Reseña de la novela 'La ira del Fénix', de Rafa Melero

Reseña de la novela ‘La ira del Fénix’, de Rafa Melero

Un niño se queda boquiabierto al encontrar en su pueblo un cadáver calcinado. El cadáver de una mujer aparece sobre una mesa en un despacho, el A, de un edifico abandonado del puerto de Barcelona: es el de la psicóloga Mónica Capmàs, que había sido secuestrada en el garaje de su casa cuando llegaba en su coche. El cuerpo está colocado en una aparente forma de cruz. Agentes de Homicidios de la comisaría barcelonesa de Les Corts de los Mossos d’Esquadra, con el sargento Xavi Masip al frente, investigan el caso y encuentran, gracias a la mente de Masip, la primera pista: la palabra ‘APTO’.

Pero al inicio de la novela ‘La ira del Fénix’ (Playa de Ákaba, 2014), de Rafa Melero Rojo, el propio sargento Masip viaja en coche por la ciudad de Barcelona, pasando controles policiales intentando no levantar sospechas, hasta llegar a una granja donde oculta un cadáver que llevaba todo el tiempo en el maletero: un hombre de la ley, un prestigioso investigador de los Mossos, respetado y odiado por su capacidad de resolver casos, está cometiendo el delito de hacer desaparecer un cadáver.

La ira del Fénix’ es una novela negra ambientada en la ciudad condal en la que el grupo de Homicidios liderado por el sargento Masip, junto al caporal Carles García, deberá resolver un caso en el que el hallazgo del cadáver de la psicóloga será el primero de los macabros pasos a seguir. Pronto, muy poco después, un nuevo muerto aparecerá en escena: el de un abogado de prestigio, José Escofet, asesinado en su casa y cuyo cadáver aparece colgado del techo en la posición de la famosa estatua de la Justicia, ojos vendados incluidos.

Masip y García, ayudados por los agentes de su grupo de Homicidios (Luis López, Carol Ferrer, Eduard Tena y la joven Marta Pujades), a excepción del desaparecido Joan Carles Sants (amigo íntimo de Luis López), encontrarán pronto la línea de investigación más cercana a lo que esperan que sea la verdad: el asesino tiene que ver con la Escuela de Policía, donde averiguan que Mónica Capmàs, que trabaja en una consultoría privada, había sido psicóloga y daba el visto bueno o denegaba ascensos en los Mossos d’Esquadra, calificando de aptos o no aptos a los candidatos cuyos informes pasaban por sus manos.

‘APTO’ era la palabra que consiguió construir el sargento Xavi Masip con las pruebas encontradas en el despacho donde hallaron el cadáver de Mónica Capmàs, por lo que considera que quien ha cometido el crimen lo ha hecho por venganza, seguramente un agente de policía a quien la psicólogo consideró ‘No apto’. La venganza estaba servida. ¿Pero qué relación tiene el cuerpo del abogado hallado muerto en su casa, donde el asesino ha dejado un mechón de pelo rubio de Mónica Capmàs?

Este será uno de los muchos interrogantes de la muy buena trama de la novela ‘La ira del Fénix’, en la que un hombre misterioso, encerrado en su casa, va planeando sus crímenes para que el sargento Masip siga las pistas, poniendo en un corcho en su despacho de la comisaría de Les Corts, y otro en su propio domicilio, todas las fotos y notas sobre el caso. Un caso en el que contará con el apoyo absoluto de todos los agentes de su grupo, pero no precisamente con las simpatías del otro sargento de Homicidios, Sergio Brou, que considera que este caso de asesino en serie debería ser suyo.

Rafa Melero, como mosso d’Esquadra que ha desarrollado su carrera en esta policía judicial investigando crímenes como homicidios, no deja detalle sin cuidar de cómo es la investigación policial de un cuerpo como los Mossos que, como la Guardia Civil o la Policía Nacional, no pueden ir por libre como sucede en Estados Unidos: ‘La ira del Fénix’ es un buen reflejo de la dependencia que tienen los policías de las órdenes judiciales que les permitan entrar en una casa, obtener pruebas y llevar, paso a paso, una investigación.

Con la dificultad añadida de la prensa, de los medios de comunicación, que como suele pasar en las novelas negras, está formada por periodistas no muy amigos del secretismo y la discreción que se requiere para coger al malo de la película. En este caso, al malo del libro, que leyendo los periódicos podrá enterarse de cómo avanza la investigación.

Un proceso en el que Xavi Masip no tendrá la mente clara como sí le ha ocurrido en casos anteriores. Entre otros motivos, ya no por las copas de vino que se toma por la noche en su casa como “celebración” de una nueva apertura de un caso, sino porque siente que algo raro y extraño sucede en esos asesinatos. La vida policial y la amistad chocan muchas veces, y en ‘La ira del fénix’ lo hacen debido a la desaparición del agente Joan Carles Sants.

La narración de la novela es muy meticulosa, el estilo es ágil, permite al lector seguir fácilmente la lectura e ir descubriendo poco a poco la psicología de los personajes, sus relaciones interpersonales, su manera de trabajar, sus intrigas, sus misterios, sus gestos y silencios que delatan preocupaciones. Todo ello en un ambiente cada vez peor, cada vez más a contrarreloj, con el tiempo corriendo en su contra.

‘La ira del Fénix’ es una novela en la que, como en otras obras del género policíaco o negro, los protagonistas descubren que se enfrentan a lo que se suele llamar la encarnación del mal. No es nada extraño ver en una novela de este tipo párrafos dedicados a la presencia del diablo o del demonio en la sociedad, la personificación del mal contra la que tienen que luchar los hombres de la ley, policías que en su día a día se enfrentan al lado más oscuro del ser humano, ese que está ahí y que habitualmente no se percibe.

Porque el diablo o el mal, o su encarnación, o su personificación, como se quiera decir, no mide tres metros, no es rojo, no tiene un tridente ni un rabo largo que tiene vida propia ni cuernos en la cabeza. Tiene el aspecto de cualquier hijo de vecino. El mayor de los psicópatas puede ser el vecino de dos calles más allá de donde vivimos. Y cuando nos lo digan, no nos lo podremos creer. Pero en las novelas negras, así como en la realidad (que siempre se dice que supera a la ficción y así es), comprobamos día sí y día también, que es así.

Un elemento a tener en cuenta de ‘La ira del Fénix’, ese ser mitológico que resucita de sus cenizas después de muerto, regenerado y más vivo que antes, es que el asesino no intentará mantenerse oculto para seguir cometiendo sus crímenes oculto. De una forma u otra, será como Pulgarcito, irá dejando migas de pan en el suelo para que el sargento Masip y su grupo de agentes consigan resolver el caso. Y he ahí un elemento más interesante de esta novela, más allá de su muy buena estructura, trama, descripción de la ciudad de Barcelona, del trabajo policial de los Mossos d’Esquadra y de los sentimientos humanos:

El delincuente que se oculta para matar, pero quiere tener la sartén por el mango y dar las pistas necesarias para que la policía sepa lo que está haciendo. Eso sí, solo lo hace dejando pistas confiando en el que el investigador de los Mossos Xavi Masip, y solo él, ningún otro, consiga resolverlas. La luz de golpe ciega y deja a todos desconcertados, pero si se levanta la persiana poco a poco, muestra el mundo tal y como es.

O como nosotros queremos que sea, porque en ‘La ira del Fénix’ encontramos la necesidad que tenemos los humanos de creer que esto o lo otro es posible o imposible. Y la realidad puede estar acorde con nuestros pensamientos, con nuestros pálpitos, con nuestros deseos. O no. Y esos caminos inescrutables de la vida están incluidos los sargentos de los Mossos d’Esquedra Xavi Masip y Sergio Brou.

Sin embargo, sus mentalidades son distintas y los dos se comportarán de manera diferente. Uno de ellos hará todo lo posible, traspasando las fronteras de la legalidad y la ilegalidad si es necesario, para probar quién es el verdadero asesino, incapaz de creer que sea quien todo parece indicar que es. Y contará con el apoyo de sus agentes.

Mientras tanto, al otro le dará igual y se percibe que incluso desea que sí lo sea, con tal de ver hundirse a quien cree que no es tan buen investigador como todos piensan, sino que la suerte está de su lado. Y a este otro, a Brou, ni siquiera le acompañarán todos los agentes de su grupo, no tan unidos como los de Masip, que hacen una piña en la que se mezclan, según las perspectivas, la admiración, el respeto y el amor.

La ira del Fénix’, en definitiva, es una novela policíaca o negra muy a tener en cuenta en el panorama de novelas ambientadas en la ciudad condal con el cuerpo de la policía judicial de los Mossos d’Esquadra como protagonistas. Una novela en la que, como sucede cuando tenemos entre las manos una obra de este calibre, todas las piezas acaban encajando en el puzle.

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