reseña de la novela La niebla y la doncella, de Lorenzo Silva

Reseña de la novela La niebla y la doncella, de Lorenzo Silva

Dos agentes, Siso y Ruth Anglada, están de guardia nocturna en la isla de La Gomera. Ven pasar un coche, un BMW rojo ranchera, y Siso, jefe de la patrulla, cree que sucede algo extraño. Anglada conduce siguiendo al vehículo, pero lo pierden. En un momento dado, en su búsqueda, descubren el cadáver de un joven llamado Iván López von Amsberg. El caso concluye sin que haya ningún acusado, aunque el principal sospechoso haya sido Juan Luis Gómez Padilla, vicepresidente del cabildo insular y dueño del vehículo. Dos años después, el caso se les asigna al sargento Rubén Bevilacqua y a la cabo Virginia Chamorro.

La niebla y la doncella (Ed. Destino 2002), de Lorenzo Silva, es la tercera novela de la saga de Bevilacqua y Chamorro, que nos traslada al archipiélago canario. La resolución del caso será complicada, teniendo en cuenta que el principal acusado resultó ser inocente en el primer juicio. Pero las autoridades del cabildo, como el subdelegado del Gobierno canario, cuñado de la madre de la víctima, Margarethe von Amsberg, quieren esclarecer lo ocurrido. Sin que eso signifique que hubiera errores en la primera investigación, deberá saberse realmente qué sucedió dos años atrás.

La novela, narrada en primera persona por el sargento Bevilacqua, nos muestra todas las complicaciones que los guardias civiles llegados de Madrid tendrán para resolver el caso en las dos semanas de tiempo que se les ha dado. No se avanza con facilidad y sobre el caso no es que sobrevuele una niebla, es que sobrevuelan más rumores, y dimes y diretes, que realidades, que hechos probados. Pero a ciencia cierta se sabe muy poco de las preguntas clave:

¿Por qué se asesinó al joven Iván, que poco a poco descubriremos que era una especie de cabra loca irresponsable? ¿Quién y dónde lo hizo? ¿Es todo, como se habla en la isla, inclusive entre confidentes de la policía en el mundo de las drogas, un plan de alguien poderoso que no quiere que se descubra la verdad? ¿Por qué se ha señalado de manera tan directa a Juan Luis Gómez Padilla como autor del crimen?

En su recorrido por la isla en La niebla y la doncella, los guardias civiles contarán con la ayuda de sus compañeros isleños, sobre todo de Anglada, que regresa a la isla para echarles una mano en la investigación. Y ella será precisamente el objeto de inestabilidad que sufrirá Bevilacqua, ya que es una mujer atractiva y él sentirá que le está tentando. Pero el lector descubrirá las luchas internas del sargento, al tiempo que su compañera, la cabo Chamorro, no tiene la mejor relación del mundo con Anglada, excompañera suya años atrás.

De esta manera, en la novela editada y publicada por Destino, tendremos varios frentes y tramas abiertas. En primer lugar, la más importante, la resolución del caso, que se irá complicando con el paso de las páginas. En segundo término, la cómica hasta cierto punto reacción de Bevilacqua al comportamiento de Anglada. Y, en tercer término, la relación personal y profesional, dos ríos con cauces comunes, entre Bevliacqua y Chamorro. Una relación que va evolucionando desde el inicio en El lejano país de los estanques y la segunda novela, El alquimista impaciente, con cambios como que ambos se van conociendo aún más, solo hasta el punto en el que el narrador, a fin de cuentas, se deja conocer.

Cada novela de la saga es, así, como un cuenta gotas que deja caer pequeñas dosis de conocimiento acerca de Bevilacqua, de su pasado personal que ni siquiera Chamorro conoce. De manera que su lectura continuada y en orden nos permite ir desentrañando la personalidad de cada uno de los dos personajes principales. De Bevilacqua sabemos que su personalidad sostiene un equilibrio entre lo anárquico y lo ordenado, con estudios de psicológica, casi 40 años.

Y de Chamorro, conocemos que es aficionada a las matemáticas y la astronomía, que entró en el cuerpo porque un compañero de su padre murió de servicio. Además del rasgo personal más claro y patente, su timidez, muy acentuada en El lejano país de los estanques, y que se mantiene, aunque tal vez más matizada (poco, por la difícil relación que tiene con Anglada), en esta tercera novela, La niebla y la doncella, en la que ya su sincronía con Bevilacqua llega al punto de comunicarse con miradas.

La niebla y la doncella tiene un estilo muy claro y seguro, siguiendo el estilo habitual de las novelas de Lorenzo Silva, escritor que podemos definir con palabras como elegante, certero, precioso, metódico y reflexivo. La narrativa es muy pulcra, no solo en lo relativo al cauce por el que discurre una investigación policial, sino también en lo que se refiere a su manera de estar escrita. Un riesgo de la primera persona es que el escritor no controle la manera en la que el narrador de expresa y acabe yéndose por las ramas. Pero en esta y las otras novelas de la saga, esto no sucede. La novela transcurre por donde debe, por un camino que define a cualquier buena novela policial: hacia la sorpresa.

Lo peor que le puede suceder a una novela policial o novela negra es que el lector acierte pronto con quién o quiénes son los culpables de los crímenes. Afortunadamente para el lector, en La niebla y la doncella esto no sucede así. El lector se sitúa prácticamente al mismo nivel o incluso un poco más atrás que los protagonistas, la narración en primera persona no comete errores de anticipar mucho lo que sucede en el caso, lo cual es de agradecer.

Como es igualmente interesante el trasfondo social que rodea a la historia. Este tipo de género obliga al autor o autora a meter el dedo en las heridas de la sociedad, en señalar problemas, en plantear problemas de todo tipo, aunque al final, salvo que quien escribe sea una especie de moralista, no se planteen soluciones. En La niebla y la doncella nos encontraremos, pues, con una fotografía de la sociología canaria y algunos lugares comunes como la pasividad o tranquilidad «excesiva» de los canarios, con un modo de vida insular y un ritmo de vida muy diferente al madrileño (demasiado acelerado).

Pero más allá de eso, la novela nos lleva a preguntarnos en cómo de poderosas pueden llegar a ser algunas personas para llevar a cabo sus planes. Si la política es tan sucia como para que se llegue a inculpar a un político aprovechando ciertas circunstancias (Gómez Padilla tenía en su punto de mira por motivos personales al joven Iván López de Amsberg) de la vida. Y hasta qué punto, cuando uno es Guardia Civil o Policía, sigue a rajatabla sus deberes y obligaciones y durante una investigación es capaz de abstraerse de tentaciones y opiniones personales.

En este punto, tenemos a diferentes tipos de agentes, con sus diversas personalidades y sentido del deber que, en lo relativo concretamente al sargento Bevilacqua, nos muestran un equilibrio entre anarquía y orden, entre caos y equilibrio. Lorenzo Silva, en La niebla y la doncella, por lo tanto, nos da una visión muy interesante de varias cuestiones que van mucho más allá de un asesinato. Nos adentra en cómo la niebla nos puede atrapar de manera ineludible, como si una fuerza más poderosa que nosotros nos arrastrara haca ella.

En definitiva, no queda más que animar a los lectores a que lean La niebla y la doncella y el resto de la saga de los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro. Porque son un claro ejemplo de cómo la novela policial no necesita tener un ritmo frenético para ser buena y, de hecho, cómo la novela negra o policial de calidad, realmente, es como un buen plato cocinado a fuego lento.

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