precisamente, para avanzar hacia la existencia de bloques de edificios con muchas más viviendas. Y en novelas anteriores ya se ha visto cómo incluso hay altos cargos que ven la corrupción como signo de la evolución económica del país. En la saga de Qiu Xiaolong, otro tema recurrente y bien plasmado en esta, es hasta qué punto el régimen comunista es corrupto o lucha de verdad contra los altos cargos y los hijos de cuadros superiores que se enriquecen de manera ilegal, aumentando la brecha entre ricos y podres.

La investigación policial de la novela Seda roja, con los cambios económicos y políticos en China de fondo, será lenta, como las del resto de novelas. Y salpimentada con muchos detalles de la vida social y económica en Shanghai, así como con un potente componente gastronómico. Especialmente duro en cuestiones como la preparación de platos con animales vivos como tortugas, serpientes o incluso monos (los sesos de mono vivo se comen mientras el animal grita de dolor porque le cortan el cráneo en la propia mesa). Platos demasiado crueles para el gourmet Chen Cao, que sigue en buena posición para ascender escalafones, pero con una relación mucho más distante con el camarada Secretario del Partido Li en comparación con las primeras novelas de la saga.

Con todo ello, la narrativa, el estilo en tercera persona y las descripciones de Qiu Xiaolong vuelven a hacer de esta novela, Seda roja, un gran libro, con mucho calado. No sólo con una manera de abrir la sociedad y la corrupción del Partido Comunista Chino con un bisturí, sino para escribir tramas policiales atractivas, que enganchan. Pero siempre con el contrapeso que supone la política y las decisiones del Partido frente a la libertad de movimientos para investigar por parte de Chen Cao y Yu Guangming. Eso sí, esta falta de libertad con imposiciones claras desde arriba se percibe menos que en libros anteriores de la serie. Y los temas del trasfondo se van añadiendo uno tras otro, de manera algo repetitivo, como en una fuga musical, como una bola de nieve que va creciendo más y más, tanto a nivel policial como personal en la vida de Chen Cao.

Ahora, con una gran importancia otorgada al análisis psicológico del asesino en serie: ¿por qué desnuda a las víctimas, las viste con un qipao rojo con las vestiduras y los botones rasgados, de un estilo antiguo y pasado de moda, pero no hay signos de violencia sexual? La investigación extraoficial del inspector jefe Chen Cao, junto a la oficial del subinspector Yu Guangming, dará luz al caso, como siempre. Ahora con connotaciones también diferentes al tener protagonismo otros agentes policiales, como la joven agente Hong, que se involucra mucho en el caso.

Con todo ello, para acabar esta reseña de la novela Seda roja de Qiu Xialong, cabe decir que mezcla a la perfección la trama policial con la personal de las vidas Yu y Peiqin, y de Chen Cao (con su madre cada vez más mayor y la culpa personal del inspector por no poder cuidarla). Un inspector de policía extraño, poeta, escritor, romántico, pero que no acaba de dar el paso de tener una relación seria con una mujer. Aquí, por ejemplo, se verá la cada vez mayor cercanía con Nube Blanca, pero con el tabú de que ella ha sido y es todavía una chica K (además de acompañar en karaokes a los clientes, posiblemente se acuesta con ellos).

Como decía Confucio, «hay cosas que un hombre debe hacer y hay cosas que un hombre no debe hacer», pero la psicología de Chen Cao, su comportamiento, revela la frustración que siente, sus diversos intereses se agitan, luchan entre sí, y vemos a un inspector de policía frustrado, con sueños, que no sabemos si algún día cumplirá. En Seda roja, vemos sus dudas, su ying y yang internos enfrentados, desequilibrándole, haciéndole sufrir.