Reseña de la novela Los asquerosos de Santiago Lorenzo

Reseña de la novela ‘Los asquerosos’, de Santiago Lorenzo

Madrid, mediados de la década de 2010. Manuel, nacido en 1991, es un joven que vive solo en pequeño piso alquilado de la calle Montera. Sus padres nunca cuidaron de él y, por eso, tuvo que valerse de sí mismo desde su infancia. Quizás, ese desapego emocional de sus progenitores le lleva a huir del contacto humano cuando es mayor. Un día, saliendo del portal, un antidisturbios que persigue a jóvenes de una manifestación entra en el portal e intenta agredirle sin motivo, pero Manuel saca un destornillador oculto, se lo clava en el cuello y huye.

Los asquerosos (Blackie Books, 2018), es una novela del escritor vasco Santiago Lorenzo narrada en primer persona por el tío de Manuel (nombre ficticio) y cuenta la historia de cómo un joven solitario se ve obligado a huir de la ciudad en previsión de que la Policía lo va a perseguir por el delito de agresión al agente antidisturbios, a quien no sabe si sólo ha herido o, si en el peor de los casos, ha asesinado. Esa es la razón por la que un ser ya solitario y rozando lo antisocial se ve «condenado» a vivir en soledad en un pueblo fantasma de la España vacía, que su tío bautiza con el nombre falso de Zarzahuriel.

Allí, en una casa abandonada, los inicios son difíciles para el joven Manuel, que ha tenido que dejarlo todo atrás, incluido un trabajo mal remunerado basado en engañar a los clientes insatisfechos que ponen reclamaciones a la empresa. Sus ahorros los gestionará su tío, que tiene experiencia trabajando en Recursos Humanos de empresas, pero no lleva una vida holgada. Así, se las verá y se las deseará para trazar un plan de huida para el prófugo de la Justicia, un sobrino abandonado por sus padres que, ahora, abandona la sociedad para hundirse en el mayor de los anonimatos posibles.

Santiago Lorenzo plantea en su novela Los asquerosos toda una crítica mordaz a la sociedad, que va desde la violencia policial y el abuso de poder, a la madrileñofobia que sienten muchos ciudadanos de pueblos y provincias (en este caso, odio de un madrileño austero y solitario contra otros asquerosos); desde las ansias de soledad para no mancharse con el hedor que desprenden los desconocidos a los que odiamos, sin razón, a la vida autosuficiente alejados de las tecnologías, sólo con necesidades básicas que satisface la propia tierra, los pedidos semanales y austeros a un Lidl que hace su tío, y una colección abandonada de libros Austral que encuentra en la casa de Zarzahuriel en la que decide quedarse a vivir.

Pero para Manuel, esa felicidad que va sintiendo con el paso de las semanas y meses (a su tío no le parecerá nada feliz y buscará un trabajo en remoto para su sobrino, siendo él el intermediario y trabajador fingido) se le acabará cuando lleguen Los Mochufos: una familia con la matriarca Joaqui al frente que, de la noche a la mañana, decide alquilar la vivienda de al lado y obligarle a vivir escondido varios días a la semana para que no le vean y no avisen a la Policía de que está escondido en Zarzahuriel, representación de la España vacía que es un motivo de preocupación para muchos, pero una bendición para Manuel.

Los asquerosos es, de esta manera, una novela narrada en primera persona por el tío de Manuel, con un lenguaje muy pulcro, muy cuidado, que mezcla desde palabras o vocablos complejos -hay que leerlo con un diccionario al lado para entender buena parte-, pero al mismo tiempo desenvuelto y malhablado. Es una novela graciosa y triste, una tragicomedia, que lo mismo hace sonreír que recapacitar sobre cómo es posible que haya tanto odio en el mundo a quien no se conoce, tanta corrupción, tanta malicia en los que, se supone, que trabajan para proteger a la población y no para apalearla sin motivo.

El mundo está lleno de asquerosos y, en el fondo, hay que reconocerlo, todos somos asquerosos a nuestra manera. A todos nos desagrada en los demás algo que hacemos nosotros mismos, sin poner ejemplos escatológicos que el lector de esta reseña puede imaginar -buen ejemplo es Ignatius Reilly, protagonista de la genial novela La conjura de los necios-. Cada uno de nosotros ve la paja en el ojo ajena, pero no la viga en el propio, como dice el refrán. Y Manuel, alejado del mundo, tranquilo en el pueblo abandonado, se encuentra con la paja ajena de golpe en forma de familia ruidosa a la que espía mientras su adicción al móvil y a las nuevas tecnologías les hace vivir en el campo con todas las comodidades y adicciones de la ciudad.

Los asquerosos de Santiago Lorenzo es una novela muy social y muy política, porque la política es una manera de plantearse la convivencia con los demás, de ver la estructura social de una manera u otra, de respetar a los otros o querer imponerse los propios ideales. El personaje de Manuel se acerca más a un ermitaño que ha hecho voto de silencio que a un dictador que quiere gobernar con mano de hierro. Manuel, un joven que arrastra en su juventud la carencia emocional de su infancia, no clava el destornillador al antidisturbios por cuestiones políticas: lo hace por mera supervivencia, la que le lleva a Zarzahuriel, donde completamente solo durante meses, y en odiosa compañía temporal, es feliz en soledad.

La soledad, el odio, la autosuficiencia, el amor de un tío que sustituye a los padres ausentes, las estafas empresariales a los ilusos clientes a los que manipulan y marean, la política presente en ese abuso de poder y en la imposibilidad de grabar a agentes consecuencia de la llamada Ley Mordaza… Santiago Lorenzo plantea en su novela Los asquerosos mucho más que una simple huida de un joven que puede acabar en la cárcel por herir a un agente antidisturbios en el cuello con un destornillador. Y va también más allá de una denuncia a los pueblos fantasma, al abandono que, entre todos, hemos provocado.

Incluso, con la vista atrás, el autor de Portugalete parece escribir un texto premonitorio al poner en el pensamiento la necesidad de que haya un virus que mate a parte de la población, creyendo que los débiles son los demás y que a él no le pasará nada (la novela es de 2018, dos años antes del inicio de la pandemia de coronavirus). Lorenzo nos hace ver, en la piel de este joven de nombre inventado, que todos somos asquerosos: los somos para los demás y esos demás lo son para nosotros. La mochufa, la gente molesta, maleducada, ruidosa, una evolución de los típicos domingueros es siempre ajena a nosotros, como si estuviéramos rodeados. Y, en ocasiones, ni un pueblo abandonado nos puede librar de ella.

Al encontrarse con la mochufa, Manuel tendrá planes para intentar vivir solo, para no tener que aguantarles, a ellos que llegan con sus aplicaciones para encender la calefacción desde la capital (la España vacía estará vacía, pero se llega a ella cuando nos interese con una app móvil para huir de las incomodidades del campo), pero que no le han hecho realmente nada. Su comportamiento será brillante, todo hay que decirlo, pero rayando el delito; cómico y gracioso, pero tan antisocial que habrá que pensar si ha perdido el norte, si ha sobrepasado todos los límites o si, por el contrario, nosotros, los lectores, haríamos lo mismo, huyendo de la Policía o por otros motivos.

En conclusión, la novela Los asquerosos de Santiago Lorenzo es un brillante ejercicio literario para que nos preguntemos en qué saco estamos: en el de los asquerosos o en el de los que sufren la asquerosidad ajena; en el de los pacíficos o en el de los violentos; en el de los justos o en el de los pecadores; en el de los que seríamos capaces de agredir a un antidisturbios en defensa propia o en el de los que nos dejaríamos pegar y sufrir la injusticia en nuestras propias carnes. Porque no todos tenemos un destornillador en el bolsillo como amuleto de la suerte.

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