Reseña de la novela La sangre del padre de Alfonso Goizueta

Reseña de la novela ‘La sangre del padre’, de Alfonso Goizueta

El joven Alejandro aún recordaba, en un futuro incierto, el día que mataron a su padre, el Rey de Macedonia, Filipo II. Fue tras la victoria de Queronea, cuando el hijo asciende al trono de su padre muerto, razón de ser para la que le había criado su madre, Olimpia. A partir de ahí, comenzará una aventura que le llevará a conquistar gran parte del mundo conocido, camino de Persia y el Este, en la segunda mitad del siglo IV a de C.

La sangre del padre (Planeta, 2024) es la novela con la que Alfonso Goizueta ha sido finalista del Premio Planeta 2023 (la ganadora fue Sonsoles Ónega con la novela Las hijas de la criada). Con una narración omnipresente en tercera persona, con algunos dejes de ensayo o libro de historia (anticipando hechos futuros en lugar de centrarse en la narración temporal del suceso de los acontecimientos), nos acerca una visión más cercana, humana y solitaria de la figura de uno de los grandes conquistadores de la Historia de la Humanidad.

Desde su ascenso automático al trono de Macedonio tras el asesinato de su padre Filipo II, Alejandro Magno tendrá la misión de superar los logros de su antecesor, un hombre cruel y demasiado severo con su hijo. Y tendrá que lidiar una vida alejada del poder de su madre Olimpia (que da título a la segunda novela de Laura Mas, centrada en el otro lado de esta historia, la vida de la madre de Alejandro Magno mientras él conquista el mundo).

La novela La sangre del padre de Alfonso Goizueta es un relato profundo de guerra y de la personalidad un hombre convertido en mito, pero al mismo tiempo un mito convertido en mortal. Alejandro Magno estaba predestinado desde su nacimiento a gobernar el mundo y a liberarlo de la opresión del resto de reinos, de sátrapas de Persia (su primer gran enemigo será Darío III, hijo de Sisigambis) y todo aquel que gobierne las tierras situadas al este de Grecia y Macedonia, pero también hacia Egipto -la parte gobernada por Persia, cuya capital era la grandiosa Babilonia con sus jardines, que tanto deslumbraron a Alejandro-. Y lo hará alejándose del poder de su madre, de su relación malsana, de su agobiante influencia.

Aquí verá el lector pronto un gran paralelismo entre Olimpia y Sisigambis, a la que Alejandro tratará más como a una madre que a la suya propia. Nacido en una noche de tormenta como señal de ser hijo de Zeus (los nacimientos en días tormentosos y de fuertes lluvias, tan mitológicos, también aparecen en novelas contemporáneas como 1Q84 de Haruki Murakami), estará predestinado a ser el rey del mundo, menos lo gobernando, al menos, por el Imperio Romano. Y por eso se embarcará en un viaje sin fin durante años, narrado de manera lineal por Goizueta (en las notas aclaratorias del final dirá por qué).

¿Quién fue Alejandro Magno y cómo pudo conquistar desde Macedonia hasta la actual La India, territorios tan vastos como la famosa y mítica Samarcanda en Uzbequistán (recomiendo muchísimo escuchar la canción Samarcanda de Roberto Vecchioni), hasta un Egipto en decadencia, llegando a Menfis, fundando Alejandría -fundó varias por todas sus conquistas- y cumpliendo el destino de ser hijo de Zeus Amón-Ra. Con licencias literarias a las que debe acogerse cualquier escritor que aborda una novela histórica, el finalista del Premio Planeta 2023 hace un recorrido bastante minucioso dentro de lo que cabe por su narración lineal y no basada tal cual en la realidad.

Así, presenta a un personaje histórico sobre el que hay ciertas lagunas como un hombre mortal pero destinado a ser el más grande. Un hombre forzado a casarse y a tener hijos pese a sus tendencias homosexuales, porque si su venerado Aquiles tuvo a Patroclo, Alejandro Magno tuvo a Hefestión, uno de sus hetairoi de máxima confianza (en el libro sólo abarca Goizueta a varias, como Hefestión, Laomedonte, Clito, Pérdicas o Ptolomeo). Porque todo gran rey tiene la obligación de tener descendencia y evitar lo que al final parece inevitable: una guerra civil tras su muerte para repartirse su imperio mientras su cadáver aún está caliente. Ya que no importa lo que digan los oráculos ni que las aves como el fénix sobrevuelen el oasis de Siwa: a mayor grandeza de un reino, mayor crudeza para repartírselo después.

Alejandro Magno vive, en la narración en tercera persona y con un estilo narrativo muy cuidado (la primera frase de la novela falla, pero no lo hará casi nada en el resto salvo por alguna palabra mal escrita) de La sangre del padre, en un continuo tira y afloja. En una buena novela, además de acción, tiene que haber reflexión y conflicto, porque eso es lo que mueve la trama: el arco de los personajes, que no acaben tal cual empezaron. Con un estilo sobrio, muy poético y, al mismo tiempo, crudo y directo cuando debe, Goizueta nos presenta todas las fortalezas y debilidades de Alejandro, siempre a lomos de su caballo Bucéfalo, incluso frente a las grandes bestias como los elefantes en La India.

Porque cuanto más se aleja de Olimpia y se ve envuelto por el embrujo de Persia y Oriente (como el del eunuco Begoas, guardián del harén de Darío III), más se aleja de sus raíces y de sus amigos. Sus hetairoi y sus soldados, en momentos de gran tensión, vivirán alejados de sus tierras por el deber de acompañar a su rey, en la difícil diatriba de obedecer aunque la sinrazón de Alejandro les lleve a la muerte, o desobedecer y posiblemente morir por la ira del Rey. La sangre del padre se centra mucho en las traiciones de palacio, en las estrategias de guerra, en el aspecto militar, pero también en el dolor humano, la soledad, la muerte, las esperanzas de gloria en un camino sin fin hacia los confines del mundo, mientras otros no quieren más que volver a lo que un día fue su hogar, pero dejó de serlo.

La obsesión del Rey de Macedonia es un tema que, además de lo que hoy llamaríamos la salud mental de Alejandro Magno, sobrevuela en toda la novela. Como la ironía de ver a Alejandro Magno creyendo que Sisigambis -abuela de Estatira y Dripetis– es una madre totalmente diferente a Olimpia, cuando son las dos caras de la misma moneda, dos gotas del mismo agua que cae de los cielos para nutrir la tierra que los propios dioses, jugando con los mortales, ven enrojecer por la sangre de los infieles o de los pueblos que adoran a otros dioses. Mientras los hombres se dejan guiar por la influencia de los símbolos y señales de las deidades, procedentes de los astros o las aves.

Los hombres de gran poder a lo largo de la Historia de la Humanidad siempre son los más expuestos a las peores traiciones. La Historia está llena de hombres y mujeres poderosos que han sido asesinados, traicionados y mucho más por quienes están más cerca de ellos. Le pasó a Filipo II (la propia Olimpia fue sospechosa de su muerte) y esa sombra estará, como la espada de Damocles, en ciernes sobre la vida de Alejandro Magno. Que se verá afectada, en primera persona, por los casamientos tan habituales para unir a los diferentes reinos a medida que se conquistan -los matrimonios para crear alianzas como estrategia geopolítica-.

Además de adoptar una versión sobre quién fue el padre de Alejandro Magno, la novela La sangre del padre no tiene que verse como una biografía, ni siquiera como una biografía novelada. Con alguna pasaje con errores al presentar a los personajes de forma extraña, momentos en los que se anticipa a lo que sucede en el futuro con varios de ellos, la novela tiene mucha calidad, es fácil de leer, con una narración elegante. Con alguna expresión que suena algo extraña (como el adjetivo ensopado para referirse a la humedad de las ropas), Goizueta se enfrenta al reto de convertir en un hombre a una especie de semidios.

Esta novela, La sangre del padre, finalista del Premio Planeta 2023, es un recorrido de ficción muy interesante sobre la vida y muerte de Alejandro Magno. Un hombre rodeado de misterio de principio a fin de su existencia, y aún lo es hoy en día. Y es verdad que tiene algún error narrativo -como no saber en qué momento Alejandro recuerda el día que mataron a Filipo II, parafraseo del inicio de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez-, pero salvando este tipo de detalles, la novela es buena.

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