Reseña de la novela Castigo divino de Sergio Ramírez Mercado

Reseña de la novela ‘Castigo divino’, de Sergio Ramírez

El periodista Rosalío Usulutlán sale del cine en la ciudad de León (Nicaragua) el día 18 de julio de 1932 después de ver la película ‘Castigo divino‘, protagonizada por Charles Laughton y Maureen O’Sullivan. Usulutlán, que trabaja en ‘El Cronista’, ha escrito un par de gacetillas de diversa índole, una en contra de la decisión de un contrato a la Compañía Aguadora Metropolitana por la subida de precios que habrá en el agua; otra sobre la proliferación de zancudos anofeles en la ciudad por provocar fiebre perniciosa y muertes en los vecinos; y una tercera sobre el excesivo número de perros vagabundos.

Castigo divino (Alfaguara, 2015) es una novela del escritor Sergio Ramírez, galardonado con el Premio Cervantes 2017 en la que las tragedias se repetirán una tras otra a lo largo del año 1933, meses después de que el periodista viera la película y fuera a conversar a la mesa maldita en Casa Prío, un local regentado por el Capitán Prío. En poco tiempo, la presencia en León del joven guatemalteco Oliverio Castañeda se hará nota y se convertirá en el centro de una investigación judicial llevada a cabo por el juez Mariano Fiallos y su secretario Alí Vanegas, ambos poetas.

Oliverio Castañeda llegó a León acompañado de su esposa, Marta Jerez, quien muere de fiebre palúdica en febrero de 1932, según el diagnóstico del doctor Juan de Dios Darbishire. Ambos hombres, Castañeda y Darbishire, sin una buena relación por las sospechas de que el joven ha matado con estricnina a uno de sus perros después de la publicación de la gacetilla escrita por Usulutlán, son dos de los personajes principales de esta novela coral en la que, narrada en tercera persona por un protagonista que recupera toda la información del caso décadas después, el escritor nos envuelve en saltos temporales.

Castañeda, joven estudiante de Derecho que se llama a sí mismo perseguido político por la dictadura de Jorge Ubico Casteñeda en Guatemala, llega a León al Hotel Metropolitano, al lado de la casa de los Contreras. Don Carmen Contreras es el dueño de la Compañía Aguadora Metropolitana, casado con Doña Flora y padres del hijo Carmen y las hijas Matilde y María del Pilar Contreras. Las mujeres de la familia, según la trama, se verán envueltas en dimes y diretes, relacionadas las tres con Oliverio Casteñada. Pero la tragedia no serán solo las habladurías, porque en pocos días de diferencia, a comienzos de octubre de 1933, Don Carmen y Matilde mueren, ambos con síntomas de fiebre palúdica.

Sin embargo, los comensales de la mesa maldita de Casa Prío (el periodista Rosalío Usulutlán, el Globo Oviedo y, sobre todo, el doctor Anastasio Salmerón, discípulo del doctor Darbishire) tendrán otra perspectiva: piensan que Don Carmen y Matilde Contreras han sido asesinados con estricnina sobrante de unas dosis empleadas mesese atrás para matar una veintena de perros en la ciudad, con Oliverio Castañeda en el ojo del huracán. Tras la segunda de las muertes en la familia Contreras, la Guardia Nacional liderada en León por el capitán Tacho Ortiz detendrá a Oliverio Castañeda como acusado de estos asesinato.

Castigo divino, de Sergio Ramírez (autor de novelas como Margarita, está linda la mar), es un relato apasionante con diversos saltos temporales y narradores, porque a la tercera persona de un personaje del futuro que recopila la información, se añaden las primeras personas en las cartas que se escriben los protagonistas entre ellos. Por un lado, la relación epistolar entre Oliverio Castañeda y Matilde Contreras, pero también artículos en los periódicos en el enfrentamiento médico entre los doctores Salmerón y Darbishire por las pruebas o no contra Castañeda. De forma que esta novela es un continuo ir y venir hacia delante y hacia atrás, sobre todo, en el año 1933.

Sergio Ramírez plantea en Castigo divino un paralelismo con el argumento de la película que Usulutlán ha visto en el cine en el inicio de la novela. Pero al mismo tiempo es una historia sobre el poder del periodismo como cuarto poder y su supeditación a los poderes económicos y políticos, de pobres y ricos, de luchas políticas, de amor y odio, de envidias y deseo, de hipocresía, de ciencia y religión…

Los equilibrios entre fuerzas contrarias son continuos en la narración, de gran calidad y un estilo muy propio, con inicios de capítulos dedicados a poetas españoles como Góngora y el aire quijotesco de las novelas de Sergio Ramírez. Porque hay referencias directas a la lucha contra molinos de viento que algún protagonista cree que son gigantes, como la propia figura del juez Mariano Fiallos y los palos en las ruedas y enfrentamientos directos que tiene con el capitán Ortiz y las decisiones políticas que caen sobre el caso y el acusado.

En realidad, podemos plantear en este reseña de la novela Castigo divino de Sergio Ramírez que existen varios Quijotes en sus luchas particulares: Oliverio Castañeda, culpable o inocente, se defenderá a sí mismo en el juicio a pesar de todas las dificultades que se le plantean, ya que parece que está claro que se quiere su culpabilidad y ejecución. Pero es que la recopilación de todas las pruebas posibles por parte del Doctor Anastasio Salmerón es otra lucha quijotesca por la verdad, casi (o sin el casi) más ahínco que la del juez Fiallos. Pero en esta novela de mentiras y verdades, de secretos ocultos y de rencillas y odios que sólo conocemos por las misivas, ocultas a importantes protagonistas, nada es lo que parece.

Sergio Ramírez (en esta web también he escrito reseña de otras de sus novelas, como El cielo llora por mí) domina por completo la trama de la narración, jugando con el lector como quiere, dándole el poder narrativo a ese personaje anónimo que es quien está escribiendo la novela. Y ese es un ejercicio de metaliteratura en esta novela Castigo divino, como sucede con la conversación de las últimas páginas entre el juez Fiallos y su secretario Vanegas. La construcción del libro es perfecta, dejando en el lector la sensación de que se le ocultan cosas, se le presenten de manera transparente otras, pero como si eso no fuera por culpa o gracia del escritor nicaragüense, sino de los protagonistas de un libro que se escribe a sí mismo, esa es la poesía, dentro de la narración tan oscura por la temática de asesinatos, envenenamientos y exámenes de autopsias que recogen las páginas del libro. Porque es un libro tan poético como truculento, tan bonito como duro de leer en algunos pasajes. Así es la vida, vida y muerte, dolor y placer.

¿Quién mató a Don Carmen y a Matilde Contreras? ¿Es en realidad un personaje tan sibilino Oliverio Castañeda como para cometer los asesinatos después de vivir hospedado en la casa de los Contreras y ganarse la confianza del pater familias? ¿Es realmente un joven tan falto de toda moral? Castigo divino, de Sergio Ramírez, es una novela estupenda que plantea dudas y preguntas en el lector cuando acaba la lectura, que deja maravillada por ser una crónica judicial tan detallada, con tantas idas y venidas en el tiempo, como un puzzle cuyas piezas tenemos que colocar o permitir que nos coloquen otros y simplemente disfrutar de la lectura.

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