Reseña de la novela 'El río guardó silencio'

Reseña de la novela ‘El río guardó silencio’, de Luis Esteban

En la ciudad de Zaragoza se cometen varios asesinatos cuyas víctimas son homosexuales. Sus cadáveres aparecen siempre en la misma postura: desnudos, con el culo en pompa y con una fotografía del actor John Wayne en unas de sus nalgas. Así que el inspector Rosario Roy deberá averiguar quién y por qué les mata y sigue este modus operandi en la que es la trama central de la novela policíaca El río guardó silencio (Suma de Letras, 2017).

Este es el argumento principal de esta novela de Luis Esteban, involucrando al lector en una complicada investigación policial. La ‘Operación Wayne’ no solo será una trama policíaca lenta y ardua de resolver, sino también un viaje a las sombras más oscuras del ser humano. En la que, además, lo profesional y lo personal se mezclarán de forma continua, como el bien y el mal, incluso dentro de las fuerzas del orden.

Esto es así porque la homosexualidad es un tema complicado de llevar para el inspector Rosario Roy, del Grupo de Secuestros y Homicidios de la Policía de Zaragoza. Complicado aún más cuando lo trata con el subinspector Alexis Guzmán, que es homosexual. Con lo cual, más de una vez saltarán chispas cuando en algún momento salgan a relucir estereotipos y prejuicios negativos de los homosexuales.

El río guardó silencio es una muy buena novela policíaca, con una trama escrita de forma genial por Luis Esteban. Una narración amena, fácil de leer y para nada pesada, aunque la es larga y la investigación avanza poco con el paso de las páginas. Esto es así porque los asesinatos de homosexuales se siguen produciendo y los indicios que recaba la Policía no son suficientes para detener a nadie, pese a alguna detención inicial.

Rosario Roy, como suele pasar en una novela negra o policíaca, se enfrenta a su caso más difícil. Además de enfrentarse, en su vida personal, a una situación no vivida antes, la posibilidad de entablar una relación seria con una mujer. Y eso le pone nervioso porque es fruto de una violación que sufrió su madre. Por ese motivo, cree que él también lleva genes violentos y si convive con una mujer, podría no controlarse.

El conflicto, por lo tanto, está servido en varios sentidos, lo cual hace mucho más interesante la lectura de la novela. Una obra en la que el autor se atreve a tocar temas polémicos. Entre otros, la homofobia, la homosexualidad en el mundo islámico, la violencia de género, las denuncias falsas y alusiones a políticos políticos actuales.

Porque quien lea El río guardó silencio podrá ver un claro paralelismo entre Fichi Bustamante, alcalde de Zaragoza y líder del Partido Antipolítico, y el exalcalde de Zaragoza (lo era cuando se publicó la novela) Pedro Santisteve, de Podemos. Y no es la única relación entre ficción en realidad, ya que el late motiv homófobo de los crímenes se relaciona con John Wayne Gacy, un asesino en serie que actuaba en Chicago en la década de 1970.

Esa será la línea de investigación de la ‘Operación John Wayne’, que con el transcurso de la narración cobrará un cariz más extraño. Sobre todo con una denuncia por violación de una prostituta rumana contra el presidente del partido Tradición y Familia, Gonzalo Tejero. Y con las complicaciones añadidas que se repite en más de una novela policíaca: las presiones de los superiores policiales ante las publicaciones de los medios de comunicación y la falta de avances y detenidos.

Con El río guardó silencio, Luis Esteban muestra a los lectores una historia espléndida con giros sorprendentes y aún más malvados que lo que inicialmente encontramos en una investigación de asesinatos homófobos. Una novela policíaca muy bien escrita y alejada de otras del mismo género, pero de carácter mucho más cinematográfico, con más acción que reflexión, como El poder del perro o la biología de Carmen Mola: La novia gitana y La red púrpura.

Hablamos, a fin de cuentas, de una narración limpia y una trama sin fisuras, un puzle en el que todas las piezas encajan a la perfección y en el que todo acaba mostrándose. Eso sí, sin desvelar nada, tal vez, teniendo en cuenta la realidad que vivimos, el lector podría pensar si realmente algo parecido podría suceder en la realidad o si carece de sentido que el asesino o los asesinos maten de esta forma, escalonada podríamos decir. A lo mejor, quitando la verosimilitud de cómo es una investigación policial, en este punto clave es donde la novela puede cojear ligeramente.

Sin embargo, este juicio de valor personal, esta pregunta al aire del lector de El río guardó silencio, no quita que se trata de una muy buena novela, como ya se ha dicho. Recomendable lectura que enganchará seguro a quien tenga la suerte y el acierto de leerla.

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