novela San Camilo, 1936 de Camilo José Cela

Reseña de la novela ‘San Camilo, 1936’, de Camilo José Cela

Un tío le habla a su sobrino y le anima a mirarse en el espejo y a no matar a una prostituta llamada Magdalena y que huele mal. Le dice que mejor que la mate el siguiente, el que viene detrás, que no lo haga él mismo. Es verano de 1936 y la vida en la ciudad de Madrid está a punto de cambiar para siempre llena de odio y rencor.

San Camilo, 1936 (Alfaguara, 1969) de Camilo José Cela, es una novela muy dura, muy desgarradora, cuyo título completo es Vísperas, Festividad y Octava de San Camilo del año 1936 en Madrid. En ella, el ganador del Premio Nobel de Literatura en 1989 relata con un estilo que al principio es complicado de leer los días previos al alzamiento militar del 18 de julio de 1936.

Cela despliega un estilo con muchos personajes de igual forma que en La Colmena (1951), una maraña de protagonistas que se mezcla en un Madrid previo al estallido de la Guerra Civil. El narrador es protagonista al mismo tiempo, un tío que le habla a su sobrino y le va dando recomendaciones sobre qué hacer con esta prostituta, cómo debe ser su relación de pareja con Toisha (en realidad la novia del interpelado se llama Tránsito). Y le dice que se mire al espejo (me recuerda a la imagen de los espejos del callejón del Gato en Luces de bohemia, de Valle-Inclán) para que vea lo cobarde que es.

Esta es una de las tres historias paralelas, mezcladas, de San Camilo, 1936. La segunda narración es la de varios cientos de protagonistas que pululan por la capital. Madrileños pobres que malviven, con un tono muy diferente al de otras novelas ambientadas en la época como Riña de gatos. Madrid 1936 de Eduardo Mendoza, en la que la narración se centra en las clases altas. En la obra de Cela todo es mucho más crudo, mucho más lacerante y malhablado.

Porque a pesar de ser publicada todavía en el franquismo, San Camilo, 1936 es una obra característica de un novelista como Cela. De estilo complejo, en cuanto al manejo de los signos de puntuación es muy parecido a las obras de José Saramago como El evangelio según Jesucristo: la mente del lector tiene que acostumbrarse a una narración que al inicio será atropellada, pero sin carecer de sentido en absoluto. Como tampoco carece de un lenguaje soez e incómodo para el lector acomodado en novelas más suaves, más de color de rosa. Pero el mundo no es rosa, la realidad no es bonita, es dolorosa.

Y con la prostitución y la violencia contra las mujeres como un punto más de la obra: es difícil pasar un par de páginas del libro sin encontrarnos con alguna prostituta, viva o muerta, como Magdalena. O con mujeres que afirman comportarse como putas. Quien más quien menos tiene una relación con la prostitución en el libro. Hasta el punto de que con el cambio de los tiempos seguramente más de una persona puede decir o pensar que es una novela machista.

Pero más allá de juzgar una novela de 1969 con las mentalidades del siglo XXI (es un error pensar que en 1969 España era como la actual), San Camilo, 1936 es una gran novela. Cuya tercera pata es la narración de los eventos históricos del alzamiento militar: desde las primeras noticias de militares alzados contra el Gobierno de la República hasta cómo manejaron la situación desde Azaña hasta sus ministros. Pasando por cómo los madrileños protagonistas del libro veían los acontecimientos, algunos seguros de que no pasaría de ser una sancamilada, una rebelión que sería ahogada por el Gobierno.

Pero como sabemos, no lo fue. En esta novela bajamos hasta lo más profundo de la vida en Madrid y vemos cómo el caos y el descontrol se apodera de todo. Cómo los favorables a la República piden armas armas armas para defenderse de los alzados. Cómo las ganas de matar se adueñan de la atmósfera hasta el punto de confundir con fascistas a un pobre hombre que baja a la calle en busca de ayuda porque su mujer está a punto de parir. Y cómo una mitad de España quiere matar a la otra mitad. Es más que posible pensar que España acabó matándose por completo y que ahora en 2020 no vivimos más que la muerte, que aún no se ha ido, de un país a manos de sí mismo.

San Camilo, 1936 no es solo una novela tremendista, también tiene pasajes muy bellos porque en mitad del horror también surge el amor. Es verdad que como dice alguna persona del libro, parece que no es el mejor momento para enamorarse. Pero el amor y el odio están el uno frente al otro. Uno huele mejor que el otro, porque el odio y la violencia hace que hieda el ambiente, como hieden los cuerpos de las prostitutas asesinadas y los cuerpos en los desvanes. Porque en los desvanes no solo mueren los gatos, también los que sufren muertes absurdas, tan dolorosas como incluso cómicas.

Camilo José Cela es un maestro al mostrar la realidad de la manera más cruda posible. La familia de Pascual Duarte (1942) es otro ejemplo del autor en este sentido. Delicado y polémico al mismo tiempo, con una prosa firme, frágil y tremebunda a partes iguales. Lo mismo recapacita sobre el cainismo en España citando versos de Machado que nos deja el cadáver de un homosexual que se ha disparado a sí mismo en cierta parte del cuerpo que no mencionaremos jugando con un arma.

Esta no es una novela sencilla de leer, es de las que exigen el esfuerzo del lector para aprehender su estilo narrativo. Y por qué no decirlo, también exige tener cierto estómago y amplitud de miras. Cela no es un autor que se caracteriza por ser de lectura fácil, bonita, poética, aunque tenga muchas veces un lenguaje poético que suaviza la crudeza de sus páginas. En San Camilo, 1936 tenemos ejemplos de todo ello, de una fuerza narrativa tremenda, en la que no es necesario que el narrador tenga nombre ni el interpelado, su sobrino, tampoco.

Porque al igual que el tío le dice a su sobrino que se mire al espejo, que con el paso de los capítulos se va transformando y teniendo cada vez más características, ¿acaso no nos está diciendo a nosotros mismos que lo hagamos? ¿No podemos pensar que Cela, narrando el alzamiento militar de 1936 que provocó una Guerra Civil de media España contra la otra media, nos interpela a todos los lectores? ¿Acaso no apela a nuestra cobardía, a la de un pueblo que se levanta y se une para matarse a sí mismo?

Quizás sí, quizás todos debamos mirarnos al espejo, a cualquier espejo que tengamos en casa, y tras leer esta novela, San Camilo, 1936, pensemos en quiénes somos.

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