Reseña de la novela 'Loba negra', de Juan Gómez-Jurado

Reseña de la novela ‘Loba negra’, de Juan Gómez-Jurado

El cadáver de una mujer aparece flotando en el río Manzanares, en Madrid. Hasta allí acude el inspector vasco Jon Gutiérrez, que se pregunta por qué la detective Antonia Scott no está con él. Después de conseguir sacarla, Antonia Scott aparece por sorpresa y deduce que la víctima fue arrojada al río desde un puente. Desea con todas sus fuerzas, con una obsesión que se ha apoderado de ella, que sea Sandra Fajardo.

Loba negra‘ (Ediciones B, 2019), es la segunda novela de Juan Gómez-Jurado protagonizada por Antonia Scott y Jon Gutiérrez. Con este thriller, el autor prosigue el éxito iniciado con ‘Reina Roja‘ (Ediciones B, 2018), al igual que en la cabeza de Antonia Scott están los monos, Sandra Fajardo y White. Dos personas a las que en esta ocasión no perseguirá en su nuevo caso (y eso que en la primera novela eran de suma importancia y ahora, en esta, ¿qué pasa con ellos?). No, porque Mentor les envía a los dos a Málaga con la misión de llevar a Madrid viva a Lola Moreno.

Lola Moreno es la esposa de Yuri Voronin y su búsqueda hará que los dos agentes se involucren, a su manera, en una trama policial de persecución de la mafia rusa en Marbella. Uno de cuyos clanes, al que pertenece Yuri, está liderado por Aslan Orlov. Coincidencia o no, Orlov es también el apellido de uno de los protagonistas de la novela policial ‘El secreto está en Sasha‘, de Rafa Melero, también mafioso ruso.

En este sentido, si el lector cree que se encontrará con una novela policial o negra como otras (como las del propio Melero), se equivoca. Si el éxito de Juan Gómez-Jurado se debe a algo, no es precisamente por guiar paso a paso al lector por una investigación policial al uso. Sí será un tema recurrente en la novela, tangencial, pero no primordial dada la naturaleza opaca de la organización para la que trabaja Scott (o que dirige a Scott como una marioneta, el lector juzgará). La importancia de este thriller no pasa por ahí, más cimentado en el humor y en agentes que parecen policías estadounidenses con licencia para saltarse todas las normas.

Loba negra‘ es una novela de fácil lectura, como lo era la primera parte. Su desarrollo es rápido, enlazando capítulos cortos en los que los acontecimientos se suceden en una continuo rodar hacia el final. Intercalado algunos capítulos que funcionan a base de flashbacks explicando algunos puntos para que el lector tenga todas las piezas (de un puzzle incompleto en ‘Reina Roja‘). Lo hace con un estilo desenfadado, mucho para lo que es habitual en una novela de este género. Pero como ocurre con ‘Reina Roja’, esta trama tiene puntos inconclusos, que no se acaban de explicar. Aunque cierra madejas de hilos abiertas en la primera parte, en esta se deja igualmente otras abiertas sin saber el lector bien por qué.

Y no es que el estilo desenfadado y los diálogos entre Antonia Scott y Jon Gutiérrez le resten credibilidad o verosimilitud al relato. Pero este tiene algunos puntos repetitivos como las diversas menciones a que el agente vasco no está gordo (la reiteración es un instrumento habitual, por ejemplo, en el humor o en la poesía, pero su efecto no es igualmente bueno en el género novela). Esta insistencia que intenta ser cómica por parte del autor, ya la encontramos en la novela previa y creo que no funciona. La reiteración hay que saber usarla para no resultar pesada.

Al igual que algunos detalles y situaciones que, analizadas al detalle y con una crítica honesta, pueden ser difíciles de creer. Lo cual es volver a caer en los mismos errores que tenía la primera novela. De hecho, la repetición de frases de forma insistente llega al punto de que hay un párrafo completo copiado y pegado exactamente igual en los dos libros. En un capítulo que es un flashback en el que Mentor habla con un científico mientras observan sus experimentos como Antonia Scott. Pero los diálogos son diferentes. ¿Son el mismo momento de la historia en el pasado? No (aunque sean muy parecidos). Entonces, ¿por qué copiar y pegar el mismo párrafo con la referencia a la edad del protagonista y a que tiene un pie en la tumba y otro sobre la piel de un plátano?

Aunque en esta reseña de ‘Loba negra‘ no voy a desentrañar nada importante de la novela, hay momentos de tensión y peligro que se resuelven de forma poco creíble. En unos casos porque parece que unas simples clases de gym y zumba convierte a quien la practica en Nadia Comaneci. Y en otros porque con un poco más de esmero policial, la novela sería bastante más corta (como lo sería Misión Imposible 6. Fallout, si los accidentes en moto en la película fueran como en la vida real y no tan descaradamente falsos). O a lo mejor no más corta, pero sí más diferente, más realista.

Estos episodios no la convierten en una mala novela, no es así, pero son puntos en los que flojea porque no es verosímil (como no lo era la primera parte). Eso sí, en otros aspectos el autor tiende a la exactitud obsesiva con otros detalles, descompensando de esta forma el relato (ya lo descompensaba en la novela anterior). Al igual que quizás se le puede achacar a Gómez-Jurado la explicación de cómo es la psicología de dos personajes que ya se conocen antes (Antonia y Jon) y que, por lo tanto, no sería necesario repetir. Pero es que no acaba de construir un relato que se cierre, deja partes siempre sin completar que son muy importantes. Y hacerlo por segunda vez no es un acierto.

Como conocerán los lectores de ‘Reina Roja‘, Scott es una mujer especial, bajita, menuda, con apariencia de ser inofensiva, con unas capacidades deductivas impresionantes. Pero no tanto como para comentarse por parte de otros personajes que es la persona más extraordinaria del mundo. Eso puede pecar, más bien, de ser una exageración. Él, un agente de gran fuerza, pero también de gran corazón. Demasiado para toda la información que ella le esconde (más allá de lo que esconde Mentor). Pero en la primera él era quien escondía también secretos importantes. Los dos llegarán como dos desconocidos a meterse en el terreno de la comisaria Romero y el subinspector Belgrano, que sí están de lleno en la trama rusa de la novela, pero que no reciben del todo bien a los dos agentes. Otra vez, porque en la primera era el capitán José Luis Parra quien sentía antipatía por ellos.

Los diálogos son muy directos, cortos, como si se tratasen de un intercambio de puñetazos en un combate de boxeo. Sobre todo, en continuo combate, entre Antonia Scott y Jon Gutiérrez. Que es de lo más interesante de la novela, ya que el mundo de la mafia rusa y cómo funciona no es una novedad en la literatura. Lo que sí es más novedoso es la historia de Antonia Scott, que en ‘Loba negra‘ volvemos a conocer, hasta el punto de ver cómo vuelve a perder el control, cómo necesita las pastillas en momentos de tensión, porque vuelven a aparecer los monos chillando.

Tal vez no con monos chillando, pero sí que hay algunos aspectos que pueden chirriar al leer esta novela. Para empezar, el título, pero de este punto no diremos nada más. Para continuar, el autor une la narración de la novela con la vida real, con menciones, por ejemplo, a los denominados ‘haters’ de Twitter o usuarios que básicamente usan las redes sociales para criticar e insultar. Este punto puede resultar gracioso, pero realmente no tiene sentido en la novela más que como una forma de trasladar la personalidad, vivencias personales y el humor del autor a la narración. Pero sin un nexo narrativo claro.

Sí vamos a dejar algunas pinceladas acerca de que esta es una novela que al final gira sobre tres mujeres fuertes, de personalidades muy definidas: Antonia Scott, Lola Moreno y la misteriosa Loba negra. Cada con su estilo a la hora de actuar, con sus mochilas, con sus problemas, con sus traumas, intentando siempre sobrevivir o hacer su trabajo (que básicamente es lo mismo). Las tres envueltas en un mundo de corrupción en el que es difícil encontrar a alguien limpio de verdad, honesto, sin ningún tipo de mancha.

Loba negra‘ (quien haya leído las dos podrá pensar que se han escrito siguiendo prácticamente el mismo esquema o división por capítulos) tiene la parte interesante relativa al entrenamiento llevado a cabo por Antonia Scott, eso es así. Y la relación entre policías y confidentes. Deja un poso sobre el que hay que reflexionar acerca de la capacidad de los Gobiernos u otras organizaciones de vigilar a sus ciudadanos con todo tipo de herramientas y programas secretos, como lo es aquí Heimdal. En la novela se ve el tremendo poder de este tipo de herramientas que son ilegales, pero que son capaces de investigar todo acerca de unos criminales en unos segundos.

Aunque luego esa información realmente no tenga apenas utilidad en la trama policial de por sí. Ahí queda la novela colgando, como incompleta, como sucede, el lector que analice la novela a fondo lo sabrá, con partes importantes de la trama. Al menos para quien escribe esta opinión sobre ‘Loba negra‘, la novela queda coja porque quedan algunos puntos importantes por clarificar y algunas conductas de los personajes principales carecen de sentido. Y otros aparecen y después como si no existieran (como la madre de Lola Moreno, el padre de Antonia Scott y su hijo, Jorge). Incluso las venganzas quedan incompletas, no se sabe por qué. Incluso el lector puede preguntarse cómo este personaje consigue hacer esto o aquello, pero no lo otro y chirría. A esta persona sí la mato porque quiero, a esta no porque cambio de opinión solo porque me lo piden. No se puede decir más, sin embargo, para no destripar nada.

En definitiva, sí es cierto que esta es una novela interesante, como lo era ‘Reina Roja‘. Pero tiende más a la espectacularidad en algunos momentos, restando algo de verosimilitud y solidez como thriller. Es interesante, engancha al lector, pero en los detalles mencionados hace que no sea todo lo buena que podría llegar a ser profundizando más en cuestiones policiales como tal. Y dando más detalles de cómo es la organización secreta y mostrando aún más cómo funciona Heimdal. Y no incurriendo en el error de dejar abiertos puntos de suma importancia, vitales. Que tal vez no sea un error, sino una estrategia para seguir vendiendo más libros, más novelas, ninguna concluyente, todas con flecos. ¿Error literario y acierto comercial?

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