Portada de Falcó

Reseña de la novela ‘Falcó’ (serie Falcó 1), de Arturo Pérez-Reverte

España está sumida en una recién comenzada Guerra Civil, en la segunda mitad de la década de 1930. Es un periodo de espionaje y contraespionaje, de traiciones, de ideales y valores que se defienden hasta la muerte. De caos. De divisiones por intereses diferentes incluso dentro de los dos bandos inmersos en la contienda, los nacionales y los republicanos. Son los tiempos de Lorenzo Falcó.

Falcó‘ (Alfaguara, 2017) es la novela con la que el exreportero de guerra, escritor y académico de la RAE Arturo Pérez-Reverte se mete de lleno en este periodo que tantas heridas abrió y han quedado abiertas de la Historia reciente de España. Y lo hace con una prosa exquisita y perfecta, con una tela de araña en la que caen los personajes, con o sin su consentimiento, tejida con maestría por el autor. Todo encaja y si quedan hilos sueltos, eso favorece a la trama.

Lorenzo Falcó es un excontrabandista que está a las órdenes del Almirante en el Servicio Nacional de Información y Operaciones (SNIO) y que a la edad de 37 años es un tipo duro adicto a las cafiaspirinas, las únicas que pueden, cuando la presión no lo impide, quitarle los dolores de cabeza que sufre. A las órdenes de la República primero, del bando sublevado después, Falcó es, ante todo, un tipo duro que tendrá que hacer frente u obedecer, eso sí, a tipos más duros que él.

Con un pasado turbio del que no le gusta hablar y tras haber recorrido medio mundo vendiendo armas al mejor postor, Falcó será reclutado como espía al servicio del SNIO y le será encomendada, una vez iniciada la contienda española, una misión arriesgada que podría cambiar el rumbo de la Historia de España: la liberación del fundador de la Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, preso en una cárcel de Alicante.

Falcó es un hombre solitario al que le gustan demasiado el alcohol y las mujeres (cuanto más difíciles sean de seducir, mejor, cuanto mayor sea el riesgo por estar casadas, mejor), aparte de su mencionada adicción a las cafiaspirinas, un antihéroe que no lucha por una causa que no sea la suya propia. Un perfil de espía, cuya sonrisa enamora a cualquier mujer, perfecto para una trama ambientada en una guerra, en la que parece que todo vale, en la que en algunas ocasiones hay que tener más cuidado de aquellos que están en tu bando más que de los del bando opuesto.

Y ya se sabe, si hay que tener a los amigos cerca, a los enemigos no está mal tenerlos aún más. Este espía los tendrá muy cerca, a los enemigos, porque amigos de verdad los puede contar con los dedos de una mano y le sobrarían si le amputaran unos cuantos. En su vida, como se recuerda en varias ocasiones con su pasado que planea como una sombra por el presente en sus conversaciones con el Almirante y con las preguntas de sus compañeros de misión, no han faltado para que le falten dedos y para estar muerto.

Pero Falcó es un tipo con suerte y va sobreviviendo porque la noche es neutral y está para quien sepa utilizarla y aprovecharla. Y el protagonista de esta novela está acostumbrado a trabajar de noche y a aprovechar la oscuridad. Suerte más experiencia más no tener sentimientos es igual, habitualmente, a misiones cumplidas con éxito. Y eso tratará de hacer Falcó: tener éxito en una misión en la que todo se irá complicando a medida que se acerque la noche de la liberación de Primo de Rivera.

El retrato de los bajos fondos de la España de la Guerra Civil que ofrece Pérez-Reverte, para quien escribe esta reseña de la novelaFalcó‘ (Serie Falcó) es perfecto: los peligros que acechan por llevar una u otra insignia en la solapa, por llevar o no llevar armas encima, incluso por llevar un sombrero puesto, así como la descripción de las diferencias de intereses y los pactos y acuerdos que dan lugar a las misiones, con los conflictos de intereses que debe haber en una buena novela para que no sea una novela más de espías y contraespías en tiempos de guerra. Una novela oscura por el contenido, por la naturaleza humana mostrada en su peor apariencia, y por el propio ambiente bélico y nocturno.

Unos tiempos bélicos en los que Falcó tendrá que ser, además de rápido con el revólver o con la navaja que lleva escondida en el cinturón, un equilibrista para hablar y no hablar según lo requieran las circunstancias con los compañeros encomendados en la misión, los hermanos Ginés y Cari Montero, a la que hay que sumar al personaje que en algún momento hará que los principios egocéntricos y de supervivencia de Falcó se tambaleen, aunque quiera aparentar lo contrario: hablamos de Eva Rengel.

Porque todo hombre tiene su debilidad por muy duro que aparente ser en un ambiente en el que solo los tipos duros sobreviven. No vale con ser un hombre blando cuando se trata de matar por dinero porque es tu oficio. No vale con ser una mujer que se asusta o se desmaya cuando caen las bombas cerca. Hay que ser duros para sobrevivir y en esta historia el antihéroe de Lorenzo Falcó tiene su espejo femenino en el personaje de Eva Rengel.

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