Reseña de la novela La viuda de José Saramago

Reseña de la novela ‘La viuda’, de José Saramago

Manuel Ribeiro es el dueño de Quinta Seca (El Alentejo, Portugal), casado con María Leonor, una mujer joven en la treintena. Está enfermo, postrado en cama, y una noche muere. Rota por el dolor, María Leonor le entierra un día lluvioso en el que la calavera que está en lo alto de la puerta del cementerio parece que la embruja. A partir de ese momento, con dos hijos pequeños a su cargo (Dionísio y Júlia), la señora, que caerá enferma temporalmente de una pulmonía, tendrá que lidiar varias batallas internas y externas.

La viuda (Alfaguara, 2021) fue la primera novela publicada por José Saramago en 1947. El Premio Nobel de Literatura 1998 debutó con esta historia compleja, a veces con comportamientos psicológicos difíciles de comprender para el lector, y con un estilo narrativo muy diferente al que asombrará y enamorará a los lectores en las décadas siguientes. Así, desde el inicio de la novela, muy descriptiva y metafórica, el lector verá que la estructura es de novela clásica, con los diálogos separados de los párrafos, al contrario de lo que hará el autor en las novelas de las décadas siguientes.

En cuanto a la trama, el personaje de María Leonor, señora de Quinta Seca, es muy atormentado, es una mujer joven muy dolorida y afectada por la muerte de su marido en la primera parte de la novela. En ese momento, tendrá el apoyo de los personajes secundarios más importantes, como la criada Benedita, el doctor Pedro Viegas, el padre Cristiano y su cuñado, António Ribeiro. Sin embargo, pese a que alguno de ellos se mantendrá a su lado, las diferentes tramas y arcos de personajes supondrán nuevos conflictos.

El mayor de ellos, de una manera tormentosa y de aparencia incluso de thriller, será el enfrentamiento entre María Leonor y Benedita: la criada con más poder de la quinta estará ojo avizor sobre todo cuando, pasado el tiempo de luto, la llama de la pasión vuelva a encenderse entre algunos de sus habitantes. Porque la muerte no es capaz de parar la vida y, como le dice el doctor Viegas a la joven viuda, hay que vivir, de cualquiera manera, pero hay que seguir viviendo pese a perder al marido. De manera que en un entorno cristiano y católico de temerosos de Dios, el sexo se verá como algo prohibido, por lo que hay que esconderse si se disfruta o evitarlo a toda costa para no sufrir castigos divinos y humanos.

Porque la novela La viuda de José Saramago es una historia de religión frente a ciencia, de teología, de miedos y esperanzas, de soledades y compañías que se quiebran, de un futuro que está a merced del juicio que los muertos hacen de los vivos. O, más bien, del temor de los vivos a sufrir las reprimendas del recuerdo de los muertos y, más que eso, del propio juicio de los otros vivos, que juzgan antes de que lo haga Dios el Día del Juicio Final. De manera que, pese a no ser una novela tan buena como El Evangelio según Jesucristo, Ensayo sobre la ceguera, Ensayo sobre la lucidez o El hombre duplicado, nos muestra una lucha del ser humano más que contra Dios, contra sí mismo.

El personaje de María Leonor, que se verá envuelta en un triángulo de proposiciones, deseos y rivalidades, vivirá con más tormentos y miedos provocados por la vigilancia de Benedita, una mujer soltera que ha pasado toda su vida en el servicio de Quinta Seca, que por la vigilancia de Dios o del padre Cristiano, que tiene divertidos enfrentamientos dialécticos con el hereje doctor Viegas, un hombre que no confía mucho en sus conocimientos médicos y que siente en parte que su vida es un fracaso en este aspecto, ya en la cincuentena y el pelo canoso. De manera que no tendrá una vida pacífica ni podrá llevar el luto por su marido de manera normal. Se convertirá en una mujer temerosa, perseguida y vigilida por Benedita, que pasará de ser su mejor amiga a su peor enemiga.

La viuda de José Saramago introduce al lector en la vida de Quinta Seca, con las costumbres propias de la época y de esa clase social más privilegiada. Por eso, no sólo hay que tener en cuenta las influencias de quienes no son sus familiares, también la relación tan fluctuante que tiene María Leonor con sus hijos Dionísio y Júlia, un motivo más de disputa con la criada Benedita. Las preocupaciones aumentarán, además, cuando el joven Dionísio, un niño tímido y solitario, a los 11 años, tenga que marcharse fuera a vivir con una familia de acogida (con Carlos, el hermano del doctor Viegas, que tiene un hijo llamado Joâo) para seguir con su formación.

Saramago juega en algunos momentos son lo sobrenatural, con las alucinaciones de María Leonor y con las posibles influencias del más allá en la vida terrenal, con imágenes lúgubres y potentes como esa calavera poderosa en la puerta del cementerio. Pero más que eso, La viuda es una novela muy psicológica, entretenida pero sin momentos divertidos o livianos en demasía. Estos llegan de la mano de la relación tierna que tienen los hermanos más la presencia del pequeño Joâo, a cuya casa tendrá que ir Dionísio en el futuro. Los niños son, en esta obra, los más inocentes, la luz en un mundo de miedo, oscuridad y deseos que se tienen que mantener ocultos.

Por todo ello, décadas antes de deslumbrar con El Evangelio según Jesucristo y otras novelas por todos conocidas, Saramago plantea en la novela La viuda una atmósfera viciada por los prejuicios y las persecuciones, con una psicología de María Leonor difícil de catalogar de manera clara y no comprensible del todo (depende seguramente del momento en que cada lector lea el libro). Y, también hay que decirlo, con un final que puede no gustar del todo, algo abrupto, propio de una primera novela de un veinteañero, pues tenía 25 años cuando la publicó.

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