Reseña de la novela 'La red púrpura' (Alfaguara, 2019), de Carmen Mola

Reseña de la novela ‘La red púrpura’, de Carmen Mola

Los agentes de la Brigada de Análisis de Casos (BAC), dirigida por la inspectora Elena Blanco, buscan sin descanso y a contrarreloj el lugar en el que se está produciendo una tortura a una persona la misma noche en la que el Real Madrid y el Spartak de Moscú se enfrentan en un partido de Champions League. Llegan a un chalet donde vive, lo que diríamos, una familia normal. Les han engañado usando la IP de la conexión a Internet de la casa. Pero en la habitación del hijo, Daniel, descubren que el chaval está viendo, previo pago de miles de euros, la tortura orquestada por la Red Púrpura.

La red púrpura‘ (Alfaguara, 2019), de Carmen Mola (pseudónimo) es la segunda parte de ‘La novia gitana‘, la novela negra revelación del año 2018 ya reseñada en este blog. Si mientras que en la primera se trataba de descubrir al asesino de la joven gitana Susana Macaya, en esta segunda parte la inspectora Elena Blanco tendrá un objetivo personal: encontrar a su hijo Lucas, secuestrado años antes, con el temor de que sea uno de los chicos que torturan en vídeos snuff de la Red Púrpura.

Carmen Mola se adentra aún más en el lado oscuro de la vida humana, en la Deep Web, en lo más profundo de Internet, donde se compran y se venden órganos, donde se compran y se venden enlaces para ver, a través del ordenador o en directo, torturas mortales y peleas a muerte organizadas por la Red Púrpura. E incluso apostar por quién vencerá (vivirá) y quién perderá (morirá). Pero para llegar hasta aquí hay que pasar más de un nivel, no es nada sencillo ganarse las simpatías de los perturbados.

Lo hace con esta novela, en la que quizás el ritmo no es tan trepidante como en ‘La novia gitana‘, tiene un estilo similar, eso sí, pero el lector tendrá la sensación de no estar continuamente al borde del precipicio. En ‘La novia gitana‘ el lector se encontraba ante una narración mucho más vertiginosa, en una tensión mucho más continua, pero igualmente cinematográfica, jugando con poner al lector en varios focos de la acción de forma simultánea. Como hace Don Winslow en ‘El poder del perro.

Sin embargo, en ‘La red púrpura‘ esa sensación se diluye, se disuelve en una trama que hilando muy fino, como en la anterior, y descubriendo el pastel de algunas dudas que tenía quien les escribe estas líneas al terminar ‘La novia gitana‘, da más cabida a la confrontación o las tiranteces dentro de la BAC. Y da más cabida a las relaciones interpersonales, sexuales y tensas hasta casi romper la cuerda, dentro de la Brigada a medida que la inspectora deja su estilo dialogante por el dictatorial con secretismo. Todo ello pendiente de que el comisario Rentero no les corte las alas cuando la inspectora pide más dinero y agentes para llevar adelante la investigación.

Una brigada policial muy potente formada por muy pocas personas, Elena Blanco, Zárate, Chesca, Orduño, Buendía y la hacker sexagenaria, Mariajo, de mucho prestigio. Pero que se resquebraja tanto como el alma de la inspectora Elena Blanco cantando a Mina en su karaoke favorito, bebiendo grappa y teniendo relaciones sexuales esporádicas con hombres que conducen todoterrenos en el garaje de Didi, refugiándose en el bar donde Juanito el camarero le hace compañía.

Carmen Mola vuelve a demostrar tener un enorme domino del lenguaje (seguro que esta novela, como la primera, tendrá tantos defensores como detractores, o más) y plantea una novela negra buena, con algunos puntos predecibles, es cierto, que no dan lugar a la sorpresa. Y otros puntos en los que mezcla dar palos de ciego (los da los policías de la BAC, no la escritora) con casualidades que, de repente, cierran el círculo. Como el círculo, púrpura y rojo, de la portada.

La red púrpura‘ mantiene o lo pretende este estilo rápido hasta el límite con el didáctico, aportando numerosos datos históricos y sociológicos de los escenarios madrileños y españoles por los que transcurre la narración. Una novela en la que uno de los puntos fundamentales es la relación entre padres e hijos. ¿Puedes un padre o una madre amar y perdonar a un hijo que paga miles de euros para ver peleas a muerte y torturas en Internet? ¿Puede una madre querer a un hijo que cree que mata y tortura?

¿Podemos perdonar a un monstruo porque es de nuestra sangre? ¿O a los monstruos hay que encerrarles, les hayamos amado o no? Estas son preguntas que se hacen algunos de los personajes, incluida la inspectora Elena Blanco. Una mujer que, para quien escribe esta reseña de ‘La red púrpura‘, tiene reflejos que la asemejan a Raquel Murillo, la jefa del dispositivo policial de la serie La casa de papel.

Sobre todo en sus conversaciones en la BAC con un detenido por vender enlaces de la Red Púrpura, que, aunque en circunstancias diferentes, parece saberlo todo acerca de los policías de la BAC, como el personaje de El Profesor en la serie de Antena 3 (dos temporadas) y próximamente en Netflix (tercera temporada). Aunque, todo hay que decirlo, La casa de papel es mejor como serie de televisión que ‘La novia gitana‘ y ‘La red púrpura‘ como novelas. Es una obra maestra.

Igual que, para el autor de esta reseña de ‘La red púrpura, el inicio de esta novela y parte del argumento recuerda al episodio ‘Shut up and dance’ de la serie distópica Black Mirror, en la que al inicio el joven protagonista sufrirá amenazas tras ver un vídeo en Internet. Son, en primera instancia, las dos referencias televisivas más claras para quien les habla.

La red púrpura‘ muestra al lector la desesperación de una madre y lo destructivo que puede resultar cuando se mezcla con su trabajo policial, la corrupción policial y política, las vidas abandonadas de menores de edad y chicas jóvenes a las que nadie echa de menos. Y violencia, mucha violencia. Y dudas que, quizás, el lector no podrá resolver uniendo las tramas de las dos novelas. Porque algunas cosas se esclarecen. Y otras, quizás, nunca quedarán claras del todo (al menos para quien escribe este post). Eso puede ser bueno o malo. Depende de cada lector.

Carmen Mola ha llegado pisando fuerte al mercado editorial y a la novela negra española de esta primera mitad del siglo XXI. Lo ha hecho con dos novelas, ‘La novia gitana‘ y ‘La red púrpura‘, que pueden gustar tanto como desagradar. Es imposible contentar a todos. Es imposible tener del mismo lado positivo al cien por cien de los críticos y de los lectores. No lo consiguió, como ningún escritor, con la primera novela. Tampoco lo conseguirá con la segunda.

Pero las dos son novelas que hay que leer para poder criticarlas, en lo bueno y en lo malo. Así que, lector de esta reseña de ‘La red púrpura‘, ya sabe. Anímese a leerla y a juzgarla por sí mismo. Juzgue la coherencia de las dos novelas en conjunto. Juzgue el estilo de Carmen Mola. Juzgue el resultado final del puzzle, compruebe si todas las piezas encajan bien y si le gusta la imagen resultante.

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