Reseña de la novela El caso de las dos ciudades de Qiu Xiaolong

Reseña de la novela ‘El caso de las dos ciudades’, de Qiu Xiaolong

Un policía recibe un aviso en la comisaría de Fujian, un soplo anónimo de una persona que dice que vaya a la habitación 135 del hotel El Dinero Borracho y el Oro Ebrio. Al llegar, a pesar de que estas llamadas suelen ser llamadas falsas, pide ir a esta habitación. En su interior, encuentra el cadáver del inspector Hu Tiang, acompañado de una prostituta desnuda. Tiang se encontraba investigando un caso de corrupción relacionado con altos cargos del Partido Comunista Chino, que pasará a las manos del joven inspector jefe Chen Cao.

El caso de las dos ciudades (Editorial Almuzara, 2009) es la cuarta novela de la saga policial de Qiu Xiaolong. Traducida por José Luis Moreno-Ruiz, el escritor de Shanghai prosigue las andanzas del inspector jefe y su ayudante el inspector Yu Guangming, en esta ocasión para investigar los negocios ilegales de Xing Xing, un empresario chino con conexiones con altos cargos comunistas corruptos y que ha huido a Estados Unidos.

La investigación pronto cobrará máxima importante, ya que el camarada Zhao, un alto cargo, le encomienda a Chen Cao el encargo de investigar con plenos poderes, se vea involucrado quien sea, como un antiguo enviado del Emperador porque la investigación la ordena del Comité de Disciplina del Partido. Pero será muy compleja, porque la corrupción del PPC no queda sólo en eso, sino que el inspector jefe tendrá siempre la sensación de que su vida corre peligro.

Sin embargo, pronto recibirá un encargo paralelo y que le impedirá investigar en Shanghai: tendrá que ser el representante de una delegación de escritores chinos que viaja a un encuentro con colegas estadounidenses en Los Ángeles. Eso le hará alejarse, además, de la investigación de la muerte de la periodista An Jiayi, una famosa presentadora de televisión, fundadora de una agencia de Relaciones Públicas y excompañera universitaria del inspector. Todo parece indicar, cuando Chen Cao va atando cabos, que alguien muy poderoso relacionado con el caso le aleja de Shanghai moviendo los hilos para que sea responsable de la delegación de escritores. Y en comparación con las novelas premias de la serie, ahora incluso se le nota más seguro de sí mismo, tímido con las mujeres, pero algo más respondón o contestatario con su jefe en la Asociación, pese a que finalmente cede.

Así que, como sucedía en novelas anteriores de la saga, como Cuando el rojo es negro, Chen Cao y Yu Guangming realizarán una investigación en paralelo, con un plus de peligrosidad. Mientras Cao, con dificultades, trata de mantener el orden en la delegación -sobre todo ante las reticencias del anciano Bao, un anciano poeta proletario-, no puede realizar ninguna investigación policial para no tener ningún problema diplomático en Estados Unidos. Aun así, por medio de algunos contactos, tratará de estar cerca de Xing Xing, cuya madre es una budista muy preocupada por sus hijos. Xing tiene un hermano, Ming, posiblemente relacionado con la trama corrupta, detrás de quien irá el inspector Yu, ayudado por su esposa, Peiqin, que ya cobró mucho protagonismo en la investigación de la novela anterior.

En la novela El caso de las dos ciudades, vemos la gran prosa de Qiu Xiaolong, traducción mediante. Un aspecto en el que hay que mencionar que la trama no tiene la uniformidad precisa al tener varios traductores. Este punto se deja notar un poco en esta novela, aunque menos que en al anterior, eso sí. Lo que se mantiene en común con toda la serie de novelas iniciada en Muerte de una heroína roja, es en la reiteración de los temas comunes y referencias a poetas clásicos, como el siempre presente Su Dongpo: sigue la política de distensión política entre China y Estados Unidos; la relación entre el presente y los hechos sucedidos de la Revolución Cultural; y la relación entre la expansión económica privada de los empresarios ricos o «bolsillos llenos» y la corrupción de altos cuadros e hijos de cuadros superiores (HCS).

De manera que en una doble vía de investigación, si bien es cierto que desequilibrada (la investigación de Chen Cao y su vida como representante de la delegación de escritores chinos tiene muchas más páginas que la investigación del inspector Yu en Shanghai), atraerá al lector de El caso de las dos ciudades. Chen, además de tener las manos atadas por decisiones políticas de Zhao -toma el relevo como superior del inspector jefe que en novelas anteriores siempre ha tenido el camarada Secretario del Partido Li-, las tendrá porque no está en misión policial oficial, sino de incógnito. De hecho, el inspector Yu ya le avisa antes de partir de improviso a Estados Unidos, en calidad de escritor de la Asociación de Escritores Chinos, que cree que su intervención será un show para aparentar que se lucha contra la corrupción política, pero de mentira.

El inspector jefe Chen Cao se tomará su trabajo en serio, además del cuidado de su madre en Shanghai, a la que, por temor a represalias por su investigación, deja al cuidado de Yu, Peiqin y Nube Blanca, la pequeña secretaria (xiaomi) que le mandó el empresario Gu Haiguang en el caso anterior. Y, por sorpresa, tendrá la compañía de la inspectora Catherine Rohn, US Marshall del Departamento de Justicia de Estados Unidos a la que conoció en la trama de la novela Visado para Shanghai, en la que investigaron a las tríadas chinas en un caso de inmigración ilegal a Estados Unidos. De hecho, la sombra de esta inmigración está al acecho en El caso de las dos ciudades, ya que Chen Cao debe vigilar que ninguno de los escritores del viaje deserte y se quede en Estados Unidos.

Rohn, sin embargo, tendrá que hacer lo mismo que le inspector jefe: fingir que no es policía, sino que es una simple traductora enviada por la universidad. Eso sí, su llegada se producirá para sustituir al joven traductor de la delegación china, que es asesinado en St. Louis durante una de las excursiones del grupo. De forma que la relación de amistad y la tensión sexual entre ambos, ya nacida en Visado para Shanghai, aumenta en la novela El caso de las dos ciudades. Y en este punto entra en juego una narrativa muy dulce y poética, frustrante de verdad, al ver cómo los dos afrontan su relación de incógnito con las dificultades que tienen ante sí.

Además, la presencia de los escritores chinos en Estados Unidos (en St. Louis, Missouri, vive precisamente Qiu Xiaolong) permitirá conocer las diferencias culturales entre ambos países en momentos de apertura y distensión. A pesar de que la acción se centra en parte en los encuentros literarios, sólo hay ciertas pinceladas entre la diferencia que existe el grado de conocimiento de los autores en sus respectivos países. Mientras que a la novelista Shasha no le urge tanto que la conozca, el más beligerante es Bao, que se irrita porque sus libros de poesía no están en las bibliotecas estadounidenses y no se le conoce. Este enfrentamiento cultural es interesante en El caso de las dos ciudades, aunque el autor no lo trate en profundidad.

La cuarta novela de la saga policial de Qiu Xiaolong protagonizada por el inspector jefe Chen Cao seguirá la dinámica coral de las anteriores, con el padre del inspector Yu, el Viejo Cazador, siempre ayudando como policía retirado, pero a la caza de ratas rojas, como llama a los miembros corruptos del Partido Comunista Chino. Ellos, incluso el empresario Yu Haiguang, son los únicos de los que el inspector jefe se puede fiar, ya que no sabe quién podrá atacarle desde dentro del PPC si remueve el avispero de la corrupción política en China. Se supone, claro, con el apoyo incondicional del camarada Zhao al darle por escritor el permiso de ser un enviado del Emperador con plenos poderes, pero sólo en territorio chino. Pero al estar en Estados Unidos, poco realmente puede hacer.

En definitiva, la novela policial El caso de las dos ciudades de Qiu Xiaolong nos mantendrá en alerta en una investigación policial complicada por la falta de información y los dobles intereses del caso: por un lado, la labor policial sin descanso y honesta del inspector jefe Chen Cao y el inspector Yu; por otro, los intereses del Partido, siempre por encima de cualquier otra cosa -con sus tiranteces lógicas con la información perjudicial que pueda publicarse en la prensa-, incluso, por supuesto, de la libertad real de movimientos de los policías. Por eso, esta novela sigue de manera extraordinaria el legado de las anteriores, porque si una novela policial ambientada en países democráticos da más juego al punto policial, en el caso de estas novelas de Qiu Xiaolong, con la lectura de escritor crítico con el comunismo chino siempre presente, cobra mucha más importante ese lado político, ese corsé ideológico, esas cuerdas que maniatan al inspector jefe Chen Cao.

Un poeta, un inspector, un soñador con valores, un romántico y un gourmet de la buena gastronomía. Un punto a tener en cuenta, porque la literatura costumbrista de Qiu Xiaolong tiene como protagonista muy importante la tradición china, la vida diaria de las clases bajas, la gastronomía popular y la historia literaria del país, así como las continuas menciones a Confucio, poetas chinos y a las consecuencias de la Revolución Cultural de Mao Zedong décadas después del periodo. El caso de las dos ciudades no podía ser menos en este sentido que las tres anteriores, ya reseñadas en este blog: Muerte de una heroína roja, Visado para Shanghai y Cuando el rojo es negro.

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