Reseña de la novela El italiano de Arturo Pérez-Reverte

Reseña de la novela ‘El italiano’, de Arturo Pérez-Reverte

María Elena Arbués es una viuda que vive en Algeciras, su marido fue asesinado por los británicos en un accidente de guerra. Durante la II Guerra Mundial, una noche, su perro encuentra el cuerpo inconsciente de un hombre en la playa de Puente Mayorga. Ella lo rescata y se lo lleva a su casa, donde lo cura. Casi sin poder hablar, el hombre, un italiano, le pide que llame a un teléfono. Ella lo hace y dos hombres aparecen en su casa para llevarse al rescatado: se llama Teseo Lombardo y es secondo capo de Orsa Maggiore, un grupo de buzos de combate italianos voluntarios de la Regia Marina que atacan barcos británicos en Gibraltar.

La novela El italiano (Alfaguara, 2021), de Arturo Pérez-Reverte, es una novela histórica muy bien documentada en la que mezclando la tercera persona (narración histórica) y la primera persona (el periodista y escritor es un personaje más cuando, en los años 1980, habla con supervivientes de los hechos históricos o familiares para documentarse), cobra vida una de esas facetas desconocidas de cualquier guerra: la presencia de buzos italianos en Algeciras y Gibraltar que, montados en maiales subacuáticos, hunden barcos británicos amarrados en el puerto.

Desde el primer momento, la novela es una historia homenaje a las epopeyas griegas, a las que Elena Arbués, dueña de la librería Circe en La Línea de la Concepción, es aficionada desde las lecturas que hacía de pequeña junto a su padre. De manera que plantea una historia de hombres (sobre todo hombres, el papel femenino más importantes es el de Arbués) que son, al mismo tiempo, héroes y villanos: porque un héroe es lo mismo que un villano en una guerra, la diferencia está en quién le nombra, un amigo o un enemigo, un compatriota o un extranjero. Así se plantea el trasfondo de la historia de principio a fin.

Elena Arbués tomará decisiones que le cambiarán la vida porque tras el rescate, aprovecha para seguir a Lombardo y a otros buzos, como el teniente Mazzantini o el binomio de Lombardo en el maiale, el sottocapo Gennaro Squarcialupo, de origen napolitano, cuando los ve pasear por la calle. Hace años que su marido murió, no ha vuelto a conocer a otro hombre, pero una especie de Ulises llega a una Ítaca imprevista, ya que su hogar está en Venecia, no en España, aunque no la espera nadie. Y Arbués no es una Penélope al uso, no teje y desteje día y noche, sino que por amor, por venganza o por inconsciencia (probablemente, por una suma de los tres factores), decide ponerse en peligro para ayudar a los italianos en su lucha contra los británicos.

La mujer, de algo menos de treina años, tiene un grupo de amigos con los que queda a beber algo de día: el doctor Zocas, un amante de los trenes; Pepe Aljaraque, archivero del ayuntamiento; y la bibliotecaria Nazaret Castejón. Sin decirles nada, arriesgará su vida sin que al principio ni ella misma, ni los lectores, tengan totalmente claro por qué. Y ahí, en el comportamiento de Arbués, sobre todo al final de la novela, quizás hay un punto débil: llega a comportarse con una seguridad impropia de una mujer sin ningún tipo de entrenamiento militar -ni es espía o agente doble-, que sí tienen los buzos para soportar las inmersiones durante horas.

El tercer lado de la historia es el de los británicos, como Harry Campello, comisario del Gibraltar Security Branch, uno de los responsables de la seguridad del puerto y que tratará de descubrir de dónde proceden los ataques y si son obra de italianos o de alemanes. Con muchas dificultades, pese a la extrema vigilancia a la que somete a quienes sean sospechosos entre los miles y miles de españoles que cruzan a Gibraltar cada día para ir a trabajar, siendo así una novela de fronteras en varios sentidos, algunos literales y territoriales.

Entre ellos el doctor Zocas, que trabaja en un hospital gibraltareño, y Elena Arbués, que va a ayudar a un viejo amigo, el librero Sealtiel Gobovich, que les ayudó a refugiarse a su padre y a ella cuando el progenitor de la protagonista era perseguido durante la Guerra Civil Española. Como agradecimiento a su ayuda en el pasado, varios días a la semana Arbués va a su librería a ayudarle en la clasificación de sus libros, lo cual tendrá su importancia en el transcurso de esta historia que es tan homenaje a la Grecia Clásica que su protagonista es bautizado como el Rey de Atenas que mató al minotauro.

La novela El italiano de Arturo Pérez-Reverte, autor de novelas como Falcó, Eva y Sabotaje (trilogía) es de lectura fácil, la prosa del antiguo periodista y corresponsal de guerra es de mucha calidad, de eso no hay duda. La documentación de la novela es muy profunda y la narración es muy detallista, muy descriptiva en muchos aspectos. Además, las tramas están muy bien armadas, tanto las reales como las ficticias. Por ese lado, no hay ningún pero o crítica negativa a esta novela.

Quizás, arañando o analizando más a fondo, el pero o lo más cuestionable para ser puntillosos, es el papel de Elena Arbués en una guerra que no es la suya. El perfil psicológico de la protagonista femenina, una mujer fuerte, valiente, aunque con dudas y miedos, creo que no queda del todo bien definido: se sabe perfectamente por qué los buzos italianos están en la guerra, cómo se defienden los británicos… ¿pero por qué ella se arriesga tanto? ¿Qué pesa más en la balanza: la venganza por la muerte de su marido, su amor por Teseo Lombardo o la insconsciencia ante los peligros reales de una guerra? Son preguntas que, tengo la impresión, no quedan del todo respondidas.

Igualmente, es algo sorprendente, pero al final hay que creerlo para entrar en la historia (toda ficción, desgranada, tiene puntos que si fueran realmente realistas imposibilitaría crear una serie de televisión, una película o una novela), el desenlace de la novela no termina de enganchar del todo, de ser cien por cien creíble y predecible. Por varios motivos, pero el más cuestionable es el comportamiento de ella ante las circunstancias que se le vienen encima. Al final, el lector verá que es una mujer difusa, que ni siquiera se abre de manera sincera y del todo con el Pérez-Reverte personaje de la novela.

Más allá de esta nota más negativa -se da también una visión honorífica de la guerra en lugar de una lucha a muerte, que es lo que es todo conflicto-, la novela El italiano de Arturo Pérez-Reverte es recomendable, pese a no ser de sus mejores novelas (Un día de cólera, por citar sólo una de las muchas del autor, me parece mucho mejor). Es un libro entretenenido, una historia de amor y odio, de amistad y traiciones personales irreconciliables, de venganza y deseo, incluso de honor y reconocimiento a las hazañas del enemigo, de epopeyas griegas con olor a salitre trasladadas en el tiempo y en el espacio al siglo XX, un siglo convulso, de guerras que siguen retumbando, de varias maneras, ahora en 2024. Con sus puntos débiles, que no son tantos como los buenos, merece la pena leerla.

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