Portada de la novela Las heridas del corazón

Reseña de la novela ‘Las heridas del corazón’, de Fernando Pérez Rodríguez

Ana y Andrés son dos viejos amigos del colegio que están en la veintena y que hace años que no se ven. Cuando lo hacen tiempo después, quedan y surge el amor, la pasión y el sexo entre ellos. Comienzan así una relación en las que se las prometen muy felices y todo pasa en un inicio muy rápido. Pero pronto el lector, y los propios personajes, se darán cuenta de que no es así, de que la felicidad no es eterna porque la llama surja al principio. La llama, a veces, acaba quemando.

Las heridas del corazón‘ (Grupo Tierra Trivium, 2017), de Fernando Pérez Rodríguez, es una historia moderna, de hoy en día, de actualidad, para desgracia de toda la sociedad. Es una de tantas historias de pareja en las que el amor va dejando paso a paso a la violencia, a los malos tratos, a los gritos, a los golpes.

Con el paso del tiempo, el amor y la pasión que sienten al inicio de la relación los protagonistas, deja paso a los silencios y a las ausencias, de las dolorosas, de las que no se olvidan. Ausencias de las que incluso los dos personajes son culpables, precisamente, por la falta de comunicación.

Los problemas se van acrecentando y el hogar se convierte en todo lo contrario. Los gritos del placer se sustituyen por los gritos de dolor. En la cotidianidad, donde su sucede la violencia de género, la violencia de los hombres contra las mujeres, la violencia de las mujeres contra los hombres. No en la misma proporción. Pero la violencia en lo más profundo y desconocido de la sociedad, cada uno de los hogares construidos dentro de cada una de las viviendas, está latente.

En esta novela, ‘Las heridas del corazón‘, el lector ve la progresión de lo que empieza siendo felicidad y acaba siendo tragedia. Las buenas miradas, los susurros y los besos van desapareciendo hasta acabar en su antítesis. Y la situación no mejorará ni siquiera cuando Ana y Andrés tengan hijos.

El lenguaje de esta novela es sencillo y directo, no peca de artificios ni de pedantería. Es claro y rotundo. No se anda por las ramas. Como sucede con la propia violencia: no aparece de forma metafórica, es real, está ahí, en el suelo de la cocina, en el sofá del comedor, en la cama donde ella duerme con sus pequeños mellizos mientras él está bebiendo fuera de casa.

Esta obra, sin embargo, y creo que con acierto, no peca de maniqueísmos, de una división total y absoluta entre buenos y malos, entre hombres y mujeres diferenciados por un abismo que siempre les convierte, sin posibilidad de que no sea así, a ellos en maltratadores y a ellas en víctimas. La realidad es heterogénea y diversa y cada hogar es un mundo diferente. Porque una novela, ante todo, es una ficción, no es un tratado sociológico, no es un ensayo, no es un artículo de opinión.

La novela es una ficción y como tal cuenta una historia. Mejor o peor. Incluso basada en hechos reales. Pero ficción a fin de cuentas. Y ‘Las heridas del corazón‘, aunque tenga un lenguaje, un ambiente, unos escenarios, cotidianos, los de cualquier hogar de España, es eso, una ficción muy bien escrita, clara, sin aspavientos. Una novela corta, de 148 páginas, pero con mucho contenido, con muchas reflexiones que saldrán de sus palabras y seguramente quedarán en la mente de los lectores.

Y eso es, a fin de cuentas, lo que hace que una novela sea buena o mala. No el simple hecho de estar bien escrita y de contar una buena historia. No el simple hecho de que el escritor sea bueno y famoso, que haya vendido previamente cientos, miles o millones de ejemplares de sus obras. Una buena novela es la que queda en la memoria del lector. La que toca una tecla en su interior, la que le hace pensar y no solo le entretiene.

Las heridas del corazón‘ es una de esas novelas que valen para abrir debates sociales en un mundo en el que no todo es blanco ni negro. Los grises son siempre mayoritarios.

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