Portada de 'Un perro' (Destino, 2016), de Alejandro Palomas

Reseña de la novela ‘Un perro’, de Alejandro Palomas

Fer, el protagonista de la novela, está en una cafetería de noche. Solo. Esperando una llamada o un SMS que no llegan. Pero sí llega su madre, en el momento menos apropiado. Le acompaña durante un buen rato en la cafetería, con las rodillas negras porque se ha caído al entrar con Shirley, su perrita. Fer quiere que su madre se vaya, pero no lo hace.

Un perro‘ (Ediciones Destino, 2016), es la segunda novela de la trilogía que comienza con ‘Una madre‘ (Siruela, 2014) y proseguirá con ‘Un amor‘ (Ediciones Destino, 2018), esta última con la que el escritor y traductor Alejandro Palomas ganó el Premio Nadal 2018. Es la historia de R, el perro que Amalia, la madre, le lleva a Fer al principio temporalmente y luego este decide quedarse.

Pero a lo largo de las páginas el lector sabrá menos del perro, de R, que de la hasta cierto punto extraña y caótica relación que mantiene Amalia con sus hijos, con Fer, Silvia y Emma. Ambientada en la ciudad de Barcelona en el mes de junio, ‘Un perro‘ no tiene como máximo protagonista ni casi como secundario de lujo al animal, ya que el centro del relato, aunque se pueda hacer el esfuerzo de pensar que es el can, R, en realidad es la madre.

La madre, Amalia, más en el pasado que en el presente, porque a lo largo de la novela se regresa una y otra vez al pasado como sucede en ‘Una madre‘ (esta es la reseña de la novela ‘Una madre) a los tiempos en los que Amalia conoce a John, la pareja de su hija Silvia, así como a Hermione, la madre de él; a los tiempos en los que ella se escapaba de casa después de las discusiones con su marido y dejaba a los niños solos, con Silvia haciéndose cargo de la casa.

Amalia es una mujer mayor, de unos 70 años, que no hace prácticamente caso a ninguna de las recomendaciones de sus hijos y que tiene una personalidad que resulta en ocasiones muy cargante, que parece no entender bien la realidad que la rodea o finge no entenderla. Que comete un error tras otro. Que saca de quicio a sus hijos en más de una ocasión, pero que se mantiene unida a ellos.

Lo hace una balsa, la metáfora que sobrevuela toda la novela, en la que todos, los cuatro, parecen ayudarse los unos a los otros para sobrevivir, aunque en más de una ocasión parezca que en realidad son los hijos los que llevan en la balsa a Amalia para que ella no se hunda. Metafórica y realmente, ya que Amalia es una mujer mayor que tiene cada vez más problemas para caminar y para ver.

Un perro‘ es una novela que pretende mostrar el vínculo tan fuerte que une a Fer con R, su mascota, a la que años después de llegar a su vida mediante un ardid de su madre, no acaba de ponerle nombre. Y ese vínculo se nota de verdad en muy pocos pasajes de la novela, ya que la narración, el hilo conductor de la historia, lo lleva la madre, Amalia.

Y no mentiríamos si dijésemos que en todas las páginas de la obra Amalia menciona más a Chris, un veterinario de un reality show, que a R. Y está más pendiente de su propia perrita, Shirley, que de R. Todo va a parar a ella, a Amalia, ella es el foco que lo ilumina todo y deja a oscuras, demasiado, la relación de Fer con R. Los problemas de todos los protagonistas, de sus tres hijos, al final van a parar a ella. Porque el cambio que Emma quiere dar en su vida es por su madre y no por ella misma. Porque Silvia frota y frota, queriendo limpiar todas las manchas del mundo, por su madre.

Amalia es el centro del universo de esta familia, para bien o para mal, y eso eclipsa el que se supone que tiene que ser el núcleo narrativo: R, el perro del que Fer espera noticias y provoca que, entre idas y venidas, entre recuerdos del pasado y las meteduras de pata de su madre con Raluca, la camarera rumana del bar donde Fer se ha refugiado, él mire una y otra vez su móvil. Aunque la orina que mancha la camisa de Fer sea la de R.

Y por ahí, más allá de algunas buenas metáforas, reflexiones sobre la vida y problemas cotidianos que todos podemos o podremos tener en nuestras relaciones familiares, quizás, llega el punto débil de la novela: apenas hay perro, la mascota está en un segundo plano. Incluso en los momentos en los que más prisa deberían darse todos por llegar a su lado, incluso en los momentos en los que la narración debería cambiar y alejar a la madre del centro, ella sigue estando ahí y todo va lento.

Demasiado lento, porque las prisas y los nervios que tiene Fer por recibir noticias de su perro quedan relegadas cuando salen de la cafetería en el momento en el que llega el novio de Raluca. La historia, en lugar de continuar con el foco puesto en Fer en la búsqueda de su perro, se queda suspendida en Amalia, en esa mujer que no es capaz de hablar sin que suba el pan. En este sentido, eso sí, prosigue la evolución psicológica consecuencia del divorcio que ya vislumbra un médico en ‘Una madre‘, si el lector lo recuerda.

En opinión de quien escribe esta reseña de ‘Un perro‘, la lucidez final de Amalia, entre todos sus vaivenes y planes de lo que coloquialmente se dice de «bombero retirado», que vuelve a poner la luz sobre el perro a modo de epifanía para Fer, llega tarde. La visión final de Fer llega tarde, casi de sopetón, tras demasiado tiempo leyendo una historia que poco tiene que ver con el pobre animal, con ese cachorro de perro al que le dan miedo las tormentas y al que Fer acaba abrazando. Eso ocurre en una de las pocas ocasiones en las que parece que R es el protagonista de la novela.

Esta no gira tan alrededor de R como debería, lo hace sobre todo alrededor de Amalia, de la madre que tantas veces trae de cabeza a sus hijos. El peso de Amalia es incluso mayor que en ‘Una madre‘, por paradójico que parezca teniendo en cuenta los títulos y que en la primera, la narración era más coral. En esta segunda se echa en falta más relación de Fer con su mascota, a la que tiene desde hace tres años. Tres años en los que el amor entre amo y mascota, y el amor entre mascota y Amalia, brilla por su ausencia, solo aparece en algunos flashes.

Imaginen la película ‘Truman’ (2015), protagonizada por Ricardo Darín en el papel de Julián, y Javier Cámara interpretando a su amigo Tomás, sin apenas presencia del perro y con Elvira Mínguez, que interpreta a Gloria, exmujer de Julián, o a Dolores Ponzi encarnando a Paula, amiga común de los dos personajes principales, con un papel demasiado en primer plano para lo que le correspondería. Así es esta novela.

Fer, que trabaja de actor de doblaje en un estudio, está entre Amalia y R, está subido a la cuerda que une los dos extremos. Pero en esta obra el peso de la cuerda está irremediablemente inclinado hacia el lado de la madre. Hubiera gustado más al que escribe esta reseña que el peso hubiese estado más del lado del perro, que está en penumbra en un escenario en el que la luz es para Amalia y todas las emociones, mentiras, verdades no dichas y secretos que existen en este núcleo familiar orbitan a su alrededor. Un núcleo familiar en el que, en palabras de Amalia, e igual que en esta novela, R parece más una parte que un miembro.

Pese a todo esto, la novela no es mala ni se está juzgando la personalidad de Amalia y del resto de la familia haciendo que la calidad de la novela depende del mayor o menor gusto por sus comportamientos; de hecho, la evolución psicológica de todos ellos es correcta, pero para el autor de esta reseña, ‘Un perro‘ decepciona en el sentido de que hay demasiada atención en el personaje de Amalia y poca en R, el que se supone que es el protagonista en su relación con Fer. Cierto que no es Max, el anterior perro de Fer, el gran danés de ‘Una madre‘. Pero está demasiado apartado de la narración.

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