Portada de la novela Buena suerte

Reseña de la novela ‘Buena suerte’, de Manuel Benet Navarro

Una mujer, la señora Díaz, ha sido atropellada y yace muerta en el suelo. La policía llegar al lugar de los hechos. El conductor se ha dado a la fuga. El joven agente Marcus se siente mareado y acaba vomitando en el coche policial, debido a la visión de la señora atropellada. Muerta. Asesinada. Demasiados recuerdos regresan a su mente de golpe, no lo puede soportar.

Buena suerte‘ (Playa de Ákaba, 2017) da comienzo de esta manera, con una escena que puede parecer más o menos llevadera, aunque nunca agradable, para unos agentes de Policía, pero que destapará la caja de los truenos para Marcus, haciéndole perder el control de su vida, subiendo y bajando en una noria que descabalga sobre unos raíles en muy malas condiciones.

Esta es una novela en la que la parte psicológica es tan importante o más incluso que la propia acción. Una suerte de thriller psicológico en el que lo que ocurre dentro de las mentes de sus protagonistas, sobre todo de la de Marcus, hará que el lector navegue continuamente entre dos aguas llevado magistralmente por el capitán del barco: de lo introspectivo al mundo exterior.

La mente perturbada y la verdadera identidad de Marcus se irán mostrando página a página a partir del primer capítulo, pero permanecerá oculto a Valeria, su mujer, y a Miguel, su compañero en la Policía. Una novela de muy pocas luces, de muy poca fe por la Humanidad que aparece retratada en ella. Y con muchas sombras, perfectamente dibujadas, y que solo el lector, penetrando en la mente de Marcus, conocerá.

La acción transcurre en la ciudad de Sanjuan, no importa en qué lugar de España o si es inventada. Y el cuadrilátero inicial (cuatro personajes principales: todos los mencionados más Álex, sobrino de Miguel que se va a vivir con él dejando atrás la penosa vida con sus padres) se extenderá a un hexágono con la llegada de Anna, una mujer gorda metida en negocios demasiado turbios para ella y para quien tenga la mala suerte de caer en sus garras, y Sofía, una niña que no puede hablar tras ser víctima de un crimen.

Y el cuadrilátero inicial no es en realidad un cuadrado. Si no que, no solo por el número de personajes protagonistas al inicio de ‘Buena suerte‘, sino por el devenir de la narración, en realidad permanecerá en toda la novela. Y no de forma latente, sino bien clara. Dura. Desgarrada. Porque el mundo interno y externo de Marcus pelearán continuamente en un ring. Y el silencio de su interior, de su culpa, ganará el combate día a día, sean cuales sean las consecuencias. Y el lector tendrá el privilegio de saberlo todo de él. Será el único que lo sepa, aparte del propio Marcus.

Él no sabrá evitarlas. O no querrá. Pero en la vida suceden acontecimientos que no podemos controlar. O sí. El debate del libre albedrío o el destino ya escrito de cada una de nuestras vidas es inacabable, en cada novela nos podemos encontrar con una explicación tan buena como la contraria. Eso es lo maravilloso de la vida, de la literatura y de esta novela: todo te hace replantearte todo y te deja un rato pensando, recapacitando.

Marcus no tiene el control de su vida realmente, lo tiene su cerebro, su mente, su culpa, sus recuerdos. Y contra lo que está en nuestro propio cerebro y nuestro propio corazón no podemos luchar. Los dos músculos más importantes de nuestras vidas son independientes a nuestros deseos, a nuestra razón, a nuestros planeas e intenciones. Hagamos lo que hagamos, sin incontrolables. Eso da miedo. Y al mismo tiempo, es maravilloso.

Así es la vida de Marcus: aterradora y maravillosa para el lector. Sus luchas internas le llevan por el camino equivocado del alcohol, las drogas y la autodestrucción. Con pequeñas ventanas que parecen de salvación, pero no se sabe si realmente lo son. Nada importará. Ninguno de los demás protagonistas conseguirá cambiar su vida. Marcus es el verdadero protagonista de la novela, todos los demás, diciéndole la verdad o mintiéndole, enseñándole la luz o poniéndole aún más sobras en su camino, girarán en torno a él antes o después.

Buena suerte‘ nos muestra cómo los problemas son como las manchas en el techo que no se reparan: por mucho que se pinten, el origen del problema y, por lo tanto, este, siguen ahí. Y una mala primera reparación provocará que el problema persista y reaparezca aún más grande. Las mezclas de pastilla y alcohol, días sin salir de casa, esconderse de la vida y querer aproximarse a la muerte, la sangre, la violencia… no hacen más que empeorarlo.

Esta es una novela, en resumen, trepidante. Lo es su trama. Lo es la manera en que está escrita, con una prosa perfecta. Lo es la mente de Marcus. Lo son sus acciones, sus peleas de bar, las miradas cruzadas a punta de pistola. ‘Buena suerte‘, una novela que cualquier lector que quiera llamarse así, tiene que leer. Sí o sí.

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