Tertuliano Máximo Afonso es un profesor de Historia en un instituto en una ciudad desconocida, que tiene unos cinco millones de habitantes. Un día, el profesor de Matemáticas, compañero suyo, le recomienda una película liviana, que le puede hacer pasar un buen rato, llamada Quien no se amaña no se apaña. El profesor la alquila en un videoclub y al verla, descubre que un actor secundario que aparece en ella interpretando a un recepcionista de hotel, es su duplicado, un hombre exactamente a él.
El hombre duplicado (Alfaguara, 2003), de José Saramago, escritor portugúes Premio Nobel de Literatura en 1998, es una novela traducida al español por Pilar del Río. La historia comienza con el shock que vive el profesor de Historia, un hombre que habla demasiado, pero solitario, sin apenas amigos. TIene una madre llamada Carolina Afonso, y una mujer, María Paz, trabajadora en un banco, que es como su novia, pero con la que mantiene una relación con altibajos.
Desde que ve la película, Tertuliano Máximo Afonso alquila o compra todas las películas que puede de la misma productora, suponiendo que ese actor secundario que es su copia exacta participará en varias. De manera que puede rastrear en el listado de actores e ir eliminando opciones hasta conocer su identidad: decide que lo quiere conocer y su investigación, que mantiene en secreto, le lleva a descubrir que el actor secundario, que al ver las películas ha ido ganando líneas de diálogo con el paso de los años, se llama Daniel Santa-Clara como nombre artístico, aunque su nombre real es Antonio Claro.
Con una prosa perfecta y con diálogos que cuesta un poco leer para lectores poco habituados al estilo literario de las novelas de José Saramago como El Evangelio según Jesucristo porque los diálogos están insertados en los propios párrafos y no en líneas separadas, El hombre duplicado es una novela enorme que narra la búsqueda de su copia por parte de Tertuliano. ¿Es realmente una buena idea conocer a un hombre que, sin ser ni familiar ni gemelo, con quien no tiene lazo de unión alguno, es exactamente igual que él? ¿Habrán nacido el mismo día exactamente? ¿Quién nació primero y quién es el verdadero duplicado del otro? ¿Si uno muere, el otro morirá en el mismo momento?
Todas estas preguntas muy profundas sobre la percepción de la propia identidad en comparación con el resto del mundo, sobre todo en comparación con una persona exactamente igual, están en el fondo de la novela todo el tiempo. No es una novela divertida, no es una novela ligera ni sencilla, es muy profunda, muy filosófica, con mucho trasfondo, como solía hacer Saramago y por lo que es uno de los mejores escritores de la Historia. Remueve por dentro y va llevando al lector de lo que puede parecer algo anodino (un profesor de Historia dando clases y con la idea de impartir la asignatura desde el presente al pasado, y no como se suele hacer, del pasado al presente), se convierte en un thriller.
Porque la novela El hombre duplicado de José Saramago da miedo en varios de sus pasajes, cuando Máximo Tertuliano Máximo descubre al verdadero Antonio Claro. Es un actor secundario casado con Helena, que no tiene mucho éxito pero que un día recibe una carta firmada por una admiradora, parte de la estrategia del profesor de Historia para descubrir dónde vive y para lo que utiliza a María Paz. Así, los dos hombres llegan a hablar por teléfono y descubrir que incluso tienen la misma voz, las mismas marcas y cicatrices en el cuerpo.
El hombre duplicado (hay una película basada en el libro, Enemigos idénticos, protagonizada por Jake Gyllenhaal en el papel de Adam), es una novela con una narración en tercera persona en la que el narrador introduce a otros personajes, como el sentido común, que habla en múltiples ocasiones con Tertuliano Máximo Afonso, aconsejándole lo que debe o no debe hacer. Otra cosa es que el profesor de Historia, que cambia de humor de inmediata al verse duplicado en el cine y no vuelve a ser el mismo, le haga caso. Porque además del aspecto tremendamente psicológico de la percepción de la identidad propia, esta novela tiene claros homenajes a la literatura clásica griega y a Cassandra, que fue sacerdotisa de Apolo y previno a los troyanos.
Estamos ante una historia tremenda, muy bien escrita, con una historia principal y varias paralelas, secundarias, basadas no sólo en la relación del profesor con sus compañeros de trabajo o con el director del instituto. Sobre todo, por las consecuencias de sus actos propios y ajenos, tienen gran importancia los personajes femeninos de la novela El hombre duplicado: Carolina Afonso, María Paz y Helena. Un diamante de protagonistas principales y secundarios de mayor importancia que José Saramago une tejiendo unas tramas muy bien estructuradas, interesantes y cada vez más profundas.
Porque como le dice María Paz a Máximo Tertuliano Afonso al inicio de la novela, el caso es un desorden por descifrar, una de esas frases que son como una epifanía, un momento de iluminación en el que cada ser humano descubre verdades desconocidas de la vida y de la muerte, del universo. Pero sin llegar a tales profundidades inspiradoras, estas novela de Saramago reincide en el dicho de que toco acto tiene sus consecuencias y que el hombre es el único animal que tropieza dos (muchas) veces en la misma piedra, dejándonos engañar por caballos de Troya que esconden desgracia.
Por lo tanto, la calidad de El hombre duplicado de José Saramago está fuera de toda duda, una novela que no es larga, es poco más de 300 páginas, pero que asombra, hace sonreír y hace pensar, y mucho. Es difícil dar con novelas de Saramago que no sean recomendables y esta es todo lo contrario: una lectura obligatoria con toques nietzscheanos que me recuerdan a American Psycho.
