reseña de la novela Hombres desnudos, de Alicia Giménez Bartlett (Premio Planeta 2015)

Reseña de la novela Hombres desnudos, de Alicia Giménez Bartlett (Premio Planeta 2015)

Irene Sancho es una mujer que ha pasado los 40 años de edad y tras años de un matrimonio anodino con un hombre, David, con quien se casó por recomendación de su padre, se queda sola. David le pide el divorcio porque ha conocido a una mujer joven, una traductora simultánea, y decide dejarla. Irene nunca ha estado sola en toda su vida, a pesar de ser huérfana de madre, su padre siempre estuvo con ella. Ahora se enfrenta a un futuro incierto y tambaleante en el que, además, tiene que mantener una empresa heredada de su padre y que está al borde de la quiebra por culpa de la crisis económica.

Con la novela Hombres desnudos (Planeta, 2015) Alicia Giménez Bartlett ganó el Premio Planeta 2015. Es una historia a la que hay que sumar otros personajes, como Javier, un profesor de Literatura que es despedido del colegio de monjas en el que trabaja y que vive con su pareja, Sandra, economista que trabaja en un puesto de administrativa. Pero la vida en el paro le resultará muy complicada, caerá prácticamente en una depresión y únicamente la extraña aparición en su vida de Iván, un stripper que trabaja en un club de Barcelona, le salvará, a priori, la vida.

Porque a Iván, un joven inculto en cuanto a conocimientos académicos pero sabio en la que se suele llamar «universidad de la vida» o «la calle», le propondrá que trabaje en el club con él tras conocerle porque Javier fue al funeral de la abuela de Iván. La señora era, a su vez, amiga de la abuela de Javier. En el funeral se conocen y sus mundos, tan opuestos (Javier, muy educado y gran aficionado a la lectura; Iván, inculto y stripper), chocan en más de una manera.

La novela Hombres desnudos no responde al canon habitual de estilo narrativo. Está narrada en primera persona, sí, lo cual es muy habitual en la novela. Pero en múltiples primeras personas, ya que a lo largo de todo el libro se intercalan las primeras personas de todos los personajes (Irene, Javier, Iván, Sandra…), de estos más importantes y también de otros secundarios con un poco menos peso en la trama, pero importantes igualmente: Sara y Genoveva, una conocida de Irene que vive una vida con muy mala fama.

Y precisamente a Genoveva acudirá Irene Sancho tras el divorcio, mientras todo se desmorona en su vida, deja de hablar y quedar con sus viejas amistades y cada vez está menos apegada a un trabajo que hasta ese momento era toda su vida. Y Genoveva, una mujer en la cincuentena, la adentrará en el mundo de la prostitución masculina. Un aspecto muy poco explorado en literatura en comparación con la prostitución femenina o la trata de blancas con fines de explotación sexual.

El mundo de los gigolós, hombres strippers o prostitutos está oscuro en el mundo literario, pero tenemos buenos ejemplos, de temática parecida a la novela Hombres desnudos, en argumento y en cuestiones como la obsesión, en otras novelas como La carne, de Rosa Montero. En esta de Alicia Giménez Bartlett veremos a una Irene que poco a poco caerá en una espiral de la que será difícil salir y en la que encerrará a Javier.

Javier, como profesor de Literatura y huérfanos de ambos padres, es en personalidad y estilo de vida lo opuesto a un stripper y a un prostituto, lo que acaba siendo aun sin querer y hay pocas cosas peores que ser lo que no quieres y renegar de ello siempre. ¿Quién soporta verse a sí mismo y no aguantar lo que uno hace para vivir y renegar de sí mismo? Mientras que a Iván, hijo de una familia desestructurada, casi no le quedó más remedio que sobrevivir de esta manera. Pero libros como la novela Hombres desnudos nos muestran cómo los opuestos no simplemente se atraen, sino que se atraen y se repelen de una manera extraña, como ellos dos.

Los choques entre las personalidades de los cinco protagonistas de la novela es tremendo. En parejas o en tríos e incluso cuartetos. Javier y Sandra chocan absolutamente cuando él empieza a trabajar en el club. Iván y Javier chocan pero se convierten en unos extraños amigos. Genoveva e Irene son parecidas, mujeres de la alta sociedad, pero con personalidades extremadamente diferentes (Genoveva, muy libertaria e Irena muy retraída y desconocedora absoluta de los placeres del sexo y de la carne). Ellas dos chocarán a su vez con Iván y Javier. Iván lo hace con Genoveva porque aunque es una clienta que le paga bien, no la soporta…

Este libro, la novela Hombres desnudos, con una trama genial, es un continuo choque de trenes y personalidades a punto de explotar en cualquiera momento. El ritmo es muy fácil de leer, el estilo narrativo es brillante y la historia es desde el primer momento muy buena. Al principio trata de problemas normales de la vida. Unos mueren y otros se divorcian, unos pierden su empleo y otros deben intentar mantener su empresa a flote. Esa primera fase de la novela acabará desembocando en los peligros de la traición, el sexo desenfrenado, el alcohol, la obsesión, las mentiras, los engaños, el machismo recalcitrante de Iván y la inestabilidad psicológica de Irene…

Y un aspecto muy importante: las diferencias de clases sociales y el peligro que supone jugar con quien es o aparenta ser o es tratado como de una clase social inferior. Los opuestos, son en la novela Hombres desnudos el gran eje central de la narración. Iván vive en un mundo opuesto al de Genoveva, aunque coincida en el ámbito de la prostitución. Lo mismo sucede al principio entre Iván y Javier, quien siempre renegará de su nueva ocupación para ganar dinero. Y entre Javier e Irene hay un abismo peligrosísimo. Ella tiene con él una relación tóxica, en la que en el centro de todo está el dinero que le paga por su compañía y el sexo. Y si surgen sentimientos, estamos ante una bomba a punto de explotar.

Porque Irene ve a los hombres como meros hombres desnudos en el mundo. Al principio no los ve ni como seres sexuales en lo más mínimo, yerma tras un matrimonio de sexo casi obligatorio, pero nada placentero. Luego, evolucionará y empezará a sentir atracción por pagarles simplemente para que se desnuden. Y al final llegará al éxtasis de disfrutar del sexo salvaje y sin compromisos. O con compromisos extraños, jugando con un fuego que no es el de un simple mechero cuya llama se mueve un poco con una brizna de viento y nos produce una pequeña quemadura en un dedo.

En la novela Hombres desnudos de Alicia Giménez Bartlett (de quien hace tiempo publiqué una reseña de su novela Mi querido asesino en serie) exploramos los mundos oscuros de la prostitución masculina. La oscuridad del odio, del placer al borde de un precipicio con malas consecuencias por no controlar los impulsos. Y la oscuridad de la toxicidad en las relaciones personales, además de las diferencias de clases, de cómo los humanos nos utilizamos los unos a los otros y jugamos con los demás como si fueran juguetes sin sentimientos.

Como conclusión, tanto por trama, como por estilo narrativo, trazado de la psicología de los personajes y la capacidad de colocarnos en clases y lugares sociales tan diferentes, Alicia Giménez Bartlett es merecedora sin dudas del Premio Planeta 2015 con su novela Hombres desnudos. Un libro que nos adentra en el miedo, la desesperación, el desencanto, el odio intrafamiliar, a la contraposición de los instintos animales más salvajes que todos tenemos en nuestro interior frente al raciocinio y a la gran ficción que es la vida en sociedad. Y esa ficción, de vez en cuando, se cae. Algo falla en Matrix que hace funcionar el sistema o que, al contrario, hace que se rompa. Porque del sexo a la muerte, aunque parezca mentira, dependiendo de las circunstancias no hay más que un paso muy corto.

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