Portada de la novela La carne

Reseña de la novela ‘La carne’, de Rosa Montero

Una mujer que está a punto de cumplir 60 años, Soledad Alegre, decide contratar a un scort (prostituto, puto, chico de compañía o como quiera decirlo el lector) para ir con él a la ópera Tristán e Isolda en el Teatro Real de Madrid y dar celos a Mario, su ex-amante, que le ha dicho que irá también, pero con su pareja.

La carne‘ (Alfaguara, 2016) es la última novela de la periodista y escritora Rosa Montero y narra así cómo una mujer madura no es capaz de asumir el peso de la edad, al que nadie puede escapar, por muchas cremas y artificios que se usen. Incluso haciendo el mayor de los ejercicios, los años pasan, la piel se estropea y gana en flaccidez lo que pierde en tersura. Y al final, está la muerte. El fracaso más absoluto: el de la vida frente a su gemela.

La muerte de la carne y del espíritu, del cuerpo y de la mente, que unas veces llega a antes y de golpe, otras más tarde y de forma escalonada y jaleada por enfermedades. De una manera u otra, Soledad Alegre (nombre irónico donde los haya y que perseguirá a la protagonista) decide combatir el destino que todos llevamos escrito. Tras dar tumbos por Internet y entrar en una página web llamada ParaComplacerALaMujer.com, decide contratar los servicios de Adam.

Adam tiene 32 años, es decir, casi 30 menos que ella. Y en él ve la posibilidad de dar celos a su examante, demostrándole que no solo ha pasado página, sino que lo ha hecho con uno mejor que él. Propio de las competiciones en las que gana quien antes demuestra haber superado el pasado con más nota que el contrincante. Propio de quienes llevan la vida como una competición al límite de lo absurdo.

Sin embargo, lo que debe ser una noche de compañía para dar celos se complica cuando un hombre roba y acuchilla al dueño chino de una tienda y Adam le detiene y le pega una serie de puñetazos violentos en la cabeza hasta estar a punto de matarlo, si no es por la acción de la Policía. Soledad se preguntará si esa violencia es lógica y si una buena persona sería capaz de ser así de violento, incluso para detener a un delincuente.

La carne‘ es una novela en la que Montero se adentra de lleno en la psicología de una mujer de 60 años a la que el miedo a morir y a fracasar le puede hacer sufrir ataques de pánico, pero no vencen al deseo carnal, a la lujuria, al erotismo y al sexo. La locura de la carne llega a su vida en forma de joven ruso de 32 años.

Pero Soledad está aferrada a la vida cueste lo que cueste. El deseo es más poderoso que la razón: el sexo es más poderoso que la lógica y la precaución. Y Soledad no podrá evitar caer rendida al pecho de su amante. ¿Pero hasta cuándo será su amante? ¿Dejará de serlo en algún momento?

Soledad mantendrá una tensa relación con Adam, en la que verdades y mentiras se cruzarán continuamente, ocultando unos secretos y mostrando otros. Mientras tanto, caer en las garras del sexo y la carne no podrá hacer que Soledad pierda de vista las dos dedicaciones de su vida: ser comisaria de exposiciones y cuidar de su hermana, Dolores. El otro lado de la balanza en la vida, aún más si cabe cuando uno de los pesos se lleva al límite: el placer frente a las obligaciones laborales y familiares.

Rosa Montero nos muestra una gran novela emocional sobre el miedo a morir, sobre el miedo a fracasar, sobre el miedo al paso del tiempo y las marcas que deja en nosotros: en nuestra mente, pero también en nuestros cuerpos. Es esta parte, la carnal, la que más preocupa a Soledad, aunque el temor al deterioro de sus facultades mentales también está presente. La que más se transmite en esta novela, magistralmente escrita y que cuenta con personajes tanto ficticios como reales, en el mundo de la literatura y de las letras en España y el mundo.

Es así porque la periodista y escritora se sumerge de lleno en una narración en la que la literatura, el periodismo y el arte también tienen su papel. Con menciones a personas reales, como Ana Santos Aramburo, la directora de la Biblioteca Nacional, donde Soledad está preparando una exposición sobre escritores malditos (la definición que Soledad da sobre qué es un escritor maldito es tan rotunda como brillante, poética, fascinante y real).

Aramburo, por decirlo cinematográficamente, «hace de ella misma» (no es la única, pero no se desvelará más en estas líneas) o se interpreta a sí misma en ‘La carne‘. Y algunos escritores malditos también, aunque como recuerdo de lo que fueron, de lo que escribieron y de lo que, sobre todo, sufrieron como malditos en vida para ser recordados tras su muerte: como genios incomprendidos que no encuentran un lugar en la vida porque su genio, su literatura, su arte, no pertenece al tiempo que les ha tocado vivir. Por machismo. Por incomprensión. Por lo que sea.

Soledad, en cambio, sí pertenece a su tiempo. Es una mujer que se niega a madurar y que siente repulsión por los hombres feos, gordos y calvos. Como si fueran enfermos. Mientras, ella hace todo lo posible por mantenerse joven y bella y siente predilección y atracción por los hombres atractivos, jóvenes si puede ser, no demasiado, o maduros. Pero atractivos, con buen físico.

Como si el buen físico fuese la piedra filosofal no solo frente al envejecimiento, sino frente a la misma muerte. Pero no es así. La realidad, la dura realidad, la vive Soledad lo quiera o no lo quiera. Con sus altibajos, con sus momentos de pasión y sexo, pero también con sus momentos desquiciados. Todo ello intentando nivelar la balanza de la vida pública y la privada procurando que nadie se entere de que paga a un prostituto por su compañía y su cuerpo.

La carne‘, vibrante, potente, clara, muy bien escrita, narra la vida de una mujer demasiado preocupada por su aspecto físico, por no envejecer, por no morir en un mundo donde prima la imagen sobre la palabra, el cuerpo sobre la mente. El físico sobre lo intelectual. Lo atractivo frente a lo no atractivo. Una novela muy realista, de buen ritmo, aferrada a la realidad de la que huye su protagonista.

Porque la carne se degrada y acaba fláccida. Acaba formando parte, finalmente, de un cadáver. Hasta que solo quedan los huesos. Aunque algunas personas, como Soledad Alegre, parezcan comportarse más como un hámster dando vueltas en una rueda que como humanos, siempre girando sobre la incapacidad de no asumir que el deterioro llega y acaba siendo definitivo.

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