Portada de El misterio de la cripta embrujada

Reseña de la novela ‘El misterio de la cripta embrujada’, de Eduardo Mendoza

En mitad de un partido de fútbol en el que es jugador de uno de los dos equipos además de árbitro, el protagonista de la novela, que en varias ocasiones a lo largo del relato se arrancará a contar su historia pero dejará su nombre en el aire, es interrumpido para ser llevado al despacho del director del manicomio donde está interno, el doctor Sugrañes, quien está acompañado del comisario Flores, viejo amigo del protagonista, y una monja.

El misterio de la cripta embrujada‘ (Seix Barral. Biblioteca de Bolsillo, 1978), del Premio Cervantes 2016, Eduardo Mendoza, comienza así, con el comisario Flores requiriendo los servicios del protagonista, un detective privado que con la promesa de recobrar la libertad deberá esclarecer los motivos de las desapariciones de varias jóvenes varios años atrás y en el presente narrativo, del colegio de las madres lazaristas de San Gervasio, en Barcelona.

El protagonista dará inicio a la narración de esta forma, bajo la primera persona, en una serie de acontecimientos que incluirán a su hermana Cándida, una pobre prostituta, a un sueco que resulta hablar perfectamente español y que resultará muerto muy pronto, siendo una especie de misterio paralelo al inicial y, a lo largo de la novela, con la compañía de Mercedes Negrer, la mejor amiga que en el colegio de las lazaristas tenía la primera de las desaparecidas, Isabel Peraplana, que poco después de desaparecer, regresó al colegio sin recordar qué había pasado.

Debido a estos acontecimientos, las dos chicas, que contaban con unos trece o catorce años a comienzos de la década de 1970, cuando estaban internadas en el colegio, fueron expulsadas. Y ahí radicará el enigma y el misterio que deberá resolver el protagonista, que en el año 1977 deja ver el machismo y el caspismo sexual de la época, en pleno «destape» o «desnudismo» y con una moral en la sociedad considerada con la perspectiva del presente como machista, en la que el hombre es superior a la mujer, como cuenta alguno de los protagonistas de la novela, por ley natural.

En este ambiente de inicios de la democracia, con las novedades políticas y sindicales propias de la época deslizadas con sutileza y con incluso alguna premonición de carácter militar, con diversas menciones a la radiotelevisión pública española como ocurrirá en el resto de la saga, ‘El misterio de la cripta embrujada‘ es un relato cronológico y exacto de los acontecimientos narrados por el protagonista, un hombre que ansía la libertad, el mayor de los dones, tal y como él mismo lo menciona, en una de las continuas alusiones cervantinas de la obra de Eduardo Mendoza, galardonado con el Premio Cervantes 2016.

En esta novela, el detective paródico, gracias a su ingenio, conseguirá salir indemne de redadas policiales que acuden a casa de su hermana por sorpresa porque allí hay un cadáver, dejando a la pobre Cándida, previa disculpa bajando corriendo las escaleras, a merced de la Policía. Y lo hará con el afán de recuperar la libertad probando que no está loco y que él solo puede resolver el caso, que tendrá misterio, parodia de la novela policíaca y negra, análisis político de la época, mentiras, muerte y una clave oculta que solo él ha visto.

Llevado por el método de obtener información preguntando a diversas fuentes, como por ejemplo los jardineros al cuidado del jardín del colegio de las madres lazaristas, el detective anónimo conseguirá dar en primer lugar la primera de las desaparecidas, que se va a casa y a la que ve en ropa interior mientras una modista le está probando ropa; y en segundo término con la mencionada Mercedes Negrer, pieza clave en esta novela para dar con la cripta embrujada.

Una cripta que es el centro neurálgico de la novela, que esconde una trama, inacabada por otra parte porque como bien dice el propio protagonista, quedan algunos flecos por resolver, en la que está metido un hombre adinerado de la ciudad condal, el señor Peraplana, y un dentista misterioso. Clave también, como si fuera el último eslabón de la cadena investigadora del detective, que se derrite por una Pepsi-Cola siempre que puede beber este manjar líquido para su paladar, porque es el padre de otra niña desaparecida en este colegio de las madres lazaristas.

La gota que colmó el vaso y que hizo que el comisario Flores acudiera en la ayuda, con muy malos modos en su trato personal con el interno del manicomio, del protagonista. Quién destejará la madeja y los hilos que, unidos los unos a los otros, dará forma a un ovillo perfecto en el que los secretos son desvelados no por el lector, que sabe más que los propios protagonistas, sino por el saber hacer del detective anónimo, exconfidente de la policía en los últimos años del franquismo.

Porque si bien en otras novelas el narrador es omnisciente, provocando que el lector pueda encajar las piezas del puzzle a medida que avanza la trama, en esta obra, de forma inherente al recurso de la primera persona, solo el protagonista tiene el conocimiento absoluto de lo que le pasa por su cabeza. Y se encarga bien de no darle al lector toda la información.

El misterio de la cripta embrujada‘ es una novela pintoresca, muy bien tejida, con una trama sensacional y mejor, para quien escribe estas líneas, que su continuación, ‘El laberinto de las aceitunas‘ (1982), con la que Eduardo Mendoza da inicio a la saga que tendrá a este hombre envejeciendo y soñando con la libertad, que en ocasiones, cuando la tiene, se dedica a ponerla en peligro de muerte con el fin de resolver un caso tras otro, tal y como se ha venido reseñando en este blog de manera inversa al orden cronológico de la publicación de las novelas (a excepción de ‘Sin noticias de Gurb‘, el resto de obras reseñadas de Eduardo Mendoza pertenecen a esta saga).

Un detective visto como un loco por aquellos que deben darle la libertad, la mayoría de las veces como un indigente caminando por las calles de Barcelona, unas calles, por cierto, en las que poco o nada de catalán se escucha o se habla en estas novelas de Eduardo Mendoza. Un loco que quiere resolver crímenes, posicionándose del lado de los buenos, llevándose más de un palo, para llegar al final del camino. Un extraño Quijote moderno. Otro Quijote moderno más. El Quijote tan sui generis creado por Eduardo Mendoza hace ahora cuarenta años.

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