Tito Gil o Tito es un actor que no ha tenido apenas éxito en su vida. Nacido en San Albín, desde muy pequeño ha impresionado a todo el mundo con su poderosa voz. A mediados de los años 1990, regresa a su pueblo, al bar restaurante Pino, donde algunos viejos del lugar lo reconocen. Al ver en el bar, una noche, una foto en la que él, de niño, estaba en la obra teatral Milagro y Apoteosis de la Santa Niña Rosalba, toma la decisión de una última aventura: montar la obra de teatro con los vecinos del pueblo y quien quiera presentarse para dar de nuevo relumbrón al pueblo y cumplir su sueño de tener un éxito.
La última función (Tusquets Editores, 2024) es una novela de Luis Landero que nos habla del amor en sus múltiples facetas, además del fracaso en la vida, de ocultar lo que somos, de ponernos una careta como actores que somos en el escenario que es la vida cotidiana. Eso es precisamente lo que hace Paula, una mujer de unos 40 años, que solo vive desamores (primero con Bruno, luego con Blas) y que una tarde, al salir de trabajo en la empresa en la que trabaja, se equivoca de tren y acaba en una estación perdida. Allí la recogerá un hombre, Fonseca, que la lleva a San Albín en moto pensando que es Claudia, una actriz conicida de Tito mujer a la que todos, incluido el actor, esperan allí.
La novela, narrada en primera persona en el presente por uno de los vecinos del pueblo, anónimo, conocedor de esta historia, presenta en su primera mitad una estructura paralela: primero, el regreso al pueblo y un resumen de la vida del poco exitoso actor Tito Gil, quien se fue hace muchos años a Madrid porque su padre quiere montar una gestoría, que él estudie Derecho y se haga cargo del negocio con él. Lo hará por cumplir los deseos paternos, pero al mismo tiempo querrá ser actor, sin que su progenitor lo sepa. De manera que Landero nos ofrece dos personajes antagónicos: el padre, ordenado y pragmático; el hijo, soñador y con alma de artista.
Por otro lado, Paula es una mujer desdichada que sólo conoce desamores y el sufrimiento en su vida personal. Con el deseo de cambiar de vida, de irse a cualquier lugar, aunque sea un pueblo abandonado (como al que se va, por motivos diferentes, el protagonista de la novela Los asquerosos, de Santiago Lorenzo), cambiarse de nombre y olvidar su pasado, el destino la llevará a San Albín, Allí, Tito Gil la convencerá para que interprete el papel de Rosalba en la obra de teatro, que pretende hacer revivir la carrera actoral de Tito y atraer turistas y economía al pueblo, que está abandonado por la mano de Dios y de los hombres, como dice varias veces el narrador.
La novela La última función de Luis Landero es, por lo tanto, una novela de amor, quizás el último reducto que nos queda a los hombres y mujeres si queremos soñar con ser felices. Tito Gil ama el teatro, la actuación, convertirse en mil y un personajes (desde viejos hasta niñas, desde hombres psicóticos hasta condes diabólicos) y hacer disfrutar a los demás con sus creaciones teatrales. Y Paula ama lo imposible, lo que no puede tener, y se queda encerrada en una vida anodina de sinsabores. Tiene sueños por cumplir, como Tito Gil, pero los suyos son aún más imposibles.
Hasta que sus vidas se juntan por azar o por error, por la predestinación o por suerte, y llega a San Albín de paquete en la moto de Fonseca, un hombre parco en palabras. Y así, tras dormirse en un tren que la lleva por error a un destino que, en principio, no es el suyo, llega realmente al destino que siempre quiso tener: una vida nuevo, un amor nuevo, una nueva oportunidad de vivir, soñar y amar. Tito la convence de que participa en la obra de teatro Milagro y Apoteosis de la Santa Niña Rosalba, que se interpreta en diferentes ubicaciones del municipio, al aire libre, con la que quieren volver a poner al pueblo en el foco, presa de la España vaciada y la emigración rural hacia las ciudades durante varias décadas.
Con una prosa y un estilo fáciles de leer, La última función de Luis Landero no es una novela realmente de héroes y heroínas, de personas con grandes triunfos y con altas metas en la vida. Sus personajes principales sufren, fracasan, se ocultan, aman y no son correspondidos. Son fracasados, como muchos otros, porque frente a la ilusión de éxito y belleza que todos vemos en las redes sociales como Instagram hoy en día, la narrativa de esta novela, ambientada en los años 1990, mucho antes de la eclosión digital, nos habla de todo lo contrario: de una vida de colores grises y negros en contraposición al color del pasado.
De esta manera, la novela es una vida expresión de la tradición oral, en doble vertiente: primero, porque como si fuera La Ilíada, recoge por escrito el testimonio hablado de un testigo de los sucesos, de manera incompleta, completando los vacíos con lo que supone que ha pasado. Y, segundo, porque recuerda los años dorados en los que el teatro hacía deslumbrar cada rincón de San Albín, con sus tradicionales orales, sus cuentos, sus historias y su vida, ahora desaparecidos. La última función es un título muy polisémico, como puede reconocer perfectamente el lector de la novela.
La novela La última función de Luis Landero es bella, es poética, nostálgica y dulce, pero también amarga, porque presenta a pueblerinos abadonados por sus propios vecinos, que viven un momento de canto de cisne con el intento de devolver el brío a San Albín con una campaña de promoción para que hasta los medios de comunicación nacionales cubran la noticia de la representación, de nuevo, de la obra de teatro. Se lee con facilidad, hace pensar en cómo los pueblos se abandonan, en cómo la gente sencilla se puede ilusionar de nuevo en la vida y en cómo el amor, a veces, sin pensarlo, llega y es posible que para siempre. Los fracasados, a veces, también pueden fracasar juntos amándose.
