reseña de la novela El Paciente, de Juan Gómez-Jurado

Reseña de la novela El Paciente, de Juan Gómez-Jurado

El neurocirujano David Evans, del hospital privado Saint Claire de Washington DC, es un hombre viudo que vive con su hija Julia. Una noche, al regresar a casa, la niñera, Svetlana, ha desaparecido con su hija. Sin saber lo que ha pasado, empieza la búsqueda frenética de su pequeña de siete años. Pero recibe un extraño mensaje de móvil de un desconocido que se hace llamar señor White, quien le pone en una encrucijada: si quiere volver a ver a su hija viva, el próximo paciente al que tendrá que operar deberá morir en quirófano. El hombre que no puede salir vivo de la mesa de operaciones es el presidente de Estados Unidos.

La novela El Paciente de Juan Gómez-Jurado (Ediciones B, 2014), narrada en primera persona por el propio doctor Evans echando la vista atrás a lo sucedido, es la cuenta atrás de las últimas 63 horas antes de la operación más importante en la vida del neurocirujano. Un padre que debe elegir entre la vida de su hija o la del hombre más poderoso del mundo, un personaje inspirado en Barack Obama y su mujer, la Primera Dama, claramente inspirada en Michelle Obama. Casi totalmente controlado por el señor White, Evans no podrá avisar a la policía ni al FBI ni a nadie, incluida su cuñada, Kate Robson, agente de los Servicios Secretos y hermana de Rachel, su esposa fallecida recientemente.

De esta manera, uno de los mejores neurocirujanos de los Estados Unidos tendrá una enorme espada de Damocles sobre su cabeza. Haga lo que haga, una persona morirá, pero en sus manos, literalmente, estará que la víctima sea su hija o el máximo mandatario del país. Las horas pasan y el señor White se entrevistará personalmente con él en varias ocasiones, en una cafetería, donde le enseñará el lugar donde está secuestrada su hija. Así descubrirá que realmente White no es ningún asesino, sino que cumple órdenes de sus clientes y elige a otras personas que maten por él.

Con El Paciente, Juan Gómez-Jurado quiere presentar un thriller trepidante sin dar descanso al lector, presentando el dilema que tiene el neurocirujano David Evans: ¿la vida del presidente de Estados Unidos, al que tiene que operar de un gliobastoma multiforme, vale más que la vida de su hija Julia? Si decide que no, que su pequeña está por encima de todo, ¿cómo podrá matar al presidente en un quirófano vigilado y con todos observándole? Parece una tarea imposible, pero al psicópata que ha secuestrado a su hija eso le importa poco.

La trama de este thriller del autor de Reina Roja, Loba Negra y Rey Blanco, tiene un buen inicio, el punto de partida es bueno. Pero tiene varios puntos débiles que le restan bastante valor. Sin destapar mucho del contenido de la novela, hay que decir que hay varios puntos importantes en la trama que no se resuelven bien, flecos sueltos que hacen languidecer a la novela. Uno de ellos es el final, sin lugar a dudas: no tiene sentido lo que sucede, se coja por donde se coja y en varios sentidos.

Pero de eso no se puede decir nada más, salvo que una posible explicación o atisbo de ella, quizás, la tenemos en la novela corta La historia secreta del señor White, que narra el origen de este personaje. Su lectura cierto es que da un retrato de la persona, pero con flecos igualmente en la narración que no explica aspectos muy importantes de por qué tiene tanto poder psicológico. Lo da por encima, pero con vacíos muy grandes poco justificados. ¿Leyendo todos los libros se rellenarán todos los espacios en blanco, lagunas?

Vamos a tratar entonces de analizar los puntos débiles sin hacer spoilers innecesarios. El Paciente de Juan Gómez-Jurado pretende ser una novela en la que el señor White lo tiene todo controlado, una especie de Gran Hermano que con la última tecnología lo sabe y lo maneja todo. Incluida la existencia de una cuñada, Kate. Pero a lo largo de la novela vemos cómo la trama carece de sentido realmente en este punto. Y esto no quiere decir que este «asesino» que nunca se mancha las manos de sangre lo sepa todo realmente, no es así y él mismo lo sabe. Pero cuando se lee la novela queda claro que hay puntos muy débiles en la trama en lo que se refiere a controlar a la marioneta que debe matar por él y a su entorno.

En segundo lugar, falla el por qué del asesinato. Al leer el libro, con el que comienza una trama que se alargará con cuatro novelas más (la siguiente, la La Cicatriz, y el resto las mencionadas Reina Roja, Loba Negra y Rey Blanco), el lector o al menos el lector crítico se preguntará: ¿por qué quiere matar al presidente con tanta prisa? La respuesta llega si la novela es buena, hay preguntas (¿cómo?, ¿por qué?, ¿quién?) que siempre deben responderse en una novela policial, negra o en un thriller. Salvo que se quiera dejar un final abierto con algo de misterio.

Y misterio tiene El Paciente de Juan Gómez-Jurado, por supuesto, pero no acaba de responder a alguna pregunta muy básica que sí debería dejar respondida a los lectores. Todo esto no significa que la novela no sea buena, pero no es un gran thriller, está lejos de serlo realmente. No porque el tema no merezca la pena o sea malo, al final es interesante. Pero hay que hilar muy fino y responder a las expectativas de los lectores. Si aspiras a tocar muy alto y te quedas corto, el sabor de boca es amargo. Creo que, por más motivos que el hecho de que los personajes son muy arquetípicos, esto es lo que sucede.

David Evans y su entorno laboral (Meyer es el director del hospital privado, y la doctora Wong es su jefa directa) se asemejan en gran medida a lo que son el Doctor Gregory House, la doctora Lisa Cuddy y Edward Vogler, ese empresario sin escrúpulos que durante algunos capítulos de la serie House dirige el hospital Princeton-Plainsboro. Y a pesar de que David Evans es más dado al altruismo que House, también hace uso de la vicodina para aliviar su dolor físico y tiene un humor negro y cínico, quizás excesivo en algunos puntos de forma no comprensible y no parece que se deba simplemente a la tensión que vive.

La tirantez en su trabajo con sus superiores es constante y el perfil psicológico de Meyer es totalmente opuesto al de Evans para que el conflicto sea sencillo: el empresario que solo quiere dinero frente al médico que antepone la salud de los pacientes frente al punto de vista del beneficio económico. Ahí se ve en El Paciente de Juan Gómez-Jurado un retrato, cierto, muy maniqueo, o todo es negro o todo es blanco, sin matices intermedios. Y algo que enriquecería la novela no aparece: una evolución psicológica de los personajes, que son demasiado planos, hieráticos.

Otras tiranteces y conflictos entre personajes se entienden mucho menos, como es el rechazo tan frontal y que sin motivo aparente siente el jefe del equipo de seguridad presidencial, McKenna, quien es lógico que quiera conocer a fondo al neurocirujano que va a operar al presidente. Pero no es tan lógico que tenga tanta animadversión por él sin que haya un motivo real. Esto, creo, responde al interés del autor de crear una nueva fuente de conflicto, pero este debe tener sentido, no hacerlo porque sí y sin que el lector sepa que el motivo merece la pena. Sí es más lógica la rivalidad de Evans con Hockstetter, su mentor, un neurocirujano con ínfulas de genio y tirano con sus discípulos.

Juan Gómez-Jurado en El Paciente, además, comete algún error durante las peripecias de Kate tratando de encontrar a su sobrina y esa parte tiene un desarrollo muy sencillo, demasiado como para que sea creíble. Este, mantener la lógica de una investigación policial, es un error que también comete, como se analizó en la correspondiente reseña, en Reina Roja: en aquel caso, no tiene sentido que un policía se enfade porque su primera teoría sobre un criminal falle porque el criminal es otro, como si fuera algo personal y una investigación se basara en «este es el culpable porque lo digo yo».

En este thriller médico, previo a las andanzas de Antonia Scott, es difícil pensar que una agente de los Servicios Secretos no trate a fondo la búsqueda de unos criminales en un aspecto fundamental: conocer nombres. Aparte de que hay demasiadas casualidades en su recorrido, lo cual puede demostrar que el autor no sabe o no fue capaz en su momento de crear un argumento más sólido, más complejo y creíble. Los puntos más importantes del libro se resuelven, creo, de forma muy sencilla.

Con todo ello, el thriller El Paciente de Juan Gómez-Jurado es quizás un intento no del todo acertado de apuntar a lo más alto. No por tener al presidente de Estados Unidos como protagonista de un thriller el libro va a ser bueno. Hace falta una trama perfectamente escrita para estar a la altura y en este caso, esto no existe. El aspecto ético está bien, sucede lo mismo con Reina Roja: la base es buena, es llamativa, pero el autor no remata bien los libros, deja preguntas demasiado importantes sin responder, hay puntos débiles en lo relacionado con las investigaciones policiales y no terminar de construir una narración que alcance un notable de nota, se queda más en un bien o en un suficiente tras un estudio del libro.

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