Chen Cao, ex inspector jefe y ex Vicesecretario del Partido en el comisaría de Shanghai, viaje en autobús al cementerio de Shuzou para limpiar la tumba de su padre, un neoconfuciano que sufrió la Revolución Cultural de Mao Zedong. Cao, que ha sido nombrado Director del Comité para la Reforma Legal de Shanghai, decide reformar la tumba de su progenitor y cuando quiere regresar a Shanghai, pierde el autobús y camina bajo la lluvia hasta que lo recoge una joven llamada Qian. Ella lo confunde con un inspector privado y le encarga un caso, que él tardará en aceptar, pero que le cambiará la vida, poniéndole en peligro.
El dragón de Shanghai (Editorial Tusquets, 2016) es la novena novela policial de Qiu Xiaolong protagonizada por Chen Cao y, ambientada en torno al año 2013, muestra a un Chen Cao desencantado totalmente con su trabajo policial ante las dificultades que entraña estar siempre sometido a los intereses del partido. Muy pronto descubrirá que alguien va tras él, así que dividirá sus últimos casos investigados o por investigador junto a su sucesor en la comisaría, el subinspector Yu Guangming, al frente ahora de la Brigada de Casos Policiales de la Comisaría de Shanghai.
Entre los dos tratarán de descubrir qué pone en peligro a Chen Cao, quien durante años ha sido un buen policía, lo más íntegro que ha podido, pero que con el paso de los años se ha ido distanciando mucho del Secretario del Partido Li y se ha ganado enemigos de poder entre los altos cargos del Partido por sus investigaciones policiales. De manera que ahora, además de pensar en aceptar el caso de la joven Qian, que canta en el club de Ópera de Shuzhou, investigará la reciente desaparición de Liang, un empresario de una empresa que suministra mobiliario para el tren de alta velocidad de Shanghai y envuelto en una búsqueda de carne humana: los llamados Ciudadanos de la Red publican información en blogs de Internet fuera de las vías oficiales sobre sus supuestas corruptelas con el Partido.
Pero el ex inspector jefe Chen Cao no puede investigar el caso como agente de policía que ya no es, aunque su fama le precede allá donde va, como una figura legendaria que investiga caiga quien caiga. Entre algunos compañeros de otras comisarías, como el agente Huang de Wuxi -que reaparece en El dragón de Shanghai tras aparecer en El crimen del lago-, su fama de policía y traductor de novelas de misterio también le hacen famoso. Y así, con sus contactos, se adentra en el caso al mismo tiempo que lo hace el subinspector Yu Guangming y su esposa Peiqin, la que, una vez más, ayuda a Chen Cao en un caso policial.
Como parte de la trama, los dos interrogarán a la esposa de Liang, Wei, apodada tigre blanco, una alusión sexual de mal gusto acerca de que tiene el pubis depilado. Y de tigres y dragones va esta novela de Qiu Xiaolong, porque en las diferentes tramas se verán envueltos protagonistas como Lai, el Secretario del Partido en Shanghai, un dragón azul con opciones de llegar a altos cargos del Partido Comunista en el país; además de su mujer, Kai, una empresaria que montó una agencia de Relaciones Públicas y trabajaba para Liang. Igualmente, a lo largo de la novela irá cobrando protagonismo, por diversas fuentes, la muerte de un estadounidense en Sheshan.
De esta manera, la novela El dragón de Shanghai de Qiu Xiaolong se presenta como una investigación clandestina por parte de Chen Cao, quien sabe que su nuevo cargo no es más que una estrategia de altos cargos del partido para apartarle de la policía. Y lo ve como una manera más de hacer justicia. Como hizo en otros casos narrados en novelas previas con las que esta guarda relación, como Seda roja. En estas dos aparece Nube Blanca, quien fue pequeña secretaria (xiaomi) de Chen Cao mientras traducía un plan de marketing para el empresario Gu Haiguang. Ahora, dueña de una peluquería, Nube Blanca seguirá siendo fiel a Cao y le ayudará en todo lo que pueda. Hasta para cuidar a la muy anciana madre de Chen Cao, un aspecto en el que el protagonista, pese a que todo el mundo le dice que es un buen hijo, siente que no lo es porque no la cuida como debería por sus obligaciones policiales.
La novela El dragón de Shanghai, narrada en tercera persona, con un estilo soberbio y traducida por Victoria Ordóñez Diví de nuevo en la edición de Tusquets Editores, es una muestra más de la soledad de Chen Cao en la policía de Shanghai, una novela coral en la que quienes más le ayudan, a excepción del subinspector Yu Guangming y algún que otro agente como Huang, no son policías. Una novela en la que de nuevo la sociedad china de los siglos XX y XXI queda retratada, con aspectos como los intentos del Partido de esconder escándalos como la aparición de miles de cerdos muertos en el río Huangpu, que es uno de los casos que Chen Cao tenía en su despacho antes del cambio de puesto.
El poder de la saga policial del inspector jefe Chen Cao escrita por Qiu Xiaolong, a pesar de algunas repeticiones excesivas en las tramas, en los refranes o en los dichos populares chinos, es el de ser como un cirujano que busca extraer el cáncer de un cuerpo. Como alter ego de Xiaolong, Chen Cao siempre está en el ojo del huracán en una sociedad china que cambia a ritmo vertiginoso, como si el mar azul se convirtiera en un campo de moras, una metáfora usada por El Viejo Cazador, que es el padre del subinspector Yu, policía retirado y que en la novela El dragón de Shanghai ayudará a Chen Cao desde su trabajo en una agencia privada de detectives.
En toda la saga se han repetido temas como el bien del partido por encima de todo; el «error bienintencionado» que fue la Revolución Cultural de Mao Zedong; la diferencia social entre los ricos llamados Bolsillos Llenos y la población pobre; las continuas referencias a poetas clásicos chinos por parte de Cao; o los contactos blancos (legales) o negros (las mafias) de los empresarios para que sus negocios, como clubes en los que se ejerce la prostitución de manera ilegal, pero permitida.
Y en los últimos años y novelas, el desarrollo urbanístico de las ciudades, la corrupción política asociada, las xiaomi o ernai (amantes mantenidas) de Bolsillos Llenos y Cuadros Superiores, la publicación de noticias y denuncias de corrupción en blogs de Internet -de lo que trata, en parte, El enigma de China– y la sostenibilidad ambiental en peligro por culpa del desarrollo económico del país. Todo eso se mezcla, una vez más, en diferentes dosis, en El dragón de Shanghai.
Qiu Xiaolong ha mostrado una evolución formidable del personaje principal de sus novelas, Chen Cao: desde sus inicios, con una personalidad más tímida por su ascenso meteórico en la Policía de Shanghai porque las políticas gubernamentales favorecía el ascenso de jóvenes a cargos de dirección, hasta el final, con una mentalidad más seria, mucho más cortante y firme en ocasiones. Cao se ha ido desilusionando con el paso del tiempo, sin llegar a ser el profesor universitario ni el poeta que siempre quiso ser, para lo que estudió en la universidad. Pero el Partido, como universitario que fue, eligió su profesión y le cambió la vida.
El personaje de Chen Cao es un Quijote más de la literatura, aunque no haya citas directas a la novela de Miguel de Cervantes en la saga de Qiu Xiaolong: un hombre que tiene una misión, la de hacer justicia y desfacer entuertos, pero no en la Castilla de los siglos XV y XVI, sino en la China de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Ese es el poder de Cervantes: Don Quijote de La Mancha se sigue reencarnando, siglos después, en múltiples personajes de ficción en la literatura y el cine mundial.
Y lo hará -el ex inspector jefe Chen Cao- aunque su vida y las vidas de los que están a su alrededor corran peligro, aunque Cao intentará que no sea así porque es un hombre justo, tan alejado de los desalmados que tienen el poder en los altos cargos del Partido en Shanghai y en Pekín. En la novela El dragón de Shanghai se ve el alud que se cierne sobre él y quiere sepultarlo, un alud de nieve que se ha ido formando durante casi dos décadas de investigaciones.
Ya queda muy lejos la trama de comienzos de 1990 de la novela Muerte de una heroína roja, pero como si del eterno retorno se tratase, bajo el poder del Secretario del Partido en Shanghai Li, vuelven a la ciudad las canciones rojas de la Revolución Cultural. Una vuelta al pasado del Partido en su intención de buscar armonía social y estabilidad, para conseguir que el Partido Comunista gobierne mil años en China. Porque, como dice el lema citado varias veces en la novela, sólo el Partido Comunista puede salvar a China. Y para muchos, la testarudez de Chen Cao, cuyas investigaciones siempre salpican a altos cargos del partido, va en en contra de esa idea. La salvación, religiosa o del tipo que sea, ya se sabe que tiene muchas caras, muchos nombres, muchos padres y muchas justificaciones.
En definitiva, la novela El dragón de Shanghai de Qiu Xiaolong es una novela policial imprescindible, como toda la saga, para el lector del género. A lo largo de todos libros de los que he escrito reseñas, la evolución de Chen Cao ha sido perfecta, con tramas complejas y bien enlazadas. Y, debido a las últimas traducciones consecutivas de Victoria Ordóñez Diví en Tusquets Editores, incluso la traducción al español ha ganado en calidad, ya dije en anteriores reseñas que había incluso nombres propios de personas y lugares traducidos de maneras diferentes en los libros de Almuzara, que empezó a publicar la saga en España.
