Portada de la novela Un amor

Reseña de la novela ‘Un amor’, de Alejandro Palomas

Unos ocho años después de la cena de Nochevieja de ‘Una madre‘ y varios años después de la historia narrada en ‘Un perro‘, con Rulfo (R en la anterior novela) vivo porque ha sobrevivido al atropello, Emma se va a casar con Magalí, una mujer argentina que parece ser su amor definitivo después de los sufrimientos del pasado. Todo está listo para la boda por lo civil. Y todo parece listo, igualmente, para la celebración del cumpleaños de Amalia, su madre.

Un amor‘ (Ediciones Destino, 2018) es la novela con la que Alejandro Palomas ganó el Premio Nadal 2018 y que sigue narrando la vida de la familia que forman Amalia y sus hijos Fer, Silvia y Emma. Ahora, en este libro, una familia que ha aumentado con el retorno de tía Inés y la incorporación de Magalí. A todos ellos hay que sumar a las mascotas, Shirley, la perrita de Amalia, y Rulfo. Pero hay que restar a otros presentes como el tío Eduardo en ‘Una madre‘, o presentes solo por menciones como Peter, quien fue pareja de Silvia antes que John.

Al igual que ocurre en ‘Una madre‘ y en ‘Un perro‘, los tempos de ‘Un amor‘ varían entre el presente y las vueltas al pasado y que ponen en el centro de la acción a la madre, que una vez más se convierte en la casi única protagonista de verdad de la narración. Las demás historias, los miedos, verdades, mentiras, anhelos y problemas de sus hijos pasan siempre por ella. Es a ella a la que no quieren herir, es a ella a la que no quieren perder.

De tal forma que desde el punto de vista de la estructura de la novela, el hecho de que la boda entre Emma y Magalí, que podría ser el inicio de una nueva y feliz vida para Emma, coincida con el día del cumpleaños de Amalia, hace que el enlace entre las dos pierda interés y sea un acontecimiento más del que se podría, casi, prescindir.

Y es así a pesar de que Magalí tiene en su vida una historia a la que Alejandro Palomas podría haber dado mucha más importancia porque es muy potente, se centra en ella muy poco y sí mucho en los desvaríos de Amalia, que se mezclan con una enfermedad que dará un buen susto a sus hijos. Y eso a pesar de que si en el pasado Amalia la abrazaba para salvarla de la cafetería donde todo cambió, ahora la felicidad de la hija en la narración pasa a un segundo plano en penumbra.

En ‘Un amor‘, el ganador del Premio Nadal 2018 se concentra quizás demasiado en seguir enfocando la luz sobre Amalia -manteniendo como fondo las reflexiones y recuerdos de la abuela Ester, personaje que siempre está, aunque sea siempre un recuerdo y acertado, ya que es la personificación de lo cabal-, restando importancia a todo lo demás.

Lo cual no estaría mal si no fuera por el hecho de que Amalia es un personaje que pretende ser divertido, y aunque tiene sus muy buenos puntos de humor, en el fondo no lo es tanto. Es una mujer mayor que tiene comportamientos que serían criticados en cualquier caso, pero no en esta novela, no para sus hijos. Y por quienes no la conocen, pero en la obra los extraños se comportan con ella como si fueran sus hijos y le perdonaran todo.

Amalia es una mujer albina que ha sufrido mucho en su juventud por serlo. Y después le pasó lo mismo en su matrimonio antes de divorciarse. Y por eso sus tres hijos, sobre todo Emma y Fer, parece que están empeñados en reírle todas sus gracias, haga lo que haga, diga lo que diga, casi sin oponerse. No tanto Silvia, la hermana que más responsabilidades familiares ha tenido, como quedó plasmado en ‘Un perro‘, sobre todo cuando Amalia abandonaba a sus hijos cuando discutía con marido.

Y es en un punto clave de la novela cuando la narración deja clara la falta de lógica que tiene permitir a Amalia traspasar todas las líneas. Si ya al inicio de la novela incluso una jueza deja que haga lo que quiera en una escena absurda y surrealista, sí, quizás fuera de lugar teniendo en cuenta dónde sucede, al final de la novela queda claro que Silvia es la única con la fortaleza necesaria para hablar las cosas claras, como en las otras dos novelas. Pero saldrá escaldada y la verdad que dice quedará oscurecida y repudiada.

Esta familia, con Amalia al frente y tía Inés, tras años desaparecida, a su lado, está más basada en las mentiras que en las verdades. En ocultar la verdad y no enfrentarse a ella. En dejarlo todo correr en lugar de pararse a hablar. Una familia en la los hijos no son nada sin la madre. En la que cuando se dicen las verdades a la cara, aunque sea de mala manera, aparece la excesiva sobreprotección y los paños en los que Fer y Emma arropan a su madre.

Un amor‘ es una historia que más allá de que guste más o menos el hecho de que Amalia esté sobreprotegida (¿quién no sobreprotege a una madre, a un padre o a los hijos a lo largo de su vida?) y tenga una conducta de madre mimada y con tendencia a ser mentirosa compulsiva, tiene algunas discordancias y no cuadra del todo con los argumentos de las anteriores novelas de la saga, ‘Una madre‘ (la mejor de las tres) y ‘Un perro‘.

Como decía en la reseña de ‘Un perro y se repite en esta reseña de ‘Una madre‘, no se trata de juzgar las personalidades de los protagonistas y si gusta menos, decir que la novela es mala, ni mucho menos. Eso significaría calificar de mala, por ejemplo, la impresionante novela ‘La naranja mecánica‘ (y la adaptación cinematográfica por añadidura).

El objetivo es poner en una balanza con varias bandejas el peso de cada protagonista de esta familia y percibir que hay un desequilibrio muy importante que siempre cae del mismo lado, de la misma bandeja, en detrimento de otras bandejas que podrían tener mucho más peso, pero no lo tienen y debilitan la trama.

¿Recuerdan los lectores a Rulfo? ¿Recuerdan el amor y la preocupación que sentía o se suponía que sentía Amalia, y también Fer, por él? ¿El cariño y lo que parecía ser una estrecha relación de Fer con el can? En esta novela no está. Ni siquiera se ve que haya una relación dueño-mascota entre Fer y Rulfo, un perro que tiene una relación mucho más estrecha con Oksana, una mujer rusa que esconde momentos desternillantes y que es como una segunda madre para Fer, que con él. En esta continuación, la relación poco cariñosa que había entre Fer y Rulfo es aún menor que cuando la vida del can pendía de un hilo y aún tenía en el recuerdo a Max, el gran danés que falleció.

Esta novela de Alejandro Palomas, para quien escribe esta reseña, sufre de estas debilidades (dejar de lado una gran historia, la vida de Magalí, que aparece como una bomba y enseguida desaparecer prácticamente sin dejar ni humo; hacer que el que tenía que ser un personaje principal en ‘Un perro‘ y que no lo fue, tampoco tenga apenas ninguna importancia en esta) y alguna más. Ya que no hay que verla solo con una novela independiente, sino como una parte más de una serie de libros. La valoración tiene que ser en conjunto y no por separado.

Por ejemplo, cuando Fer, el narrador en primera persona de estas novelas, menciona que el carácter de Amalia es el de una mujer tímida, cuando la verdad es que ella a la menor oportunidad sale a la calle, como en ‘Un perro‘, preguntando a cualquier persona que tenga perro si su veterinario es gay porque su hijo lo es y le está buscando una pareja. O como cuando llama a la radio para hacer exactamente lo mismo. O como cuando le pregunta a un naturópata si es gay… exactamente para lo mismo.

Amalia es, en definitiva, una mujer que no es tímida en absoluto. Aunque quizás su verborrea y sus desmanes tengan una explicación que está encerrada en la primera novela, en ‘Una madre‘ (esta es la reseña de la novela ‘Una madre’), que el lector deberá leer de nuevo o recordarla muy bien, porque en esa novela se predice lo que sucede en las dos siguientes. Y sus hijos no se dan cuenta y eso le hace caer en una pendiente sin frenos.

Quizás es por eso por lo que la mujer más sensata (no era un derroche de sensatez tampoco) de ‘Una madre‘ ha desaparecido casi por completo. Pero hay que imaginarlo, la explicación como tal no la tendremos en esta novela (que no es mala y tiene un muy buen estilo porque Alejandro Palomas escribe muy bien) para saberlo hay que intuir y reunir las piezas de las tres novelas por parte del lector para tener una hipótesis.

Es una mujer que miente a sus hijos y con una disculpa se soluciona todo, que traspasa los límites incluso de la decencia, pero a la que se le permite todo, dejando en el lector la pregunta de hasta qué punto la novela es realista o lógica, cuando la extravagancia deja de serlo como tal y pasa a ser una conducta tan reprobable que cuesta creer que se salga con la suya por mucho amor que le tengan sus hijos.

Un amor‘, en fin, es una novela que cojea un poco y que, como ocurrió con ‘Un perro‘, no ha terminado de gustar a quien escribe esta reseña, a quien le habría gustado más ahondar en otras historias distintas a la de Amalia, demasiado protagonista en detrimento de, por ejemplo, Emma y Magalí. Las dos se casan, las dos parecen haber encontrado la luz en una vida negra, de fatalidades. Pero Amalia, de nuevo, lo eclipsa todo. Demasiado.

Porque ese amor que nace entre Emma y Magalí parece que no vale tanto como el amor al que se refiere el título de la novela y que tiene más de una lectura. Varios planos, varios órdenes. Y quizás ninguno tan claro ni tan potente como el que da lugar a este matrimonio de las dos mujeres. De tal forma que hacer coincidir su boda con el cumpleaños de Amalia y con el aniversario de su divorcio, y con otro evento, secreto, del que sus hijos no le quieren decir nada a Amalia, desajusta totalmente las bandejas, de nuevo, como en la anterior novela.

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