Portada de Todo mortal

Reseña de la novela ‘Todo mortal’, de Ana Belén Rodríguez Patiño

A mediados del siglo XIX, un joven Gustavo Adolfo Bécquer queda impresionado, junto a la joven Julia Cabrera, al ver a un hombre dentro de un cementerio en Sevilla. ¿Quién es? ¿Qué busca? ¿Qué es lo que hace? Esa visión del hombre, con la cara tapada, es una mezcla de realidad y fantasía, de razón y desconocimiento. De imaginación, de miedo, de perturbación.

Todo mortal‘ (Playa de Ákaba, 2015) es una novela escrita por Ana Belén Rodríguez Patiño y cuya publicación responde al hecho de que fue la ganadora del Primer Premio Mujer al Viento, organizado por esta editorial y el ayuntamiento de Torrejón de Ardoz (Madrid). En ella, la autora nos hace viajar al pasado del siglo XIX en el que la razón y la magia, la ciencia y el oscurantismo, se baten en duelo.

Pero estos conceptos no siempre suponen una dicotomía, ya que personajes como el de Emilio Bravo, de regreso a Luanco (Asturias) desde Cuba son una demostración de que una persona puede viajar de un mundo al otro por diversos motivos y no siempre desechando uno en favor del otro. En ocasiones, hace falta viajar mucho movido por la razón para adentrarse en la oscuridad de la magia negra, de la nigromancia, de las ciencias oscuras.

Eso es lo que sucede en ‘Todo mortal‘, una novela que como otras reseñadas en este blog (un ejemplo es ‘El susurro de las ninfas‘), se plantea el poder del conocimiento, la capacidad de cambiar el mundo con la razón, la atracción que tienen obras mágicas como ‘Clavículas de Salomón‘. Una obra narrativa la de Ana Belén Rodríguez Patiño que muestra el amor por la literatura, en este caso por vía de personajes como el joven Gustavo Adolfo Bécquer y su madrina Manuela Monnehay, una mujer pionera, como otras muchas, en la defensa de la cultura de las mujeres.

Y es que ciudades como Sevilla destilan luz y cultura, además de sombras y creencias religiosas, en un país, en una sociedad, en un siglo, como es la España del XIX. Y la poesía, los libros, la magia y las ciencias oscuras forman parte de una sociedad como la sevillana de mediados del siglo XIX. Como el amor, otra gran fuerza que mueve a los seres humanos a hacer cosas fantásticas impensables, quizás, para los que no están enamorados.

Porque Emilio Bravo está enamorado de la joven Mirella Vorán, a pesar de la diferencia de edad. Y por ella es capaz de hacer cualquier cosa, aunque sea sumido en el misterio del secretismo. Como Manuela Monnehay quiere a Gustavo Adolfo Bécquer, lo cuida y lo quiere alejar del mundo de la poesía y la literatura, no quiere que sea escritor porque los jóvenes son demasiado impetuosos con la poesía y creen que pueden cambiar el mundo. Pero en el mundo hace falta dinero para sobrevivir antes de morir, y escribiendo versos, le dice Monnehay a Bécquer, no conseguirá ganarse la vida.

Una vida en la que los avances científicos, como el primer vuelo de un globo aerostático sobre los cielos sevillanos, algunos coleccionistas guardan en las vitrinas de sus casas macabros secretos. Como lo hace Emilio Bravo en su casa, donde muestra inclusos huesos humanos, en una especie de, para algunos, museo los horrores semejante al del último episodio de la cuarta temporada de la serie Black Mirror, titulado ‘Black Museum’.

Todo mortal‘ es una novela muy bien escrita, con saltos temporales hacia detrás y hacia delante entre 1853 y 1860, en la que su autora demuestra sus conocimientos de Historia, de ciencia, de literatura, enseñándonos a un joven Bécquer movido por su corazón más que por el poder de la razón y el progreso científicos, frente a un Emilio Bravo que no dudará en querer acercarse a los últimos descubrimientos o avances de la ciencia, y si hace falta, cruzar el abismo que hay entre la luz y la oscuridad de la magia negra.

Con personajes de todo tipo que se interrelacionan y se conectan, como diversos coleccionistas, la madre de la joven Mirella Vorán y hasta un grupo de escritoras españolas o británicas obligadas a firmar con pseudónimo en una época en la que las mujeres estaban rezagadas a un segundo plano. Pero algunas, como Manuela Monnehay, no quería hacerlo y no dejan de adentrarse en las aguas de la literatura y la cultura. Quizás por eso, quizás, no quiere que el joven Bécquer haga lo mismo y le dice, mejor, que se busque un buen trabajo con el que vivir.

Porque hay cosas que no cambian con el paso del tiempo, y las ganas de comerse el mundo pensando en que se es inmortal es una de las que la juventud siempre ha pecado y seguirá pecando. Como remover cielo y tierra para que el amor perdure frente a todas las adversidades de la vida. Como es soñar despiertos, en la Sevilla del siglo XIX o en la ciudad de Madrid a comienzos del siglo XXI.

Como el poder de un verso para pensar que todo es posible, como unas piernas ancianas ya derrotadas por la vida. Como saber que todo es mortal y nada eterno, pero que hay causas, aunque caigamos en la más profunda de las locuras, por las que es necesario luchar pese a que pueda ser inútil. Porque si el ser humano se queda postrado en la cama derrotado por su destino mortal que tarde o temprano llegará, y olvidamos el poder de la ciencia y del amor, de la razón y de la pasión, ¿qué nos queda?

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