Portada de El asombroso viaje de Pomponio Flato

Reseña de la novela ‘El asombroso viaje de Pomponio Flato’, de Eduardo Mendoza

Pomponio Flato es un patricio romano que decide viajar en busca de unas aguas milagrosas, pero durante todo el camino no deja de tener diarreas y enfermar debido al agua que va bebiendo. Su viaje con estos cómicos inconvenientes estomacales le llevará, en el siglo I de nuestra Era, a la ciudad de Nazaret, donde tendrá que investigar la muerte del rico Epulón.

El asombroso viaje de Pomponio Flato‘ (Seix Barral. Biblioteca Breve, 2008) es la incursión del escritor barcelonés Eduardo Mendoza, Premio Cervantes 2016, en el mundo de la denominada novela histórica, alejándose de esta forma en la idiosincrasia de sus novelas: su ambientación en la ciudad condal. Sin embargo, no deja atrás el humor, la parodia, la sátira ni los hombres débiles de cuerpo pero fuertes de voluntad que deben investigar crímenes o misterios.

Porque quien haya leído la saga del detective anónimo, que entra y sale del manicomio dirigido por el doctor Sugrañes, no podrá dejar de recordar a este personaje mientras lee las páginas de esta novela, en la que el lector también recordará, de haberla leído, la novela ‘El Evangelio según Jesucristo‘ de José Saramago. Con Cristo mostrado más como humano que como un Dios, con planes de futuro como los que se le puede pasar por la cabeza a un crío más que como al Mesías cuyo advenimiento todos desean.

Esto es así por la presencia del pequeño Cristo, que en ‘El asombroso viaje de Pomponio Flato‘ es un niño que querrá que el patricio romano investigue el crimen por el que su padre, el carpintero José, ha sido condenado a muerte. Y su suerte estará ligada de una forma muy poco católica a la prostitución. Porque el sexo se muestra en esta novela bien de forma insinuante, bien de forma soez, provocadora y sodomita.

De esta forma, por vía del humor y con el pequeño Jesús comportándose como un crío travieso y juguetón en unos ratos, como un chico despierto y muy maduro para su edad en otras, Eduardo Mendoza juega con el lector con esta novela paródica sobre todo de la novela negra o detectivesca, haciendo una gran y divertida mezcla de los géneros histórico y negro. Pero esta novela no es solo eso, también un tremendo homenaje a las relaciones mitológicas que unen a dioses y mortales, y a la tradición oral de Homero en obras como ‘La Ilíada‘ o ‘La Odisea‘.

Pomponio Flato, que conocerá en persona a la virgen María y a José en su casa -la vida tiene muchas ironías e injusticias porque la vida no es justa, como le alecciona al pequeño Jesús, y el pobre José tendrá que fabricar la misma cruz en la que le van a crucificar-, o también a un joven Juan Bautista. Se encontrará con personajes que serán incluso inspiración futura para el Jesús profeta. Un niño que mencionará, a su manera, la famosa canción ‘Salud, dinero y amor’.

Durante su investigación, Pomponio Flato estará casi siempre acompañado del niño Jesús y le llevará por prácticamente todos los rincones de Nazaret, desde los baños públicos hasta la casa donde se prostituye Zara la samaritana, donde el niño jugará distraído con la pequeña Lalita, hija de Zara. Una investigación en la que Pomponio Flato pasará hambre, como la pasa el detective anónimo de la saga de Eduardo Mendoza, vestido con pocas ropas igualmente, aunque con la diferencia de que esta novela, el protagonista no lucha por su libertad, sino que tendrá que hacerlo por la de otro.

Y lo hará, aunque a regañadientes porque se lo encuentro sin comerlo ni beberlo, con momentos de gran lucidez y siguiendo el rastro de la verdad buscando las respuestas con interrogatorios. Una verdad, o al menos lo que parece ser la verdad, que primero conocerá él y después el lector, pues al igual que la saga detectivesca, ‘El asombroso viaje de Pomponio Flato‘ está narrada en primer persona, ya que el protagonista le está narrando el curso de los acontecimientos de su viaje al receptor, Fabio, por medio de una carta.

Esta es una novela paródica y satírica que recordará a la política actual con personajes como Anano, el sacerdote del pueblo, y Apio Pulcro, un tribuno romano que es enviado a Nazaret y que compartirá viaje con Pomponio Flato hasta esta ciudad de Galilea, gobernada por Herodes, que no podrá mantener la calma y el orden, necesitando la ayuda del Imperio Romano para ello.

Una novela ágil, de fácil lectura, con una trama ingeniosa y muy divertida en el trasfondo, no porque haya chistes como tales, con sus dobles sentidos y uniones con la tradición cristiano católica que son vox populi y que el lector imaginará mientras la lee. Una novela en la que los paralelismos son claros a varios niveles: como se ha dicho, entre los personajes de Pomponio Flato y el detective anónimo, además de paralelismos de carácter histórico entre el patricio y Jesús, maestro y discípulo como lo fueron Aristóteles y Alejandro Magno.

Porque Pomponio Flato no es un hombre andrajoso que no tiene donde caerse muerto, a pesar de sus cómicas penurias gastrointestinales, sino que proviene de una buena familia y es filósofo. O, al menos, eso es lo que siempre dice. Un hombre sabio que impartirá importantísimas lecciones de vida a un niño -a su vez, las recibirá precisamente de aquellos de cuya existencia no cree- que aún no sabe el futuro que le deparará eximiendo a la Humanidad de sus pecados.

Que no sabrá que como hijo del carpintero tendrá que resucitar a aquellos que muchos años atrás, en la época en la que se ambienta esta novela, le dicen frases que se quedarán impregnadas en su cerebro. Un niño que se meterá en líos de niños, que se moverá impulsado por la curiosidad y para intentar salvar la vida de su padre ayudando a quien llama ‘raboni‘, el nombre que se le daba a los maestros de Israel. Un niño muy humano y muy poco mesiático.

El asombroso viaje de Pomponio Flato‘ no es una novela, a priori, a la que Eduardo Mendoza tiene acostumbrados a sus lectores. Pero esa es una idea que únicamente tendrá en su cabeza quien no lea sus libros. Los que lo hagan descubrirán los paralelismos aquí mencionados, las intrigas del poder, la parodia de la novela negra, la sátira social y económica.

Porque Pomponio Flato se comporta como un verdadero maestro, como un verdadero detective privado en un mundo de intereses económicos y políticos que bien pareciera que se encuentra en su camino con un concejal de urbanismo; contratado por un niño, que intentará salvar la vida de un padre que realmente no es su padre, algo que en más de una ocasión le echan en cara a José.

No importa que sea en la Barcelona de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI o en la Nazaret del siglo I. En esta novela leemos a Eduardo Mendoza en estado puro, con una novela menos ligera que otras de su obra, con más poso intelectual, con más reflexiones vitales de amplio calado.

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