Reseña del poemario 'Quién anda ahí', de Ketty Blanco Zaldívar

Reseña del poemario ‘Quién anda ahí’, de Ketty Blanco Zaldívar

Una persona no es solo una persona. Una mujer no es solo una mujer. Y un poeta no es solo un poeta. Son varios siempre, a lo largo del día o de toda la vida. Una voz es varias voces al mismo tiempo. O como dice el personaje de Drácula en la serie de Netflix: la sangre es vidas.

Quién anda ahí‘ (Ed. Polibea, 2019), de la poeta cubana Ketty Blanco Zaldívar, es un poemario que sumerge al lector en una atmósfera asfixiante. En la que la voz o las voces emergen del fondo oscuro en el que están recluidos. Del interior de esa celda desde la que a lo lejos se oye el bullicio del pueblo cubano en el malecón. ¿Para qué? Para ser encontradas con lectores comprometidos que se sientan identificados.

Ketty Blanco (o su voz, o su mirada poética) es una mujer a la que la muerte llama a su puerta y esta se enfurece porque no está en casa. Es una mujer a la que ordenan que se afeite las piernas. Es, una vez más, como tantas otras mujeres, la encarnación de Virginia Woolf buscando una habitación propia o propicia para escribir.

(…) «si no escribo ahora, si no soy capaz de

[encerrarme

debajo del sofá, gruñendo como un perro

mientras las voces de las señoras golpean

con saña mis oídos,

perderé definitivamente el apetito».

Quién anda ahí‘. Ketty Blanco Zaldívar, página 20

Eso narra la poeta cubana en este poemario escrito en verso libre, directo, sencillo, misterioso, duro a veces, sin artificios. Pero en lucha contra la realidad para poder finalmente escribirnos y hacer que nos guste lo que escribe. Eso sí, la verdad duele más cuanto más directa sea, y la verdad de este mundo es que después de la tormenta viene la calma. Pero la calma siempre será seguida de la tormenta, como la paz es el periodo entre dos guerras. Aunque la calma en realidad no es calma cuando hay madonnas «sin otra esperanza que la lluvia negada».

«El día es tan bello que de un momento a otro / podría acabarse el mundo». Un mundo frágil a punto de quebrarse para todos, bellos y no bellos, decentes o indecentes. Frágil como una mariposa atravesada por un alfiler. Porque todos vivimos en la cotidianidad. ¿Qué importa que sea la cotidianidad del rico o del pobre? ¿Qué importa que seamos o no Helena de Troya?

Con el poema ‘Canto a mí misma’, la poeta nos dice que no es Helena de Troya, pero que es bella y que barre las cenizas sin necesidad de tener una ciudad en ruinas a sus pies. Pero nos dice, como hace con el título del libro, ‘Quién anda ahí‘, la persona que está en cada poema. Una mujer fuerte y débil al mismo tiempo, ¿quién no lo es? El tono del poemario no es heroico, por eso incluso los cantos a uno mismo tienen un tono gris y poco reconfortante.

La sensación que provoca leer este libro es de tristeza y belleza. También de mucha reivindicación. No es necesario que la poesía hable solo de lugares comunes hermosos para ser buena poesía y que guste. Las tinieblas también son bellas, aunque vistas desde lejos, otra cosa es perderse en ellas. Ketty Blanco Zaldívar no escribe sobre el arco iris, sino sobre cebollas moradas, escenas costumbristas con un sabor agridulce.

Quién anda ahí‘ es una buena pregunta poética que todos nosotros podemos hacernos más de una vez. No solo a alguien que pueda estar escondido cerca, sino también a nosotros mismos. Seres humanos perdidos un planeta recóndito en la nada del Universo, con filósofos y teólogos dialogando sobre el ser, como es una mancha de helado en nuestra ropa al mancharnos.

Con este poemario, finalmente, nos encontramos con poetas haciendo cola para ir a comer. Pero no con el típico mensaje en defensa de los poetas y la poesía, al menos de forma literal. Porque la voz y la mirada de la poeta que encontramos en este libro le advierte a los que escriben poesía, además que son «pobres vagabundos de la soledad»: «Yo estoy en feroz contienda contra los / poetas. No saben la nada que los aguarda».

Por este motivo, ¿qué podemos pensar al preguntarnos quién anda ahí? La respuesta, o una de varias, es esta: una poesía cubana y latinoamericana, que abarca la colección en la que se incluye este poemario, tan rica que no nos imaginamos lo que nos estamos perdiendo. Tantos y tantos escritores que nos dan sus palabras para que las acojamos, sin que lo hagamos.

Así que quien escribe esta reseña del poemario ‘Quién anda ahí‘ recomienda hacerlo para no dejar que tanta literatura de valor se quede esperando lectores más allá del continente americano; como esas sábanas de la tarde que se preguntan si volverán a guardarlas, a doblarlas con mimo, y no dejarlas a la intemperie.

La mejor forma de que las palabras dejen de ser estar rodeadas de asfixia, de que una voz poética o un poema se liberen, es encontrar una mano, una mirada y una sonrisa amigas.

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